Las niñas de la voz de miel

Por Francisco Javier Lino Briones

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¿Supongo que es usted el profesor Lino? Me preguntó una de ellas cuando las recibía en la sala de espera del aeropuerto con esa voz dulce -miel- o como de seda, si es que se puede mencionar así a la voz de una persona, aunque ya recuerdo que a un cantante así se le conocía “el de la voz de seda”, Juan Arvizu; y luego de darle la bienvenida nos subimos al auto para salir hacia Cabo San Lucas, en donde nos esperaba una gran tarea pues aunque llegaron con la intención de disfrutar del Cabo turístico, tenían que esperar unos días más ya que la tormenta “Bud” estaba anunciada como un fenómeno meteorológico que pegaría de lleno en nuestra población y había que preparar todo para su paso, de tal forma que las primeras tareas fueron con escoba y trapeador.  El mar debía esperar.

Luego del paso “Bud” trabajamos un rato en limpiar todo -por fortuna la tormenta pasó costeando- y no la tuvimos encima, así que solamente dejó agua en tal cantidad que no dejó daños, solo bendiciones para nuestras sedientas montañas.

Dimos una vuelta a la playa “La Empacadora” y definitivamente no estaba en condiciones para meterse; es  más, la arena llegó hasta la carretera y por lo tanto no permitían el paso a la gente, así que vamos para atrás, a caminar a la Marina de Cabo San Lucas.

Ellas también disfrutaron las montañas que forman parte de la Reserva de la Biósfera de la Sierra de la Laguna, porque el fin de semana salimos en nuestra 4 x 4 hacia el rancho “La Sabanilla”, viaje en el que nos acompañó Patricia Lara, pues Santiago y doña Reyna son sus abuelos, también se nos pegaron de chicle Sergio y Abraham. Pero antes pasamos a otro rancho muy apreciado por nosotros “La Ramadita” de mi querido compadre Salvador Ceseña, en donde las niñas disfrutaron viendo cómo se ordeñan las chivas, además de cómo salen en estampida cuando se les abre la puerta para que salgan a ramonear.

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¿Qué no disfrutamos en esos lugares? Paz, calma, quietud, esmerada atención. El sábado por la tarde llegamos a “La Sabanilla”, en donde no estaban Santiago y su esposa, pero los ciruelos estaban cargados de frutas maduras y mientras llegaban nos pusimos a comer, a todos nos parecieron exquisitas las ciruelas rojas.

En la noche, quietud y en la madrugada los gallos, pero apenas daba la luz entre las montañas, las vacas y los becerros pidieron su alimento, por eso los rancheros inician sus labores muy temprano, pues el que descansa de más le gana el día y los animalitos la llevan.

Sayuri y Kaori conocieron todo esto y además se bañaron el domingo en el arroyo que baja de lo alto de la montaña, que en esta ocasión no estaba desbordado y llevaba poco agua, pero la suficiente para que ellas, junto con Abraham y Sergio se refrescaran los pies. Su mamá y mamá grande se sentaron a la sombra de un zalate y también se refrescaron los pies, yo igual, el sol caía a plomo.

Las niñas tuvieron oportunidad de ir al mar hasta el lunes, pero aún no había condiciones de meterse a nadar, pero las embarcaciones ya tenían permiso para navegar, por eso conocieron el Arco de Piedra, y se tomaron muchas fotos, seguramente para enseñárselas a sus amiguitas y decirles de las bondades y bellezas de este lugar del mundo.

El  martes fue un excelente día para vivir en Los Cabos y por la razón que sea, un grupo de jóvenes atendieron a nuestras visitantes como las más apreciadas turistas: les enseñaron a navegar con kayac (conocimientos y habilidades básicas), cómo ponerse de pie en una tabla de Surf y les llevaron a disfrutar un rato realizando la actividad de snorquel; además las atendieron con sus sándwiches y agua ¿así o más chiqueadas?

Olvidaba que también entrenaron karate.

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Pero no hay tiempo que no se llegue ni plazo que no se cumpla. En un abrir y cerrar de ojos ya estaban de vuelta en el aeropuerto para salir a la ciudad de Monterrey, regresaban a su lugar de origen:

Muchas gracias, doctor Lino -se oyó nuevamente esa voz y el timbre me hizo recordar el día en que llegaron.

La puerta automática se cerró y partieron. El perrito negro de la familia, que es el juguetón guardián de la escuela de karate, lugar donde corrieron y brincaron Kaori y Sayuri, las anduvo buscando algunos días. “Chiste” ya se acostumbró nuevamente a estar sin ellas.

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