Un día después: partidos con severa crisis de identidad

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El Rincón del Chamán para Revista Análisis BCS

El proceso electoral 2018 nos dejó entre otras cosas una profunda crisis de identidad de los partidos, al grado de llegar a peligrosos niveles de pulverización.

En términos coloquiales en México los partidos están hechos pinole. Esto contrasta con lo ocurrido con Morena que en horas se alzó como la primera fuerza política en el Congreso, se hizo de al menos seis gubernaturas (incluída la Ciudad de México) y un número aún no determinado de alcaldías. Lo malo es que etiquetan a Morena como el viejo PRI.

Fracasaron las otras alianzas y se salvaron aquellos políticos que saltaron del barco antes de hundirse.

manos

Veámoslo así. Las recientes elecciones se convirtieron en un enorme escaparate donde cada partido mostró sus huesos y la decadencia de la propia ideología que en su momento les dio a cada uno su razón de existir.

Las alianzas y la integración de las nuevas organizaciones partidistas encontraron en el pragmatismo la tabla de salvación para no quedarse al margen del poder y sus encantos.

Por si solos ningún partido de los partidos históricos ganaría una elección, esta verdad a secas justificó las alianzas impensables en otros tiempos entre políticos y partidos cuyas doctrinas eran como el agua y el aceite.

Un repaso sobre lo que hemos vivido en la arena política, nos permite advertir además que esta crisis se ha venido reflejando en la subrepresentación. Los partidos son representantes de minorías y no les alcanza para ser fuerzas dominantes.

Y no es por echarle a perder la fiesta a nadie pero los partidos tendrán que hacer una dura autocrítica después de estas elecciones y en muchos casos refundarse. De no hacerlo corren el riesgo de refundirse o desaparecer.

De botepronto advertimos un PAN hecho moronas, el PRD como el gran perdedor y a punto de quedar como partido bonsai, el PRI que ya nunca será lo que fue.

La excepción de la regla es Morena, un partido conservador y nostálgico del pasado, que se fortaleció con las debilidades de los otros partidos.

Y los partidos satélite, reconocidos desde siempre como negocios particulares y antítesis de la democracia, siguen haciendo lo de siempre, pactar para no perder sus prerrogativas. El PES, PT y hasta MC, son los ganones, pues tendrán lo que nunca imaginaron, derivado de la crisis de los partidos grandes.

La crisis doctrinaria

Los ciudadanos comunes y corrientes vimos como apareció un nuevo catecismo político y un inverosímil cambio de cachuchas.

Dos ex dirigentes nacionales del PAN (Germán Martínez y Manuel Espino para más señas) vieron la oportunidad de salir del hoyo y el olvido, renunciaron a sus creencias y se convirtieron a la nueva doctrina. Nadie sabe si por despecho o rencor.

La lista de conversos es larga. Son muchos ex priistas, ex panistas, ex perredistas, ex verdes y muchos oportunistas sexenales. Esto ya no sorprende a nadie.

Para no hundirse Manuel Velasco, gobernador por el PVEM, por ejemplo, anunció que su voto sería por ya saben quien y amarró un escaño en el Senado. Viéndose perdido el candidato del PRD en Morelos, Rodrigo Gayosso, anunció que su voto también sería para ya saben quién y nadie descarta que lo convenció su padre, Graco Ramírez, para ponerse a salvo.

El PRI es la mejor expresión de lo que pudo haber sido y no fue. En el fondo no cambió pese a ser el partido que sacrificó a muchos de sus cuadros como para que le creyeran que estaba cambiando. El actual sexenio se ha distinguido por aportar el mayor número de ex gobernadores sujetos a procesos penales.

El pragmatismo se la cobró al priismo y los errores de dirección lo empujaron a perder espacios importantes. Es la primera vez que el PRI va a la contienda presidencial con un candidato que no era de sus cuadros. El PRI hoy es un partido mediano.

Aquí dejo esto. ¿De qué tamaño fue la negociación de Peña Nieto y su grupo para hacerse a un lado y dejar libre el camino?

En el PAN también desafinan y feo. Una crisis interna de dimensiones colosales empujó al PAN a una purga interna que nunca habían imaginado. Tan grave que dos ex presidentes presidenciales de marca albiazul fueron expulsados de ese reino. Hoy el planteamiento va en el sentido de la refundación del PAN. En el último tramo de la competencia fue más evidente esta división con la integración de un bloque de gobernadores panistas en el que no aparecieron los cercanos a Ricardo Anaya.

Y del PRD ni que decir. El partido representativo de la izquierda, con una raiz histórica que quedó aplastada por el pragmatismo de sus propias tribus. El PRD hoy tampoco es la sombra de lo que fue. El Movimiento Regeneración, que surgió de sus despojos, se alzó como el ganador absoluto.

Morena se transformó en recipiente donde todos los personajes más controvertidos de las últimas décadas se purificaron. Eso les costará mucho, ya verán. Y si no pregúntenle a Napo y a Bartlett.

Y entrados en gastos. La segunda gran generación de partidos bonsai o partidos satélite, también han dado bandazos haciendo todo para mantenerse dentro del presupuesto.

Hace tres años el PT estuvo a punto de perder el registro, lo salvó el PRI. A lo largo de dos décadas esta organización conocida como “partido de cartel” ha subsistido por sus alianzas. No más. El PT ha jugado con todos y se acomoda. En el Senado fue fachada de Morena, tanto que esa bancada creció más que el PRD gracias a las renuncias de perredistas, priistas y panistas que decidieron cambiar de cachucha sin perder prerrogativas. Aunque usted no lo crea.

El Partido Encuentro Social, un partido conservador de reciente aparición en el espectro político nacional, también mostró sus habilidades de negociación y fue el primero en acomodarse en la alianza con Morena, por afinidad de ideas religiosas.  El PES también jugó en Morelos y aplicó la “cuauhtemiña” para llegar al poder. Junto con el PT tendrá como premio espacios en el Congreso y sobre todo, las prerrogativas federales.

El PES y PT tendrán cada uno no menos de 70 curules en San Lázaro. Uf Y no menos de siete escaños en el Senado, cada uno. Uf uf uf.

El Panal fue el partido que organizó Elba Esther Gordillo para el manejo clientelar de los maestros. Sin pena ni gloria, tiene asegurada su posición el próximo sexenio.

El Movimiento Ciudadano, el partido de Dante, también se reveló como un partido que se supo acomodar con la alianza PAN-PRD. Ganó tal influencia que decidió ir por la libre en Jalisco y ganó la gubernatura.

Por quién no pudieron hacer nada en ese entonces fue por el Partido Humanista, organización que sorprendentemente hizo su candidato a Súper Barrio Gómez para el gobierno de la Ciudad de México, entidad que da para otra entrega.

Hace 20 años Norberto Bobbio advertía en un libro ya clásico, Destra e siniestra, la manera en que comenzaron a diluirse los polos ideológicos de los partidos. La izquierda y la derecha se convirtieron en simples clichés o etiquetas de los partidos, pero en realidad el pragmatismo los empujó a invadir los espacios de unos y otros y dio paso a la derechización de la izquierda y también al revés.

Para los ciudadanos el problema es que los partidos, aunque decadentes, siguen costándole mucho al erario público y lejos de trabajar para demostrar que son instituciones de interés público, sólo siguen encareciendo la democracia.

 

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