¿Fin de la partidocracia?

  • Morena, hora de definiciones
  • El Congreso Morenista ¿realmente opositor?
  • Minera los Cardones, prueba de fuego

Por Federico Gastélum Mayoral

Mucho tiempo ha pasado, desde aquella ocasión en que nuestro país pasáramos se der gobernados por un partido único, al de régimen de partidos como vivimos en la década de los noventa en que se habló ya de un bipartidismo o quizás tripartidismo cuando la izquierda solo se conformó ya con solo gobernar la capital del país, a la vez que con algunas alternancias como fuera la de nuestro estado por allá en 1998 y en la que los sudcalifornianos nos sintiéramos como un pueblo “avanzado” o politizado en eso de las virtudes democráticas, y en que pensábamos que al allanar este nuevo milenio iríamos teniendo todas las cualidades de una sociedad civilizada. Lastres como el de la corrupción, opacidad en las finanzas públicas, gobiernos autócratas, nepotismo etc., serían ya cosas del pasado, excepto que al avanzar de los años nos fuimos dando cuenta que los mismos vicios del PRI  ser irían reproduciendo en los demás partidos, y hasta con mayor fuerza.

5 Fin de la partidocracia

Así tenemos que a la par surgió la noción de que los mexicanos estábamos siendo gobernados por una “partidocracia”, y que nada importante en la vida pública sería posible sin la intervención de estas organizaciones que a su vez fueron consagradas en la constitución política como “de interés público” y que por lo mismo ningún candidato podía ser electo sino a través de ellas. Todo esto claro sino hasta el pasado año en que fueron aprobadas las candidaturas independientes con escasos resultados que de una manera aislada han sido triunfadoras en uno que otro estado de la República. De la misma manera surgió desde principios del 2000 el sempiterno candidato de la izquierda Andrés Manuel, quien a lo largo de casi 18 años y en tres ocasiones fue candidato primero del PRD, la segunda también, para llegar al 2018 con su propia escudería surgida desde el 2012 pero ya no con el estigma de ser un partido más, sino como el de ser un “movimiento” de ciudadanos pero ya con registro ante el INE a partir del 2014.

En la pasada elección de Julio, quedó claro que el desgaste sobre todo de lo que en Manu Dornbierier diera en llamar el famoso “PRIAN” abrió paso a esta nueva forma de organización política (Morena), basada en el carisma, pensamiento y dictado de un líder excepcional como lo ha sido AMLO. Claro, al decir esto de excepcional, lo digo no por su calidad de estadista o gobernante, sino de un personaje que logró personificar al mesías bíblico que salvaría a nuestro pueblo de todos los males que aquellos partidos le han ocasionado debido más que nada por su calidad de corruptos y entreguistas del país (como estos les llaman) pero que pues ahora con el nuevo presidente, todo esto pasaría a ser historia.

Sin embargo, a medida que la neblina que el jolgorio y la celebración del triunfo del ahora nuevo presidente electo se disipa, van quedando a la vista las grietas y los defectos que al hasta hace poco partido monolítico  parecía ser. Personajes de triste memoria han empezado a resurgir, y no como nuevas figuras de la política, sino con el más sombrío pasado de la prehistoria revolucionaria. Líderes sindicales que parecen sacados del parque jurásico (aunque hecha la aclaración de que no serían parte del gobierno) salen a la luz, pero además han quedado en evidencia las disputas entre lo que se consideraba el “estado mayor” del movimiento de AMLO, lo que nos hace pensar que no todo el decálogo del nuevo redentor se cumplirá al pie de la letra por todo su equipo.

Por si fuera poco, los mandos inferiores diseminados en la mayoría de los estados de la república, integrada por lo que antes eran plena burocracia y que ahora son desde regidores, diputados, alcaldes y hasta gobernadores electos, no parecen tener una clara idea de lo que su “comandante en jefe” es lo que quiere. El ejemplo lo tenemos en la integración de la mesa directiva de la ahora XIV Legislatura, en que hubo desencuentros entre pares de la misma “bancada” (si es que existe) de Morena. O sea, sin alguna directriz de partido o claridad de liderazgo.  Es de suponerse, en el mejor de los casos, que los liderazgos dentro de este partido irán surgiendo a medida que la aceptación de la ciudadanía los vaya percibiendo como tales o como “candidateables” para la próxima elección, lo que tomará cierto tiempo.

Es muy probable que muchos de los diputados electos por Morena, que no tienen una filiación muy clara a ese partido, o que persigan los mismos objetivos que sus predecesores, empiecen a poner en subasta su voto de apoyo al ejecutivo, o al mejor postor, lo que no representará precisamente una fuerza opositora o de contrapeso al mismo. El resultado será que prácticamente el campo es fértil para que la sociedad deje de  jugar al ostracismo y haga evidente su fuerza como lo ha sido por ejemplo en el caso ahora de la aprobación del uso de suelo a la minera “los cardones”, en que los funcionarios que tienen que ver o han tenido que ver se “echen la bolita” y no existan responsables a quien fincarles por ejemplo, la aprobación apócrifa de uso de suelo, que se hiciera hace casi 4 años, y no exista una voz que acuse o finque responsabilidades a quienes han hecho del quehacer público un ejercicio inútil. Las muestras palpables para exigir a funcionarios su debida responsabilidad se hicieron presentes en la explanada de gobierno. No más alcaldes que evadan estos asuntos como lo hizo Armando Martínez y ahora se la avienta al que viene. La cosa es de que, ¿será ahora la hora de las definiciones? ¿Será claro ahora Rubén Muñoz en darles la espalda a estos mineros que atentan contra un patrimonio inapreciable para los sudcalifornianos?

Sin embargo, tenemos ahora ahí en el Senado de la República la presencia del ahora senador Napoleón Gómez Urrutia, traído exprofeso por el mismo Andrés Manuel López, y prácticamente exonerado por sus presuntos delitos de fraude al no pagar su seguro a los mineros de la minera Pasta de Conchos, en el accidente que tuvieron por allá en el año del 2006, y que pues ahora todos nos preguntamos sobre el papel que tendría la minería en tiempos de AMLO, sobre todo estando a la vista su afinidad con Ricardo Salinas Pliego (también empresario minero). Con todo esto a plena vista del público, la pregunta sería ¿vendrá la respuesta de la minera Los Cardones después de diciembre de 2018? ¿Tendrán estos su revancha? ¿Las autoridades locales tendrán el valor de enfrentar el próximo trabuco que les espera?

Por ahora podemos decir que este round lo ha ganado la sociedad, ¿saldremos exitosos en esta defensa con las próximas autoridades ya a punto de ungirse? El tiempo muy pronto nos los dirá.

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