La verdad en los tiempos de la mentira

Por Vladimir Torres Navarro

 Un sentimiento entre soledad y enojo ciudadano se sufre ante este escenario político cambiante, ante la abundante información que circula en redes sociales, la cual nos anima, nos decepciona o nos contradice. No sabemos cómo reaccionar, no sabemos si hablar o callar, si defender u ofender.

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Hoy como nunca, tenemos a disposición información sobre el gobierno y los gobernantes; hoy como nunca tenemos la posibilidad de expresarnos al respecto. Pero no sabemos qué hacer con toda esa información, ni cómo reaccionar ante ella.

Estamos transitando de la “era de la información” a la “era del manejo de la información”. Ahora, tenemos los mecanismos para difundir y expresar, sin embargo, aún no estamos preparados para hacerlo correctamente. Reclamamos tanto esa información, pero ahora no sabemos qué hacer con ella.

En esta etapa podemos acceder a la información sobre en cómo y en qué se gasta el dinero público. Podemos enterarnos de los sueldos de los funcionarios, conocer los proveedores y mucho más de lo que nuestras generaciones pasadas hubieran imaginado. Sin embargo, nos seguimos sintiendo insatisfechos.

Aunque hay personas que se han conformado con cambios de partido, de funcionarios o las sanciones impuestas a servidores públicos corruptos, muchos siguen pensando que algo anda mal, que aún hay decepciones por venir. Esto, para unos es una paradoja, para otros es la evidencia que ahora nos toca a los ciudadanos crecer.

Necesitamos fortalecer nuestra ciudadanía para que los asuntos públicos sigan avanzando, para no sentirnos frustrados ante la realidad de la dinámica del poder. En el gobierno pueden permanecer esas prácticas sobre las que hay desacuerdo, si los ciudadanos no estimulamos nuestra conciencia, porque ello nos permitirá procesar adecuadamente la información que antes no teníamos, para así seguir construyendo los cambios que verdaderamente necesitamos.

Pensando en términos de información, podemos pensar entonces, que lo que hoy necesitamos es calidad y no cantidad. Para que los gobiernos difundan mejores datos, para que los medios de comunicación masiva publiquen noticias con mayor veracidad, necesitamos generar esa demanda. Por ello es inminente, por ejemplo, que dejemos de compartir en redes sociales notas que sabemos que su contenido es falso u ofensivo.

Todas esas fotografías, escritos, videos que circulan en redes sociales, que hablan de lo que ocurre en el quehacer político nos inquietan. Esa información que antes no estaba a nuestro alcance, nos provoca decepción, enojo, frustración, porque gracias a ello podemos identificar las contradicciones de los políticos, sus lazos con grupos de poder, los acuerdos que determinan el sentido de la votación en el poder legislativo. Es decir, estamos más próximos a la verdad y no sabemos cómo reaccionar.

La naturaleza del poder es su preservación, para lograrlo establece alianzas con otros grupos políticos o empresariales a cambio de decisiones públicas. Eso siempre ha existido, pero nos negamos a aceptarlo, lo hacemos al injuriar o justificar. Es un gran dilema tener al alcance la verdad.

Por ello, tenemos que ser ciudadanos más informados y consientes, para poder enfrentar con madurez la verdad y poder enfocar nuestra participación en exigir los cambios factibles y pertinentes.

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