Se cumplirán 60 años de la inexplicable desaparición del barco San Miguel

Por Gilberto Ortega Avilés

 El mar es un mundo totalmente diferente al terrestre, ya sea en la superficie o en sus aun inexploradas profundidades, no es de extrañarse como aun generan temor e incógnitas muchos sucesos que en él suceden.

Se cumplirán 60 años, color

Los accidentes siempre son lamentables porque se pierden vidas, pero uno en el océano es aún más terrible. El ser humano siente esa impotencia y vulnerabilidad que el mar nos hace sentir, ya que nos encontramos ante un hábitat que no pertenecemos, incluso las profundidades son como si se tratara de un planeta diferente, con lugares a los que nunca llega la luz y criaturas que jamás han visto la superficie.

Desgraciadamente los desastres marítimos siempre existirán tomando la vida de inocentes y Baja California Sur no es la excepción, los registros históricos nos recuerdan hechos lamentables como el accidente del buque “San Lorenzo” el cual puso en riesgo el muelle fiscal de La Paz, por lo cual las autoridades decidieron trasladar las descargas los inflamables y gas butano a “Punta Prieta” para no poner en riesgo a la ciudad, como lo respalda el documento fechado el 17 de agosto de 1972 reguardado en el Archivo Histórico.

Otro registro histórico fue el encontrado en el documento, en la sección de Guerra, con número 503 y en el volumen 751, se muestra la información que concierne a la notificación del encallamiento del submarino norteamericano, y las labores que se realizaron en su intento fallido de rescate.

Con fecha 17 de marzo de 1920 con asunto referente al encallamiento de un submarino americano en isla Margarita menciona que: “El día 12 de los corrientes, por la noche en el lugar denominado “Cortes”, como a 15 millas al sur de “Punta Redonda”, por la parte de afuera de la isla mencionada, se varó un submarino de la Armada de los Estados Unidos ignorándose su nombre y número que tenga. Habiéndose ahogado 8 de sus tripulantes, 2 desaparecidos y 9 supervivientes”.

Siempre este tipo de desastres deja una estela de muerte y destrucción, pero existe un lado aún más oscuro y misterioso del océano, ya que no solo en Baja California sino también en el resto del mundo, se cuentan esas “Historias” de barcos y tripulaciones enteras desaparecidas como si literalmente el mar se los hubiera tragado. Es difícil concebir que después de un naufragio no se encuentre ningún resto ya sea material o humano, ya sea flotando o arribando alguna orilla.

El caso más conocido a nivel mundial es el de el “Mary Celeste”, un bergantín de 31 metros de eslora y 282 toneladas de peso que en diciembre de 1872 fue hallado viajando por el Océano Atlántico rumbo a Gibraltar. A pesar de que la comida estaba servida y los botes salvavidas en su lugar, la tripulación había desaparecido. Existen muchas probables explicaciones, una de ellas es que un grupo de piratas abordó el “Mary Celeste” y secuestró a los tripulantes, aunque otros culpan a una misteriosa criatura marina de haber sido la culpable de todo. Las teorías más simples aseguran que solo fue un motín, lo cual es difícil de concebir ya que no se encontraron señales del mismo.

“El Holandés Errante” es una de las más antiguas leyendas del mar, ya que circula desde hace al menos 500 años. La embarcación partió de Ámsterdam con destino a las Indias Orientales, pero frente a una peligrosa tormenta cerca del Cabo de Buena Esperanza, en el extremo sur de África, su capitán Van der Decken decidió seguir adelante y para eso mató a su primer oficial, quien se le oponía. No obstante todos los esfuerzos, el buque finalmente se hundió en una tormenta y desde ese momento algunos pescadores y marineros aseguran haberlo visto en diversos puntos del planeta.

El “Caleuche”, según la leyenda se aparece todas las noches cerca de la isla de Chiloé, en la región centro-sur de Chile. Se cuenta que esta embarcación se llevó consigo las almas de todas las personas que han muerto ahogadas en esa zona, y quiénes aseguran haberlo visto dicen que se escucha música y gente riéndose desde la nave. Aunque al rato desaparece o se sumerge en el agua.

La Península de Baja California fue descubierta siguiendo los mitos y leyendas de la paradisiaca “California” en sus viajes los exploradores no solo encontraron riquezas, animales fantásticos (como el hombre marino encontrado por Hernando de Grijalva), sino enigmas y a veces hasta la muerte en sus misteriosas aguas.

Cortés llegó a La Paz el 3 de mayo de 1535,regresando a la Nueva España a mediados de 1536, dejando en Santa Cruz 30 españoles con doce caballos y bastimentos para diez meses, al mando de Francisco de Ulloa, los cuales al fin regresaron también a la Nueva España por orden del virrey Antonio de Mendoza. Esta primera experiencia colonizadora duró por tanto alrededor de un año.

La última expedición que organiza Cortés a la Mar del Sur ya no tiene el propósito de colonizar sino de explorar. Para ello envía a Francisco de Ulloa al mando de tres navíos en julio de 1539, que finalmente se redujeron a dos. Después de encontrar destruido el real fundado por Cortés en Santa Cruz, hace un recorrido por el Golfo hasta la desembocadura del río Colorado y posteriormente da la vuelta a la península probablemente llegando hasta la altura de la Isla de Cedros, explorando islas y bahías en el trayecto.

Con fecha de 5 de abril de 1540 dirigió a Cortés desde la Isla de Cedros una relación de los sucesos de la exploración en el buque Santa Águeda:

He decidido seguir en el Trinidad con las pocas provisiones y hombres, si Dios me otorga buen tiempo, tan lejos como pueda y el viento lo permita, y enviar este barco (el Santa Águeda) y estos hombres a la Nueva España con este informe, Dios quiera que el desenlace sea el que Su Señoría desea (…) beso la mano de Su Señoría. Firmado por Francisco de Ulloa.

En el buque Trinidad continuó con la exploración: nunca más se supo de Francisco de Ulloa ni de su tripulación.

Otro caso misterioso sin respuesta aparente, fue el encontrado en unos documentos resguardados en el Archivo Histórico, aunque no fue un hecho tan relevante para la historia, sin duda es un caso curioso y digno de tomar en cuenta si hablamos de desapariciones marítimas.

El 11 de diciembre de 1909, la Secretaría de Relaciones Exteriores mediante un telegrama enviado hacia la ciudad de La Paz solicita al Jefe Político, informes a cerca de ocho norteamericanos y cincuenta soldados mexicanos que se perdieron en la isla del Tiburón. El 13 de diciembre es enviada la respuesta, la cual es que desconocen el paradero de esas personas.

Aunque por la falta de informes es difícil llegar a una conclusión, y saber si estas personas fueron encontradas o no, es increíble como 58 individuos siendo la mayoría de estos militares entrenados desaparecen sin dejar rastro, sin duda esto nos alimenta la imaginación y más por los precedentes que se han dado alrededor del mundo.

Cabe mencionar que la isla Tiburón aunque pertenece a Sonora por estar en el Golfo de California, y estas personas al salir desde Santa Rosalía a esta isla y “perderse”, se vuelve de interés múltiple, para Baja California, para Sonora, para México por los soldados y para Estados Unidos, por los extranjeros.

Pero el caso más impresionante es el que está por cumplir 50 años, y el cual aún sigue en total misterio que no deje una sola pista para llegar alguna posible respuesta.

Estamos hablando de la desaparición en aguas Baja Californianas del buque “San Miguel”, el cual el año de 1967 se perdió en misteriosas condiciones, no dejando ninguna pista para desenmarañar su misteriosa desaparición.

Existen muy pocos testimonios al respecto, y esta increíble historia se está transformando en leyenda, pero gracias a la investigadora Mayra Zamudio Gorozave quien administra la página de internet de “Historias y remembranzas de Baja California Sur”, logró entrevistar a uno de los testigos de la desaparición del “San Miguel”, contando su historia mediante una entrevista

Por Mayra Zamudio Gorozave

“El Barco San Miguel”

Una Incógnita en el Tiempo.

 

Era el día 23 de Diciembre de 1967. Un día antes de Noche Buena, paradójicamente nunca más sería así para varias familias de La Paz.

Dos barcos navegaban por los mares peninsulares. Uno era el “San Miguel”, barco pequeño, carguero, de apenas 14 tripulantes. Transportaba diferentes mercancías, muchas de ellas en cubierta. Recordemos que en esos tiempos todo nos llegaba través de los barcos, hasta el gas doméstico. Esa ha sido siempre una limitante de nuestro estado, el aislamiento. Cabe señalar que este era uno de tres barcos iguales: Los otros eran “San Raúl”, y “San Jorge”.

Se trasladaba el “San Miguel” ese día de Mazatlán a La Paz, como muchas veces lo había hecho. Cuando retornaba con destino a Sinaloa, en muchas ocasiones era usado como medio de transporte por muchos estudiantes que necesitaban “cruzar el charco” como decimos coloquialmente, para regresar a sus escuelas en el interior de la República. Se iban como podían, en un lugarcito del barco. No había de otra.

El otro barco que navegaba ese día en el mar era el “Cementos California No.5” antes llamado “Colima”, propiedad del señor General Clark Flores, dueño de Cementos California, en Ensenada, B.C. Venía procedente de Long Beach, California, transportaba mercancía en general para la ciudad de La Paz. Era un barco un poco más grande, de 18 tripulantes.

El tiempo era frío, comprensible por ser invierno. Con viento y marejada, más no con lluvia, estaba despejado.

Desde el área de Comunicaciones del “Cementos California No.5”, el jóven Félix Núñez Enciso, responsable de esa Oficialía, escuchó cuando el Barco “San Miguel” se reportó a las oficinas de las agencias de buques de Topolobampo, Mazatlán y La Paz, para comunicar del horario de su llegada. Eran las 5 de la tarde, cuando se recibió ese reporte.

A la misma hora, el Barco “Cementos California No.5” se reportó también a La Paz, Mazatlán, Manzanillo, Acapulco y Cd. De México.

En el reporte, Félix escucha que la llegada del barco “San Miguel” a las escolleras en Punta Prieta, que eran la puerta por así decirlo, al puerto de La Paz, será a las 12 de la noche, ocupando el único lugar disponible en el Muelle Fiscal para la descarga de sus mercancías. El estimado para la llegada del barco “Cementos California No. 5” sería a la una de la mañana. Estaban a una hora de diferencia uno de otro. Navegaba pues, el “Cementos California” detrás del “San Miguel”.

En ese tiempo, el barco que llegaba primero al muelle ganaba el único espacio disponible para carga y descarga, lo que obligaba al que llegaba después a fondearse hasta tres días, lo que costaba mucho dinero, por lo que el capitán del “Cementos California No.5”, le pide al Jefe de Máquinas aumentar la velocidad del barco, a fin de rebasar al San Miguel y así ganarle el espacio del Muelle.

Así lo hicieron. Pasado un tiempo, pregunta el Capitán del “Cementos California”, ¿por qué no hemos visto al San Miguel? Se supone que lo rebasaríamos… Nadie puede contestar a esa interrogante. A todos les extrañó no haberlo visto.

Siguen su travesía y a las 12 de la noche llegan al muelle, ven vacío el espacio y atracan. Preguntan por el San Miguel y nadie sabe contestar el por qué no llegó. Fueron días de búsqueda intensa, sin éxito alguno.

El “San Miguel” desapareció en el mar sin dejar rastro alguno, dejando tras de sí una interrogante en las mentes de quienes vivieron en esos tiempos y en los que vivimos en los actuales. ¿Qué fue lo que sucedió? Cómo pudo perderse en el mar y en el misterio, que no en el olvido, llevándose consigo a sus tripulantes y su carga y dejando esa gran incógnita.

Se le buscó en aquellos días por todas partes y por todos los medios y aún hay quienes albergan la esperanza de algún día saber la respuesta a este insólito hecho. ¿Dónde quedó “El San Miguel”? Nunca apareció. Lo más extraño de todo esto es que no se encontraron ni siquiera indicios de un naufragio. Ni mercancía flotando ni partes del barco. Nada.

Nuestra imaginación puede llevarnos incluso a pensar si ocurriría algún fenómeno de los que llaman túneles de otra dimensión. No lo sabemos. Lo único que aún persiste es la esperanza en los familiares de aquellos hombres que nunca más volvieron a su hogar, y que un día zarparon de Mazatlán a La Paz y desaparecieron.

Gracias al Sr. Félix Núñez Enciso por esta invaluable aportación, que complementa a las historias ya narradas sobre este lamentable hecho que marcó a Sudcalifornia. Agradezco infinitamente su confianza al contarme esto que nunca había contado a nadie, – Ni siquiera al Señor King- me dice.

Así termina el valioso testimonio del señor Félix Núñez, que nos relata los hechos desde el punto de vista más cercano que jamás se ha contado.

Quizás nunca resolvamos el misterio del San Miguel, pero quedará por siempre en la historia, junto a los miles de misterios de los mares sudcalifornianos, perpetuando esta leyenda en memoria de la valiente tripulación desparecida ese fatídico 23 de diciembre de 1967.

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