Las organizaciones de la sociedad civil en el nuevo contexto

María Luisa Cabral Bowling 

1 Las organizaciones de la sociedad civil en el nuevo contexto

Después del 10 de julio, queda claro que lo que cambió en México fue la decisión de la mayoría de los votantes. El gran apoyo para la propuesta de una verdadera transformación política y el muy bajo porcentaje de votos de los tres partidos tradicionales, PRI, PAN y PRD, sorprendió a todos, incluyendo a los propios partidarios de Morena.

La sociedad mexicana demostró que ha madurado mucho a punta de trancazos, y mostró su hartazgo y su decisión de cambiar las cosas de la mejor manera, por la vía pacífica y electoral. Todo ello a pesar de que no se quisieron hacer cambios para evitar la compra y coacción de voto, la distorsión de las campañas políticas y a pesar del clima de violencia, no solo en torno al narcotráfico y toda la problemática que se produce alrededor de este, sino también la violencia contra los activistas y los movimientos organizados, contra las mujeres y niñas, contra los periodistas y la violencia social e institucional en general, que a veces no solo es de comisión sino de omisión, como en el caso del nivel inaceptable de impunidad.

Esta situación ha dado lugar a reacciones organizadas de la sociedad y otras más espontáneas y no tan organizadas pero que definitivamente fueron construyendo las condiciones de posibilidad del cambio el 10 de julio.

Hay de todo en las organizaciones de la sociedad. Han surgido organizaciones que defienden derechos humanos, organizaciones contra la violencia a las mujeres, contra las desapariciones, contra los megaproyectos y contra la minería tóxica, en defensa de los derechos de las comunidades no solo indígenas sino de todo tipo y su nivel de organización y su alcance es muy diferente a lo largo de nuestro país. También hay que decir que no están todas las que son, ni son todas las que están. Es decir, también han surgido “organizaciones de la sociedad civil” que en realidad disfrazan los intereses de grupos económicos poderosos y que son subvencionadas por estos o que son francamente representantes de los intereses de las grandes corporaciones, como es el caso de las organizaciones medioambientalistas más grandes como las WWF o la Nature Conservancy, que son las mayores terratenientes en Estados Unidos y cuyos intereses están vinculados con las farmacéuticas, la industria aeronáutica y bélica y la protección de la biodiveresidad como stock de información genética y no precisamente por amor a la naturaleza y en donde las comunidades locales, son lo que menos importa.

En estos casos hablar de organizaciones “fifí” como las denomina López Obrador, es quedarse corto. Si por organizaciones “fifí” se entiende organizaciones supuestamente filantrópicas que solo atienden problemas de manera superficial, también existen, pero las organizaciones de la sociedad civil son mucho más que eso y hay de todo y hay muchas que si atienden problemas profundos de la sociedad y que deben ser apoyadas y promovidas y distinguirlas de aquellas que solo simulan, o son formas solamente de bajar recursos sin mayor incidencia social pero sobre todo de aquellas que pretenden ser lo que no son y cuya incidencia es muy diferente a la que dicen pretender.

Uno de los aspectos más interesantes del crecimiento de las organizaciones de la sociedad civil se ha dado en las organizaciones internacionales, en donde han obligado a estas instituciones no solo a contar con las representaciones oficiales de los gobiernos para acordar las agendas internacionales sino a tomar en cuenta y cada vez más a las organizaciones de la sociedad civil y a su representación en los foros internacionales, obligando a un mayor avance en cada uno de los temas de las agendas internacionales: violencia contra las mujeres, medio ambiente, cambio climático, prevención de riesgos de desastre, financiamiento para el desarrollo, derecho a la ciudad, derechos de las comunidades indígenas, entre otros muchos temas. Y estas organizaciones trabajan a nivel de base, en las comunidades en los distintos países y en los foros internacionales, haciendo ver las necesidades reales de la sociedad y empujando los cambios en las agendas internacionales. Su avance se ve también reflejado en la elaboración y seguimiento de los Objetivos para el Desarrollo Sostenible. Este trabajo permite promover que los organismos internacionales promuevan los acuerdos internacionales que a su vez obligan a los gobiernos a atender las necesidades más sentidas de la sociedad.

Por supuesto, en este proceso se puede ver el impacto devastador, pero también movilizador que ha tenido en buena parte del mundo la imposición del modelo neoliberal y el mal manejo de la crisis económica en esta etapa de cuestionamiento de los resultados de la llamada globalización.

En esta nueva etapa en que se está promoviendo un verdadero impulso a una transformación de fondo a nuestro sistema político, para la reconstrucción de nuestro país en todos los aspectos, combatiendo la corrupción y la impunidad, será fundamental que las propias organizaciones sociales profundicen su incidencia y colaboren para una verdadera transformación positiva de nuestro país.

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