Intolerancia se viste de AMLOfobia

Por Ángel Cu Ambriz

11 Intolerancia se viste de AMLOfobia

 La “transición de terciopelo”, ha sido acompañada de sucesos que darían la impresión que el cambio de gobierno ya ha sucedido. En opinión de politólogos reconocidos, este ha sido un hecho sin precedente en la historia del presidencialismo en México.

Algunos dicen que la serie de actividades realizadas por el gabinete electo, obedecen justamente a hacer fluir las nuevas estrategias sin mayor sobresalto a partir del primero de diciembre. Otros piensan que el capital político y legitimidad resultante de la enorme diferencia en votos resultado de la elección presidencial, presiona las actividades del presidente electo a manera de ensayo general antes de salir propiamente a escena como presidente constitucional.

Cualquiera que fueran los motivos reales; la agenda política del país la determinan las actividades López Obrador y su gabinete postulado.

A la par, el final de las negociaciones para un tratado de libre comercio modernizado, el sexto informe de gobierno de Enrique Peña Nieto, la liberación de Elba Esther Gordillo, el caso de Javier Duarte y otros acontecimientos, en conjunto todo esto se ha convertido en materia prima para un fenómeno que no se detuvo al final de las campañas y que ha merecido el estudio de académicos.

La llamada “Amlofobia” se caracteriza no solamente por denostar la figura de López Obrador, exagerar sus pifias o denunciar sus probables hierros.

“Chairos”, “pejezombies”, “lopitetos” y “prietos”, son lo más gentil con lo que uno se topa en las redes sociales. Memes cargados de denostaciones a quien simpatice con el candidato ganador, no han dejado de circular y suben de tono, corregidas y aumentadas de otras campañas recicladas que hayan permeado en la ciudadanía.

Esta manifestación de intolerancia ha sido estudiada por psicólogos sociales y especialistas en fenómenos de masas.

“Sociológica México” publica con la firma de Anna María Fernández Poncela, sobre un documento de “Mass Psychology, Social Identity, Epidemics, and Rumors: Influenza in Mexico” y basado en la teoría del investigador en psicología de masas Muné: fenómeno sociológico cuya unidad viene dada por el hecho de que una pluralidad de personas se encuentran en interacción tal, que pueden reaccionar o reaccionan de una forma más o menos homogénea y simultánea, ante un estímulo común o según un interés compartido, sin llegar a organizarse (Munné, 1987: 184).

Respecto a la reacción colectiva sobre algún suceso o personaje el investigador Bon comenta: “En el alma colectiva se borran las actitudes intelectuales de los hombres y, en consecuencia, su individualidad. Lo heterogéneo queda anegado por lo homogéneo y predominan las cualidades inconscientes” (Le Bon, 2005: 30).

El autor pone el énfasis en la sugestibilidad y en la credibilidad excesiva y contagiosa; unidad mental, sin sentido crítico, con sentimientos irresistibles, exagerados y simples; instintos incontrolables; irritabilidad e impulsividad; autoritarismo e intolerancia.

Freud, por su parte, pensaba que las masas funcionan entre el sueño y la hipnosis desde el inconsciente, sobrecargadas de emociones, y las califica de locas y primitivas, una suerte de regresión intelectual y afectiva de la civilización misma.

En la FES Acatlán de la UNAM, el investigador Jaime Pérez Dávila, quien coordinó una investigación sobre el fenómeno llamado “AMLOFobia” alertó que los mexicanos se han confrontado tanto dentro de las familias como en centros laborales y entre amigos, con un lenguaje discriminatorio hacia AMLO y los simpatizantes de Morena. De acuerdo con el autor, su obra conduce a la creación de un “Intolerómetro”, que va desde un lenguaje despectivo hacia la forma de hablar del político tabasqueño, y el más extremo, considera los llamados a terminar con la vida del aspirante presidencial, los cuales incluso han sido emitidos por líderes de opinión.

La investigación fue realizada mediante entrevistas directas a personas declaradas anti AMLO.

El desgaste social, el ruido comunicacional y el estresamiento colectivo a causa de manifestaciones de este tipo, etiqueta a quien difunde este tipo de mensajes, pero sobre todo enturbia la información que en las circunstancias en las que vive nuestro país y nuestro estado debiera ser lo más transparente y fluida posible, para poder establecer criterios de conducta mínimamente claros y así  los ciudadanos podamos adaptarnos a los cambios por venir, supervisar las estrategias y finalmente exigir se cumplan nuestros derechos.

En nuestro país contamos con cartonistas de primera línea y los más reconocidos se conducen impecablemente en la crítica sustentada; el humor político siempre ha sido saludable para las sociedades del mundo, eso no puede negarse, también lo abalan los sicólogos sociales de todas las corrientes; pero eso es muy diferente a denostar a un grupo de la sociedad por cualquiera que pudiera ser su preferencia, en el área que sea.

Si ya estamos lastimados por la corrupción e impunidad, la falta de oportunidades para la movilidad social, poco abonamos a la salud colectiva con fobias de masa.

Adiós a la fobia de masas y bienvenido el humor político.

AMLO manda llamar a Pepito y le dice: – Oye me enteré de que estás diciendo que cuando me muera vas a ir a escupir en mi tumba, ¿es verdad eso? – No, eso es mentira, ¿Ud. Sabe? A mi nunca me ha gustado hacer filas.

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