Día de Muertos en México

Arq. Eugenio Santa Cruz Henríquez

 Epitafio encontrado en el panteón municipal de Tepic, Nayarit. “Detente un momento pasajero por qué vas pasando sin hablarme ¿qué porque soy de tierra y tú de carne apresuras el paso tan ligero? Escúchame un momento compañero, lo que te pido es corto y voluntario, résale un Padre Nuestro a mi sudario y prosigue tu marcha… aquí te espero…”

México tiene identificación universal al celebrar los días de muertos catalogado por la UNESCO como Patrimonio de la Humanidad.

Se celebra los días 1 y 2 de Noviembre en todo México y se representa en 4 grandes iconos populares: La flor de Cempasuchil, La Catrina, el Pan de Muerto y los Altares de Muertos.

La Flor de Cempasúchil es la flor de una planta conocida como Tagete, Clavel chino o Clavelón de la India.

En México, se la llama Flor de los muertos o Cempaxóchitl. Su nombre científico es Tagetes Erecta. La palabra “Cempasúchil”, como tal, proviene del Náhuatl y significa ‘veinte flor’ o ‘flor de veinte pétalos’.

La flor de Cempasúchil es una flor con un gran valor simbólico en México, especialmente en la celebración del “Día de Muertos”.

Flor de cempasuchil


Flor de Cempasuchitl

 

Es habitual utilizar los pétalos para marcar en el suelo el camino que deben seguir las almas de los difuntos hacia los altares domésticos levantados en su honor. Esto se debe a que tradicionalmente se decía que sus pétalos guardaban el calor del sol e iluminaban el camino de regreso a los difuntos. Los pétalos también se emplean para formar collares que simbolizan la bienaventuranza.

La verdadera historia de la catrina de José Guadalupe Posada.

La muerte es democrática, ya que a fin de cuentas, güera, morena, rica o pobre, toda la gente acaba siendo calavera”, José Guadalupe Posada.

Tanto se burla el mexicano de la muerte que entre sus artefactos populares también le ha dado nombre y forma, y se llama “La Catrina”.

“La Catrina”, como símbolo popular de la muerte (o uno de los símbolos dentro de toda la cosmovisión y cultura mexicana frente a la muerte) fue bautizada como tal por el muralista Diego Rivera (1886-1957), y aunque en sus obras encontramos representaciones de esta dama blanca elegante y delgada, no fue el primero en incluirla en su obra, ya que fue José Guadalupe Posada (1852-1913) el precursor de esta representación.

La catrina

La catrina

La historia de “La Catrina” empieza durante los gobiernos de Benito Juárez, Sebastián Lerdo de Tejada y Porfirio Díaz. En estos periodos, se empezaron a popularizar textos escritos por la clase media que criticaban tanto a la situación del país como de las clases privilegiadas. Los escritos, redactados de manera burlona y acompañados de dibujos de cráneos y esqueletos se empezaron a reproducir en los periódicos llamados de combate.

José Guadalupe Posada (1852-1913) fue un célebre grabador, caricaturista e ilustrador que colaboró en medios como “El Padre Cobos”, “El Ahuizote” y “La Patria Ilustrada”. Sus críticas sociales que evidenciaban situaciones de desigualdad e injusticia en el país y en la sociedad porfiriana, le hicieron famoso además dentro del arte popular por sus dibujos de “calacas”; las calacas o calaveras ilustraban corridos, historias de crímenes, a políticos, damas, toreros…

Es por ello que sus calaveras, bautizadas en un principio y por él mismo como “La Calavera Garbancera” representan al pueblo, a su carácter desenfado y festivo, y a la situación de la época, aunque hoy se les asocie más al día de muertos.

“El Garbancero” era aquel que a pesar de tener sangre indígena pretendía ser europeo y renegar a su propia cultura; situación que el ilustrador condenaba. Por ello, su calavera con sombrero, sin nada más, representa al Garbancero: al que pretende aparentar lo que no es.

El Pan de Muerto.

pan de muerto

El “pan de muerto”, que es para los mexicanos un verdadero placer, tiene su origen en la época de la Conquista, inspirado por rituales prehispánicos, y hoy en día es uno de los componentes más importantes de las ofrendas dedicadas a los Fieles Difuntos.

Las poblaciones mexicanas especialmente del centro y sur del país han tenido un gusto particular por ese pan de fiesta, pan dedicado a los difuntos que regresan a reencontrarse con sus familias el 31 de octubre, 1 y 2 de noviembre, de acuerdo con la tradición de “Día de Muertos” que se ha heredado de generación a generación desde hace varios siglos.

El gusto por la elaboración de un pan especial para el caso se remonta a la época de los sacrificios humanos y a la llegada de los españoles a la entonces Nueva España en 1519.

Cuentan que era un ritual en el México de antes de la conquista que una princesa fuera ofrecida a los dioses, su corazón aun latiendo se introducía en una olla con amaranto y después quien encabezaba el rito mordía el corazón en señal de agradecimiento a un Dios.

En el libro “De Nuestras Tradiciones” se narra la elaboración de un pan compuesto por semillas de amaranto molidas y tostadas, mezclado con la sangre de los sacrificios que se ofrecían en honor a Izcoxauhqui, Cuetzaltzin o Huehuetéotl.

También hacían un ídolo de Huitzilopochtli de “alegría”, al que después encajaban un pico y, a manera de sacrificio, le sacaban el corazón en forma simbólica, pues el pan de amaranto era el corazón de ídolo. Luego se repartían entre el pueblo algunos pedazos del pan para compartir la divinidad.

Se cree que de allí surgió el “pan de muerto”, el cual se fue modificando de diversas maneras hasta llegar al actual.

El “pan de muerto” tiene un significado, el círculo que se encuentra en la parte superior del mismo es el cráneo, las canillas son los huesos y el sabor a azahar es por el recuerdo a los ya fallecidos.

Esos panes son clasificados de la siguiente manera: “Antropomorfos”, son aquellos que representan la figura humana; “Zoomorfos”, aquellos que tienen figura de animales como aves, conejos, perros, mariposas, alacranes y peces, entre otros.

Son característicos de Tepoztlán, Mixquic e Iguala de Telolapan.

“Fitomorfos”, son representaciones de vegetales diversos como árboles, flores, enramadas, etcétera; y “Mitomorfos”, aquellos en que la forma no se identifica como figura humana, vegetal o animal, sino que representan seres fantásticos.

La celebración de los difuntos se convierte así en un banquete mortuorio dominado por alimentos y flores de color amarillo (el color de la muerte para las culturas prehispánicas), como el cempasúchil, los clemoles, las naranjas, las guayabas, los plátanos, la calabaza y el pan característico de la ocasión.

Altares de Muertos

altar de muerto

El “Altar de Muertos” es un elemento fundamental en la celebración del “Día de Muertos”.

Los deudos tienen la creencia de que el espíritu de sus difuntos regresa del mundo de los muertos para convivir con la familia ese día, y así consolarlos y confortarlos por la pérdida.

“El Altar”, como elemento tangible de tal sincretismo, se conforma de la siguiente manera:

Se coloca en una habitación, sobre una mesa o repisa cuyos niveles representan los estratos de la existencia. Los más comunes son los altares de dos niveles, que representan el cielo y la tierra; en cambio, los altares de tres niveles añaden a esta visión el concepto del purgatorio. A su vez, en un altar de siete niveles se simbolizan los pasos necesarios para llegar al cielo y así poder descansar en paz. Este es considerado como “El Altar” tradicional por excelencia.

En su elaboración se deben considerar ciertos elementos básicos.

Cada uno de los escalones se forra en tela negra y blanca y tienen un significado distinto:

En el primer escalón va colocada la imagen de un Santo del cual se sea devoto.

El segundo escalón se destina a las ánimas del Purgatorio; es útil porque por medio de él el alma del difunto obtiene el permiso para salir de ese lugar en caso de encontrarse ahí.

En el tercer escalón se coloca la sal, que simboliza la purificación del espíritu para los niños del Purgatorio.

En el cuarto escalón el personaje principal es otro elemento central de la festividad del Día de Muertos: el pan, que se ofrece como alimento a las ánimas que por ahí transitan.

En el quinto escalón se coloca el alimento y las frutas preferidas del difunto.

En el sexto escalón se ponen las fotografías de las personas ya fallecidas y a las cuales se recuerda por medio del altar.

Por último, en el séptimo escalón se coloca una Cruz formada por semillas o frutas, como el tejocote y la lima.

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