Don Carlos Reyes, la Leyenda gráfica

SONY DSCPor Gilberto Bonilla Rodríguez

Tomó una cámara cuando apenas tenía 12 años, su misión, seguir la pelota durante un juego de futbol, para que en el momento preciso en que el balón perforara la portería disparara cual cazador a su presa, ese fue el justo momento en que Don Carlos Reyes se aferró a la que hasta la fecha ha sido su compañera, su amor, su profesión.

Con una imagen impecable, con un tono amable, un saludo de mano firme y una sonrisa que cubre su cara, Don Carlitos, como le llaman sus más allegados, nos recibe en su privado, y al compás de piezas de Chaikovski, el último de los románticos como dice él y con unos cuantos tragos de café, las anécdotas van fluyendo, con la misma calma que una persona plena puede tener.Se puede decir que el oficio de foto reportero lo vivió de cerca, de primera mano, su padre, Don Ramón Reyes, era corresponsal del periódico deportivo “Esto”, cubría los eventos que se llevaban a cabo en la ciudad de Guadalajara, en las mañanas los partidos de futbol y saliendo por las tardes, las corridas de toros.02 ACMA JOLOPO en Bahía Tortugas 1El trabajo no cesaba, ni siquiera cuando se trasladaban de un lugar a otro, ya que mientras tomaban fotos en los toros, revelaban los rollos que habían tomado durante las contiendas futboleras y de camino al aeropuerto para enviar el material, revelaban las de las corridas que momentos antes habían presenciado, no había tiempo que perder, iban equipados para hacer el trabajo de revelado y poder hacer la entrega del material en tiempo y forma; aprendió el oficio.Con el paso del tiempo, su padre llegó a la jefatura del departamento de fotografía del periódico El Sol de Guadalajara, ahí, ante la falta de personal, surgió la oportunidad de llevar a la práctica todo el conocimiento adquirido en los eventos deportivos, la tarea no fue fácil, Don Carlos se curtió en una de las secciones más complicadas del periodismo, “la nota roja”.

Temprano, a las 4 de la mañana se tenía que levantar e ir a las diferentes dependencias de seguridad y auxilio para reportar los incidentes ocurridos durante la noche, heridos, muertos, accidentes y demás, pasó de la euforia de un gol a retratar la tristeza de un evento lamentable como lo es la muerte, no sería la primera vez.

De esta etapa, uno de los eventos que lo marcó, fue la de un accidente donde murieron 14 personas y en la morgue de la ciudad solo había tres o cuatro planchas, los demás fueron acomodados en camillas y depositados en el suelo, al momento de hacer su trabajo, resbaló y fue a dar encima de uno de los muertos, frente a frente, muy de cerca, esa imagen no la plasmó en película, no fue necesario… se le quedó grabada en su interior, soñó varios días con la cara del difunto.

Esta y otras experiencias le valieron que su padre lo recomendara, pues según sus propias palabras ya no aprendería más ahí, paso de cubrir la nota roja a los eventos más importantes en la vida de las personas, cubrió bodas, banquetes, bautizos y todo tipo de eventos sociales, aprendió a trabajar contra reloj, entre líquido revelador y fijador, con equipos fotográficos y procesos diferentes, la consigna era la misma, antes de que los eventos terminaran se debían tener las fotografías listas para ser entregadas a la salida.Posteriormente, su experiencia y las relaciones de Don Ramón, su padre, lo llevaron a trabajar en el periódico “Esto” bajo las órdenes del señor Bartolomeo Ornelas, quien había sido alumno de Don Ramón, reforzó sus conocimientos, su corta edad y tamaño no fueron impedimento, con algún banquito que tomaba por ahí, alcanzaba las amplificadoras gigantescas para él, era un “chamaco” con el aprendizaje y la experiencia de un fotógrafo hecho y derecho.

Verlo trabajar era un espectáculo, los jefes del periódico solo atinaban a decir ¿cómo es que sabe tanto estando tan pequeño? Fue así que se ganó el respeto de ser considerado un fotógrafo más de aquel diario deportivo,  llenándose los ojos de luz, capturando momentos irrepetibles, mágicos, tenía el poder de perpetuar un momento, un instante para deleite de los lectores de aquel medio.

Su trabajo lo llevó acolaborar en varios periódicos, también emigró a la sultana del norte al “Porvenir de Monterrey”, sin quedarse quieto, el destino lo llevó a Mochis Sinaloa, el lugar donde conocería al amor de su vida la señora Berta Celia Torres Hernández, quien no solo fue paciente espectador, sino que se adentró en la actividad “hicimos equipo, nos complementamos… y si volviera a casarme sería con él” asegura la señora.

Como muchas personas del interior, llegó a La Paz, su capacidad y experiencia le valieron trabajar en el periódico El Sudcaliforniano de ahí se pasó a “El Peninsular”, sin embargo, salió de ese periódico para comenzar una aventura diferente, montar su propio estudio fotográfico.03 ACMA, VMLR, FAC, AAAA y Don Carlos Reyes 2Fue pionero de la fotografía a color, pasó de la nostálgica toma en blanco y negro a la fotografía a color, con mucho trabajo, dedicación y desvelo demostró que las fotos a color no eran exclusivas de los grandes laboratorios fotográficos, y nuevamente inicio el proceso de aprender, eran equipos distintos, en los cuales se tenía que regular el color con diversas sustancias para obtener un óptimo resultado, muchos pericos le salieron azules, pero al final, logró su cometido, los pericos ya salían verdes.Los gobernadores de aquellos años no se mostraron ajenos a la maestría con la cual, Don Carlos manejaba la lente, al igual que otros compañeros de la prensa, se iba hasta por quince días a las giras por todo el estado, compartió el pan y la sal, los vio a través de su cámara, pero también con los ojos del ser humano, ahí, en el trajín que representaban aquellas giras de trabajo los conoció, más allá del funcionario, a la persona, la misma que apoyaba y estrechaba la mano de sus gobernados, en la sierra, en las rancherías, en los campos pesqueros, ahí anduvo con cámara en mano recopilando la memoria fotográfica de aquellas entrañables administraciones, fueron más de cuarenta años.

Entre broma y broma recuerda que a veces las jornadas eran extenuantes, y las giras eran largas, reporteros, fotógrafos, funcionarios de todos los niveles y hasta el mismo gobernador conformaban más que un equipo de trabajo, conformaban una familia, sin embargo tras varios días fuera de casa empezaban a ver al compañero con otros ojos, e incluso a uno que otro le dijo –oye, tu… no ¡eres feo eh!, obvio era broma, pero eso rompía con el estrés del trabajo y la tristeza de no ver a la familia, además de ser el pretexto perfecto para soltar una sonora carcajada.

04 Don Carlos y Bertitha

De esos días, recuerda con cariño a Feliz Agramont, Ángel Cesar Mendoza, a Alberto Andrés Alvarado, Víctor Liceaga, Guillermo Mercado, Narciso Agúndez y finalmente, Marcos Covarrubias, todos distintos, todos humanos, todos con pasiones y debilidades, esas que solo se pueden ver muy de cerca, más allá de la relación de jefe-subordinado.

La política y los hombres muchas veces son ingratos, y es que todos y cada uno de aquellos gobernadores eran rodeados de fulanito, menganito y zutanito… los mismos, que una vez pasadas las mieles del poder, fueron desapareciendo… recordó un día en que visitó a uno de esos gobernadores, postrado en cama, disminuido, ya sin aquellos bríos, pero sobre todo, sin aquellos que lo lisonjeaban, y Don Carlos llegó hasta ahí, como el compañero, como el amigo, porque en la cárcel y en la cama es cuando se demuestran quienes están realmente contigo.

Con el orgullo que solo puede tener aquel que se ha mantenido, recto, ético y sin dobleces, Don Carlitos habla de que nunca aceptó ni un solo peso de ningún funcionario, y eso le fue reconocido por Don Alberto Andrés Alvarado en público y frente a los demás compañeros de prensa, trabajo sí, mucho, quienes llegaron al poder, iban con él, le pedían las fotos para la campaña y una vez en el puesto, la foto del funcionario y su familia, pero también con su gabinete, esos tiempos los atesora profundamente.Pero su relación, insiste, fue más allá de las oficinas del Palacio de Cantera, participó de las fechas importantes para las familias de los funcionarios, esas donde se veía de cerca al padre, al esposo, al amigo, aquel que solo la familia conocía, fue fotógrafo de gobernadores, de aquellos hombres que dirigían los destinos de nuestro naciente estado, esos hombres que en la privacidad de su casa eran cobijados por el amor de sus familias.

De ellos guarda los recuerdos más entrañables, como cuando Don Félix Agramont llegó a la población de Punta Abreojos, y ahí ante una situación de enfermedad de una señora de la localidad, ordenó su traslado en avión para que se atendiera en la capital, esas eran las acciones de las cuales él fue testigo, gobernadores cercanos a la gente, que no permanecían ajenos a las más apremiantes necesidades.

05 AMCA, dona Luz Davis de Mendoza y sus tres hijos, entre ellos, el actual Gobernador de BCS 2

De Don Ángel Cesar recuerda su cercanía con la gente, el amor que los pobladores de todos lados le profesaban, “le envolvía un carisma especial… ese hombre era un dulce”, dice, y así cada uno de los gobernadores que fotografió le dejaron profundos recuerdos.

Don Carlos, habla con nostalgia, pues recuerda que antes, todos eran una familia, la prensa y los funcionarios, se hacían compadres, amigos y permanecían unidos, hoy ya no es así, la forma de relacionarse ha cambiado, el círculo de colaboradores es mucho más cerrado; de traiciones y desconocimiento a la amistad también supo, sin embargo, las dejó de lado, pues afirma que todos y cada uno de los políticos son ellos y sus circunstancias, todas muy particulares.

06 Carlitos Reyes, la leyendaAdemás de aquellos políticos, conoció a las familias sudcalifornianas más representativas de la época, iban a su estudio y ahí Don Carlos hacía su magia, y era magia de verdad, ya que no solo bastaba tenerlos unos parados y otros sentados, no, llegado el momento, los acomodaba, los veía y los volvía a acomodar, siempre buscando la armonía de la foto, pero sobre todo la armonía de la familia y que cada uno reflejara su más profunda personalidad.

Recuerda que en cada una de esas sesiones fotográficas le venían a la mente las palabras de alguno de sus maestros –Nunca toques a ninguna persona con tu mente sucia… y así lo hizo, porque en ello estaba el éxito de su trabajo, pero también la confianza y comodidad de sus clientes, de sus amigos.

La recompensa del fotógrafo, es la confianza de la gente, esa que solo se gana con un trabajo bien hecho, y Don Carlos se la ganó a pulso, al grado de permitirle la entrada a la casa de las personas y poder sentarse a la mesa y compartir los alimentos, esos, dice, son los detalles que incitan al fotógrafo a entregar el 100% en cada fotografía porque en ella va la esencia de las familias, pero también el amor que le tiene a su trabajo.

De igual forma, a través de su lente pudo presenciar eventos sumamente importantes para nuestra entidad, la visita de la reina Isabel II de Inglaterra, el arribo del presidente de Estados Unidos, Ronald Reagan, pero también vivió las tragedias que calaron hondo en los pobladores de estas tierras.

07 En su laboratorio actual

Una de ellas fue la explosión de un barco en donde ahora es el muelle fiscal, recuerda que el estruendo cimbró los ventanales no solo de los negocios que estaban en la zona del malecón, sino también en la zona del centro, venia cargado con muchísimo combustible, pero afortunadamente no hubo víctimas.

No pudo decir lo mismo del otro evento trágico que enlutó a la capital de nuestro estado, el paso del ciclón Liza, su mirada se pone pesada, incluso la música que escuchamos le agrega un toque dramático a su narración y sin más ni más nos narra lo que fue presenciar el paso del meteoro:

Yo nunca en mi vida había presenciado un ciclón, y así como yo mucha gente no tomó las providencias necesarias para prevenirse de esa situación, ocurría algo, mucha gente de fuera se vino al valle de Santo Domingo a la pizca de algodón, y cuando terminaban se venían a La Paz, y esa gente empezó a hacer sus casas en medio del arroyo, ahí ¿quién les iba a decir algo? Pues nadie, entonces mucha gente se quedó ahí, unas… no sé, 300 o 500 gentes, hubo una persona que hizo en medio del arroyo una casa de dos pisos, otras de madera, otras de lámina, otras de cartón, empezó a llover muy fuerte y los soldados dijeron hay que ir a sacar esa gente, pero la gente no se quiso salir; decían es que nosotros vivimos muy bien aquí, mire aquí tenemos una casita, aquí tenemos una estufita de petróleo, nuestra televisión, mi sala, mi cama, ¿cómo cree usted que me voy a salir? y decidieron no salirse.08 Félix Agramont Cota, ACMA y Hugo Cervantes del Río

El resto de la historia es por todos conocida, pasadas las lluvias, salió, y le tocó retratar la tragedia, la magnitud de un evento que a muchos tomó por sorpresa, asevera que no tuvo miedo, pero fue más por el desconocimiento que por otra cosa, pasó la noche leyendo a la luz de una lámpara de petróleo, no sabían lo que era el paso de un fenómeno de tal magnitud, al día siguiente, no había agua, no había luz, sin teléfono, sin nada…

Rápidamente, le fue encomendada la tarea de armar un reportaje para el periódico Excélsior de la capital del país, el cauce del arroyo estaba sembrado de cuerpos, inertes, retorcidos, algunos solos, otros abrazados al padre, a la madre o a los hijos, se le partió el alma, sin embargo, tenía que cumplir, metió los rollos en bolsas de plástico y las envió a la capital del país, a cambio, Excélsior no perdió el tiempo y le ofreció la corresponsalía, no acepto, no quiso…

10 Don Ángel César Mendoza Arámburo

En la actualidad, la experiencia en la que se forjó de pequeño en la fuente policiaca lo hace voltear y ver a aquellos que se autodenominan reporteros, y asevera que se ha perdido el valor de la nota, de la información y se ha llenado de imágenes grotescas, de momentos por demás devastadores, y asevera que nunca se debe perder la ética a la hora de informar, algo que en la actualidad brilla por su ausencia.

El ejercicio profesional, nos dice, se ha abaratado, y eso le ha hecho un terrible daño a quienes viven de la fotografía, y el problema es que ahora, cualquiera que tenga una cámara se hace llamar fotógrafo y peor aún, malbarata una sesión de fotos, un trabajo, lo cual deja muy mal parados a quienes viven de ese noble oficio.

Nos dice que lo entiende, sin embargo no lo acepta, ya que él, con 81 años de edad y más de 60 en esta noble profesión ha forjado toda una carrera, haciendo de la lente más que una profesión una forma de vida, tomar una foto no es solo agarrar una cámara y apretar un botón, no basta, no es suficiente, en su caso, aprendió todos los procesos de la fotografía “clásica”, sin embargo, no se quedó ahí, habría sido un error no voltear a la fotografía digital, a los procesos en computadora, aprendió en la práctica, sí, pero también estudió y se fue con los mejores, y una muestra son los seminarios y cursos que tomó en la West Coast School de Estados Unidos, todo con un solo objetivo, ser el mejor y brindar el mejor producto a sus clientes, a sus amigos.

09 Don Félix Agramont Cota

Sin embargo, algo más importante, dice, es la sensibilidad, esa misma que se necesita tener a flor de piel para encontrar la postura, el ángulo, la coordinación, la armonía, el conjunto y conformación de un encuadre, eso no se aprende en la escuela, no.

Cuando se le pregunta que les recomendaría a las nuevas generaciones, suspira, se toma un momento y nos dice:

“Que se preparen, que estudien, que sean éticos, que trabajen honestamente, porque de otra manera no van a alcanzar los objetivos que quieren alcanzar, de nada sirve tener una trayectoria si está manchada”.

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Resumir una vida profesional con tantas y tantas anécdotas en unas cuantas líneas es sumamente complicado, es por ello que la mejor manera de conocer a este icono de los medios de comunicación gráficos es apreciar su obra para lo cual nos adelanta apenas, que ya prepara algo.

Es así como Don Carlitos nos abrió las puertas de su casa, pero más que eso nos abrió las puertas de su corazón, y nos hizo sentir en cada palabra, la profunda pasión con la que abraza su trabajo, su profesión, su primer amor, la fotografía.

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