Editorial

Hace más de un mes, la efervescencia política concluyó con la elección del próximo presidente de la República y pareciera que volvemos a ella dada las inercias de los resultados, sobre todo para los partidos perdedores, porque sus militantes han pedido las cabezas de sus respectivas dirigencias, unos, acusados por no saber representarlos, la soberbia y el nulo apoyo a quienes fueron sus candidatos; otros, por simulación, y un tercero, porque su periodo concluirá en breve, pero aquí, a diferencia del PRI y del PAN, en Morena la disputa por la presidencia estatal del partido, es porque todos se sienten triunfadores y al mismo tiempo, creen que todos, tienen derecho a ocupar el puesto del liderazgo estatal, que cuando al inicio de formación este partido Morena, nadie de los que ahora están en la puja, querían hacer esa labor de tierra y campo.

Por lo que corresponde al partido mayormente vapuleado, el PRI, encontramos mucho coraje y resentimiento en contra de su “líder” estatal, pues desde que asumió el cargo en septiembre del año pasado, nunca supo entender a los grupos que manejan al partido, y le reprochan no solo su capricho de haber exigido -al no ser candidato al senado en primera fórmula- una candidatura a la diputación por la vía de la representación plurinominal -de las que no necesita hacer campaña, aunque dada las circunstancia y para beneplácito de los priistas, no alcanzó a llegar al congreso de la Unión-, sino de mantenerse en casi todo este año alejada de la militancia, de los simpatizantes -aunque sean pocos-, de los candidatos, de las estructuras como de las dirigencias municipales, además de no apoyarlos con recursos económicos. Lo peor del caso, es que esa dirigente estatal Gabriela Cisneros Ruiz, acumuló una deuda con proveedores, personal administrativo, agencias de viajes, arrendadoras de autos y salones para eventos especiales por casi 5 millones de pesos.

Sin embargo, y después de su reciente visita a la ciudad de México donde se reunió con la dirigencia nacional de su partido, regresó con “las pilas cargadas” y ahora si está llamando a esa militancia a la unidad y a la reflexión, para reencausar el rumbo del tricolor, pretendiendo no abandonar el timón de ese barco que se encuentra totalmente hundido.

Dicen que cuando el río suena es que agua lleva y el clamor de la militancia priista, es que exigen que Gabriela Cisneros, no solo deba renunciar al cargo sino rendir cuentas del por qué esa deuda que mantiene por casi cinco millones de pesos, cuando las prerrogativas llegaron en tiempo y forma, preguntándose, ¿dónde está ese dinero?

En el caso del Partido Acción Nacional, la situación es diferente, piden la cabeza del dirigente estatal, Javier Bustos Alvarado por lo que pudo haber hecho y no hizo, lo señalan de no fortalecer las campañas de todos los candidatos a quienes dejó al garete en esa labor, y exigen además, que quien le suceda, tiene que ser un activista con arraigo, es decir con militancia efectiva, que entienda que la idiosincrasia del sudcaliforniano es muy diferente a la de Michoacán o de Sonora.

Por lo que se refiere a Morena, la cosa es totalmente distinta. Dice el dicho que en la victoria, muchos se sienten padres de ella, y por ende, todos se sienten con derecho a encabezar al partido en el estado, por lo que se verá una verdadera lucha entre las distintas fuerzas que representan, por un lado, Leonel Cota Montaño, a quien recordamos cuando renunció al PRI y se enlistó en el PRD, llegó no solo con sus amigos sino que desapareció aquella militancia que le costó hacer al partido; y también al actual senador electo, Víctor Castro Cosío, y no podemos dejar fuera al actual alcalde electo de La Paz, Rubén Muñoz Álvarez, que conociéndolo, no dudamos que también vaya a influenciar para poner a sus alfiles, o entre los grupos se dividan la plaza.

No dudamos que la sucesión en la dirigencia estatal de Morena, se vuelva agreste, por no decir violenta, pero ahora resulta que todos pelean el derecho de ocupar esa responsabilidad, cuando en sus inicios nunca quisieron hacer esa labor de ir casa por casa pidiendo el apoyo para poder lograr el registro de Morena como Partido.

Sin embargo, el que suceda a Alberto Rentería Santana, no la tendrá nada fácil, pues logró establecer estructuras y conformar comités en los cinco municipios, además de todos los representantes de casilla y de llevar por buen camino la elección de las candidaturas, y hasta obtener el triunfo en 15 de 16 diputaciones locales de mayoría relativa, ambas senadurías, 3 de cinco alcaldías y las dos diputaciones federales. O sea, no la tendrá nada fácil, y si piensa dirigir “de a muertito”, porque piense que el triunfo del primero de julio le da esa confianza, pues estará totalmente perdido. No será fácil esa elección, pero el que llegue, tendrá que hacer mucho más de lo que Alberto Rentería Logró.

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