Trazos y Retazos

César de Jesús Ortega Salgado

WALDO

Hacía 60 años, aquel adolescente casi hombre a fuerza del trabajo rudo, con más hambre de construir sus sueños, que de llevarse un pan a la boca y conocido como “Waldo”, se había despertado antes que nadie aquel helado día de noviembre, por cierto, su cumpleaños en medio de sus hermanos, en un cuartucho en el que se hacinaba toda la familia, en un rancho de su natal Yécora, Sonora, donde por un mísero salario laboraba su padre.

Mexico Migrants Caravan

Dispuesto a acabar con su paupérrima vida, padecida durante 16 años de su corta existencia, nunca había estrenado un par de zapatos, pantalón o camisa, pues siempre le tocaba usar lo que iban dejando sus dos hermanos mayores, que para colmo compartía con su hermano menor, con el que se llevaba escasos 11 meses, para completar una familia de once contando a mamá, papá y hermanas; así es que ni hablar de su alimentación.

Por ello, Waldo y su desvencijada guitarra herencia de su abuelo, que le enseñó los primeros acordes al compás de “Chulas fronteras” del ícono de la música norteña y estereotipo del mexicano norteño-fronterizo, Eulalio González “El Piporro”, alegremente entonaba “Andándome yo paseando por las fronteras del norte, Ay que cosa más hermosa. De Tijuana a Ciudad Juárez, de Ciudad Juárez a Laredo, de Laredo a Matamoros, Sin olvidar a Reynosa…” que tal vez como inspiración, partió a Tijuana sin despedirse.

La migración en la mayoría de los casos se hace, no precisamente por gusto o como vagancia lúdica, ni se va recorriendo el mundo para encontrar con novedosas y exóticas formas de vida; quienes emigran aspiran a encontrar mejores oportunidades laborales, educativas, salariales, porque en sus países no existen, o al menos no para todos y conlleva inevitablemente turbulencias familiares, emocionales, afectivas, desconfianza, crisis de identidad.

Hoy Waldo con 76 años carga una pesada historia de recuerdos amargos y sonrisas imborrables, donde por divorcio y viudez, solo le quedan aisladas visitas de hijos y nietos, en el que el amor y afecto se diluye al ritmo acelerado del avance de las tecnologías, en donde las manos se nos funden cada día más a los dispositivos móviles, que como capturas de pantalla absorben ojos y mente, que busca compensar con sus parientes que le quedan del otro lado de la frontera.

Siempre recuerda que sus sueños de convertirse en un exitoso cantante, se rompieron al tropezar en una desesperada carrera al escapar de “La Migra” y caer aparatosamente sobre su guitarra, de la cual rescató solo una cuerda, que atesora en sus cartera hasta la fecha como amuleto de buena suerte, pero sobre todo de recordatorio de su origen y única herencia, que lo liga a esa tierra que solo regresó 26 años después de haberse ido y cuando en ese año dejó de ser ilegal, que le permitió asistir al sepelio de su madre de 76 años y posterior 6 años al fallecimiento de su padre, cuando no pudo acompañarlo a su última morada, pero ambos velados en la casa que se construyó con dólares que puntualmente empezó a enviar, 6 meses después de su partida.

Ahora Waldo giró su vista a México, para pasar la ultima parte de su vida donde le rendirá mejor su pensión y está llegando a la frontera entre San Ysidro CA y Tijuana BC, en donde del otro lado encuentra una masa humana amorfa y sin identidad, principalmente de centroamericanos de acuerdo con lo que se ha enterado, poco antes de decidir en una solitaria vivienda del Condado de Wahkiakum del estado de Washington, el regresar a su patria.

Hoy con mas dudas durante el recorrido, piensa en los resultados de las elecciones intermedias estadounidenses, en donde quedó un Congreso dividido, tanto como un país que se reagrupa en dos segmentos extremos, en blanco y negro, en el si y el no, en donde cada día es más complicado caminar en un solo sentido, pero que tiene un sistema que mantiene un equilibrio de poderes, tanto que no ha permitido a un presidente como Trump, debilitar la economía que es un factor mundial a considerar.

No solo eso, Waldo ha dejado atrás su vida misma, que ahora en el regreso en contracorriente al lugar en donde nació, se le ofrece incertidumbre en su destino; como los salmones que envasó como actividad laboral por mucho tiempo.

Los años han pasado con penas y glorias; los salmones cambian y Waldo se transformó. Donde vieron la primera luz e iniciaron el camino de la vida, ya no es lo que era, pero el regreso existe porque la vida es un trayecto de ida y vuelta, de una manera u otra.

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