Corruptos

Por Dionicio LARA

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rata

La lista de los corruptos en México, es tan extensa y larga, como la cola de rata que arrastran cada uno de ellos; y todos quienes participan en ella, gozan de sus jugarretas y pillajes, lo mismo que de sus bribonadas y perversidades.

En efecto, porque una vez realizadas sus hazañas, a sus rostros asoma el descaro, la sonrisa malévola; y conforme aumentan sus ilícitas ganancias, se tornan más cínicos. Y así, con el paso del tiempo, se van construyendo un caparazón indestructible e impenetrable.

Son delincuentes de cuello blanco. Y bien organizados. De esos que dan manotazos, arañazos y dentadas y que se reúnen entre ellos para hacer alarde de sus fechorías, y mofarse de sus gobernados.

Por lo tanto, no tienen virtudes, ni saben de cualidades; no conocen el pudor, y no saben de ética, ni de integridad.

No hablan de honestidad, porque no la mamaron de los senos de su madre; y no desglosan el tema de la moralidad, porque no la conocen.

Son alimañas que abundan en todas partes y -a veces- es difícil combatirlas.

Las peores y más nocivas se observan en oficinas con aire acondicionado y perfectamente amuebladas.

Para mejor prueba, nada menos nuestro país, padece un gravísimo problema de corrupción -a grado tal-, que según el Foro Económico Mundial, la corrupción es ya el principal obstáculo para hacer negocios en México; incluso por encima de la inseguridad, a grado tal que nuestro país no ha superado en los últimos 15 años calificaciones reprobatorias que varían entre 3.3 y 3.7 (en una escala de 1 a 10) del Índice de Percepción de la Corrupción de Transparencia Internacional.

Pero traer a nuestra memoria a un Guillermo Padrés Elías, ex mandatario de Sonora; a un Javier Duarte,  exgobernador de Veracruz; o al ex Gobernador de Chihuahua, César Duarte Jáquez, entre muchos más, creo que sale sobrando, aunque todos en conjunto tienen en común denominador: aumentaron las deudas de sus estados. Y se asegura que la suma de todos arroja más de 350 mil millones de pesos y que es considerada una cifra muy superior al recorte al gasto que el año pasado hizo el Gobierno federal.

Como también está de más recordar las bravuconadas o burlas contra el pueblo, como aquellas del ex Gobernador de Tabasco, Andrés Granier Melo, quien durante una noche de copas presumió poseer 400 pares de zapatos, mil camisas, 400 pantalones y 300 trajes de marca de lujo; o  que al ex Gobernador de Tamaulipas, Egidio Torre Cantú, se le descubrió una casa de 340 millones de pesos de 8 mil 357 metros cuadrados, en Nuevo León; y que el ex Gobernador de Nayarit, Roberto Sandoval, presumió su rancho “El Ensueño” de 40 millones de pesos, con un lago y criadero de caballos… Luego entonces, ¿Cuántos millones de pesos han desviado los gobernadores y exgobernadores tan solo en este sexenio?

Y se diga lo que se diga, el problema no ha mejorado con la alternancia política en los gobiernos, lo cual desmiente la idea de que el cambio de partido en el poder tiende a resolver la corrupción. Por el contrario, en ocasiones la alternancia agrava las cosas, ya que se oye decir con frecuencia la expresión pueblerina de que “como nunca han estado en el poder, esos nuevos gobiernos quieren robar más rápido”.

Otra práctica común en la nueva ola de corrupción mexicana es el peculado o malversación de fondos públicos: desvío de recursos, reasignaciones presupuestarias para dar al dinero a fines distintos a los autorizados y, en ocasiones, literalmente, para robarse el dinero de la caja. Y aunque desde el gobierno federal se han fortalecido los mecanismos para combatir este delito desde los años ochenta mediante controles internos (contralorías) y controles externos (Auditoría Superior de la Federación), lamentablemente este esquema de control y fiscalización no se reproduce en todos los estados y municipios, toda vez que en muchas entidades los gobernadores ejercen un control político férreo que limita la capacidad de los órganos de fiscalización para ejercer sus funciones.

Por tanto, algunos presidentes municipales sobornan a diputados locales para que aprueben sus cuentas públicas: les pueden dar dinero, obra pública o empleo a sus amigos o parientes. Y al respecto, no es casual que en los últimos años se hayan denunciado muchos casos de corrupción que incluyen a gobernadores, alcaldes y demás funcionarios.

Otra modalidad de corrupción rutinaria es el otorgamiento de permisos y concesiones para uso de suelo, establecimientos mercantiles, etcétera; es una modalidad preferida en el ámbito de gobiernos municipales e incluso a nivel de regidores que ven en la manipulación de permisos de uso de suelo una oportunidad para enriquecerse en tres años, sin pasar desapercibidos los sobornos a pequeña escala, o  “mordidas”.

De esta manera si la corrupción de obra pública afecta las finanzas públicas y la calidad de la infraestructura, es necesario dejar en claro que las “mordidas”, afectan el capital social y la cultura de la legalidad.

Y bien vale decir que algunas de estas ratas ya han caído en la trampa.

Pero, -lamentablemente- por lo visto, solamente aquí no pasa nada, porque -sobre todo-, exalcaldes y exalcaldesas, muy a pesar de estar en la picota de las acusaciones y señalamientos, se pasean tranquilamente mofándose de la ley y de todos.

Es más, creo que es tanta la defecación y tan fuerte el hedor que emana de esa alcantarilla, que no creo que haya uno de los recién electos alcaldes o alcaldesas que se atrevan a levantar la coladera, denunciando a su antecesor y que por supuesto, también ellos -los recientes electos-, puedan soslayar y permanecer al margen de la corrupción.

Sin embargo, siendo que ha llegado la hora de que los corruptos, paguen sus fechorías.

Y sin que esto tenga visos de cacería de brujas, he de decir que, si en realidad Andrés Manuel López Obrador, quiere cumplir su palabra y quedar bien con los mexicanos, debe dejar constancia de esa reciedumbre de que ha hecho gala, y atacar por todos los frentes ese cáncer tan nocivo.

Pero, ¿cuál sería una de las viables soluciones para acabar con estos bandidos?

Muy sencillo: que les quiten el dinero robado, y por ende, las propiedades mal habidas. Es decir que los dejen en la pobreza, tal cual tienen a sus gobernados

Seguros estamos que solamente así lograremos avanzar.

Y por sobre todas las cosas, habremos de creer en lo prometido por López Obrador, y confiar en un verdadero cambio.

Todo lo demás, son solo falsas promesas y mentiras.

Cuestión de tiempo.

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