Ballena y humano, fundirse en uno (Realismo mágico)

Francisco Javier Lino Briones

He llamado a esta parte de mis escritos “realismo mágico”, considerando la luz en el camino y aportación de nuestro ilustre amigo y maestro, el Doctor Marco Raúl Mejía, oriundo de Colombia y magistral exponente en nuestro doctorado en Pedagogía Crítica y Educación Popular.1

Enfatiza que los lugares en donde vivimos tienen bellezas naturales que muchas veces no son conocidas ni siquiera por los lugareños, como es el caso de nuestro destino turístico, la tierra que nos ha adoptado, que cuenta con un sinnúmero de espacios tanto en playa como en montaña, que encierra un tesoro en historia -pinturas rupestres, petroglifos, Misiones-; pero también ofrece a nuestra vista marco multicolor muy animado, como lo es el acuario más grande del mundo, tal y como lo menciona Jaques Costeau, por los peces y la biodiversidad de los mares aledaños de nuestra Baja California Sur. ¿Y qué decir de nuestro desierto y montaña? En la que podemos apreciar flora o la fauna que aún es tan cándida e inocente que se te acerca sin temor de ser atacada.

Alguna vez trotando por una vereda, una pequeña zorra se me acercó al costado y corrió conmigo por un buen rato y así como se me emparejó, se fue. También digno es de recordar la vez que en las aguas de la playa “Las Viudas” apunté con un arpón a un pargo de muy buen tamaño, recuerdo que la punta de mi arma la puse entre sus ojos, pero me percaté que estaba conviviendo conmigo y decidí no jalar el gatillo, ambos viramos en dirección opuesta “que se hubiera defendido un poquito siquiera”, dije a mis amigos que me reclamaban no haber disparado, pues había dejado ir el ceviche. Así de inocente es la vida silvestre por acá.2

Marco Raúl Mejía hace hincapié también en la tarea que tenemos no solo de conocer y disfrutar estos lugares mágicos que nos brinda la naturaleza, es también una tarea del educador popular enunciar y describir el espacio donde nos ha tocado vivir.

Y de repente me encontré en ese espacio marítimo, en medio de las islas Margarita y Magdalena en donde Daniel, el capitán nos decía:

-Ballena a las doce… ¡a las once! También a las tres, y a las cinco… ¡por todos lados!… ¡servidos señores!

-¡Mira!- gritó Claudia.

-¡Otra!- Interrumpió Jairo, nuestro visitante de Colombia.

Ellos gritando, yo estudiando la emoción en el rostro de ellos ¿y cómo no emocionarse? si mirábamos esos impresionantes mamíferos que dejaban ver sus enormes cuerpos desplazándose a todas partes y a ninguna. Los veíamos dirigiéndose hacia el norte, sur, oriente y poniente, todas en ese estrecho en el que atinadamente nos llevó Daniel, nuestro guía, hijo de mis amigos Daniel Infante y su esposa doña María Cázares oriundos de San Carlos, B.C.S.3

Sucede que luego de salir antes que el sol con rumbo al paso entre las islas mencionadas, pasamos por esas aguas quietas en las que se nos atravesó la pequeña isla de “Los Patos” en donde vimos aves de diferentes especies, pero ningún pato. Así fue. Vimos cormoranes, pelícanos, gaviotas, tildillos y sarapicos ¡por miles! Pero ningún pato ¿? Eso sí. Qué gran espectáculo se abrió a nuestros ojos y ese intenso y especial sonido que hacen las aves acumuladas en un espacio pequeño de tierra, acumuladas tan estrechamente que era difícil su desplazamiento de un lado a otro.

Luego seguir más allá, exactamente en el estrecho, en medio de las dos islas, Margarita y Magdalena, en donde ya se nos habían adelantado dos embarcaciones. Nuestro Capitán Daniel aminoró la velocidad de la embarcación, gesto que nos hizo saber que estábamos en la zona para ver las ballenas y así fue. De repente ¡Pfuf! Aquí, ¡Pfuf! Allá. Lomos y colas a la vista, y hasta allá un ballenato dando un gran salto, desplazando el agua por doquier.4

Aunque ya he visto ballenas en la zona de Cabo San Lucas, nunca imaginé la cantidad que veríamos ese día, y sobre todo ese detalle que nos regaló un cetáceo al que llamaré “amigo”, no encuentro un nombre más apropiado, pues si bien es cierto que nuestra embarcación fue a él, este enorme animal, en cuanto sintió nuestra presencia dejó lo que estaba haciendo para darnos la atención que tanta falta nos hacía, pasando por debajo de nosotros y sacando su aleta como si fuera un saludo, inmensa. Luego, de entre esas aguas cristalinas vimos emerger su cabeza y ahí se mantuvo, lo que nos permitió tocar su piel, ¡intensa!

En algún momento vi algo: Claudia y nuestro acompañante, Jairo, estaban embelesados con “amigo”. Claudia lo trataba como un bebé, así le llamaba y “amigo” respondía con una maniobra (si así se le puede llamar), ya fuera pasando de lado a lado de nosotros, girando lentamente su cuerpo, sacando la cabeza o el ¡pfuf! La fuente del agua que emergía de su lomo y que nos mojaba, pero era un detalle sin importancia ¿y esos ojos con los que nos miraba?

Eso fue lo que vi: aparentemente Jairo y Claudia estaban agradecidos con el actuar de la enorme ballena, pero desde ese lugar donde estaba sentado sentí que era al revés. Era “amigo” quien agradecía el gesto de recibir caricias, chiflidos, chiqueos…5

Pero, así como no hay mal que dure cien años, no hay momento grato que se extienda por siempre. Daniel, capitán de la embarcación “Daniela” tomó rumbo a la “Magdalena”. Vimos los vestigios del paso de la minería, También el poblado “Puerto Magdalena”, en donde miramos gratamente la iglesia construida a nivel del mar. Y después, ese recorrido por el estero de Magdalena como nos dijo el Capitán que se llamaba ¡Qué lugar tan hermoso! y calmo.

En el regreso al Puerto San Carlos, mientras cinco pelícanos volando en estupenda formación nos escoltaban al ras del agua reflexiono:

¿Cómo es que en mi niñez cuando oía hablar de ballenas, solamente me nacía el deseo de matarlas porque a esas “enormes bestias” solo las cazaban fuertes y osados hombres? Y por otra parte, ¿cómo hacer para que los jóvenes vivan experiencias como las que hoy disfrutamos… y los niños?

Manos a la obra.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s