El aeropuerto de la discordia

  • Ruptura con empresarios
  • Regreso al nacionalismo revolucionario
  • Los efectos financieros

Por Federico Gastélum Mayoral

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Seguramente el tema más de moda hoy en día, es el de la consulta al pueblo sobre la realización del aeropuerto en la capital del país, por lo que aquí me permito abordarlo. En ninguna parte del mundo, o digamos ciudad capital de país en el mundo, el tema de las reubicaciones aeroportuarias, ferroviarias, o de transporte público, son materia rutinaria de administración pública. Por lo general el desarrollo  de las mismas son objeto del escrutinio general y generan conflicto de intereses en la población, que por el uso de suelo, invasión a espacios preservados a la ecología, contaminación, etc., toman mucho tiempo desde su concepción hasta la terminación de la misma, años y hasta décadas para tener una realización exitosa. Ejemplos abundan alrededor del mundo. Pero para eso está pues el oficio de los políticos que concilian intereses y saben integrar a la sociedad alrededor de un proyecto es una tarea indispensable. Digamos que esa es su misión.

Y aquí es donde debería decir, que en México esta no podría ser la excepción. Que también sabemos igual que el resto del mundo anteponer las rivalidades de clan o de grupo al interés general. Pero no, desde el pasado 30 de Octubre, esto no fue así; la “decisión ciudadana” o mejor dicho, la consulta que solo fue dedicada a los seguidores de AMLO, arrojó que el aeropuerto nuevo el NAIM, no era el favorito de la “ciudadanía” y que pues ya sin poder ocultarlo el nuevo presidente imperial se pronunció a favor de la opción del Santa Lucía (actual base militar) para cancelar el actual proyecto del de Texcoco ignorando cualquier argumentación sobre los pros y los contras de seleccionar un proyecto que comprendería tres aeropuertos (el actual Benito Juárez, el de Santa Lucía y el de Toluca, también este, actualmente en operación). Como antes lo traté de esbozar, la decisión correcta de administración pública en este tema, solo podía ser tomada por un equipo de especialistas en la materia, y claro encabezada por el jefe de estado y en el que debieron intervenir, urbanistas, constructores de este tipo de obras, expertos en tráfico aéreo (operadores de radar y controladores aéreos, etc.) geólogos, pilotos de aviación y en fin toda una gama de especialidades a las cuales por lo general deberían ser ajenos los políticos. En el caso nuestro, esto se viene a dar justo al término del ejercicio presidencial, y  aparejado a una pretendida transformación que desde hace rato había buscado como marcar la diferencia al viejo sistema (PRI-AN) entre más pronto mejor y ya casi en vísperas al inicio de su gobierno.

El resultado pues claro, le rinde al próximo presidente más simpatías de entre sus verdaderos seguidores, pero ya no tanta entre los que solo se habían dejado llevar por el ímpetu y que sucumbieron ante las promesas que resultaron ser falsas, pero que ya con este remedo de consulta les ha confirmado aquello de lo que habían sospechado desde siempre; que el nuevo presidente no sería sino otro político con intenciones muy diferentes a las que había pregonado en campaña, y que pues, por supuesto, se los llevó al baile y ahora deberán estar dispuestos a pagar los platos rotos de algo que solo fue una emoción momentánea. Digamos que de esta manera, AMLO hizo un ajuste de cuentas hacia todos aquellos empresarios que nunca le mostraron simpatías, y que lo peor del caso, amenaza con no solo llegar a eso.

De esta manera, la luna de miel que empresarios, principalmente los agrupados en COPARMEX, Centro Coordinador Empresarial y otros afines, tenían con el sector oficial, llega a un final abrupto no tanto por haber afectado a alguno de sus afiliados, que no lo son, los que representan Carlos Slim, Bernardo Quintana, Jorge Hank Rhon, otros compadres de EPN, etc., ya que estos no lograron sus canonjías al amparo de esas organizaciones, sino por su afinidad al ex partido oficial del PRI, pero cobijados por aquellos organismos, es que se provoca esa ruptura por la forma tan infantil y caprichosa que bajo el pretexto de una encuesta pone fin a una obra multimillonaria que en últimas cuentas quedaría como un beneficio a la sociedad mexicana. El ahora casi punto de vista oficial, del próximo presidente, sería el de que se evitó un fraude y corrupción  pero en el que de todas formas ya se incurrió en un fuerte gasto y que ahora quedará como un dispendio más de gobierno, al no concluirse esa mega obra pública. Concretamente la friolera de 100 mil millones de pesos o 5 billones de dólares con un avance de obra hasta el final de septiembre del 31.8%, (informe de la SCT) una cantidad nada despreciable sobre todo para un país en que más del 40% de su población vive al borde de la pobreza extrema.

Pero ahora, ¿qué tanto esta decisión del Peje afecta en el corto plazo a las finanzas nacionales?, podría decirse que casi ninguno. El peso se ve afectado solo cuando en el entorno internacional se retiran todos los instrumentos de inversión nominados en dólares, que ahora ya no representan ni el 10% de los ingresos de capital en el país, como sucediera con los famosos teso-bonos de la época de Salinas en los principios de los noventas y con un tipo de cambio cuasi-fijo, en las que la proporción de cartera ascendían a casi el 40% de los flujos de capital al país, en las que las reservas llegaron a estar a solo un 5% de sus recursos en Noviembre de 1994, después de la crisis de Chiapas. Prueba de esta todavía existente solvencia, es que la bolsa de valores regresó a sus índices promedios 5 días después del anuncio de la cancelación del proyecto Texcoco. El dólar empezó nuevamente su descenso a niveles de los 20 pesos con 03 centavos y lo más probable que otra semana más este al nivel de la semana que pasó. Sin embargo, esta medida y la forma en que la ha justificado AMLO si tendrá repercusiones en el mediano plazo, sobre todo en los niveles de inflación del país, y la confianza que los que traen inversiones en forma directa (no en liquidez) al país, en los años por venir. La decisión ya de cargarle la mano al sector empresarial mexicano ha quedado manifiesta y es de esperarse que se refleje en una balanza comercial más deficitaria en el futuro, ya que la falta de productividad interna provocará más importaciones y desde luego que con el TLCAN ya reformado, habrá menos exportaciones del país. Claro esto lo digo, como un escenario muy probable.

El retorno a la época echeverrista, de achacar los males del país a quienes emprenden labores productivas en México, y de satanizar al sector, tendrá forzosamente consecuencias muy negativas en un plazo no muy largo. Esperemos que estos seis años, nos sean leves.

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