Buen viento y marea a favor

 

La tormenta se forma cuando se combinan fuerzas opuestas en un centro de baja presión con un sistema de alta presión que lo rodea; así se nos representa esa despiadada lucha por el poder en México, que hoy nos tiene sumidos entre esa presión periférica que ha ejercido López Obrador y su MORENA sobre el sistema establecido, representado por Pepe Meade y aunque divididos, pero al fin de cuentas en el mismo espacio, la alternancia confiable con Ricardo Anaya.

Haciendo un contraste descriptivo de una tormenta y el actual proceso electoral, pudiéramos indicar que la primera en medio de grandes y obscuros nubarrones, trae fuertes vientos y excesivas lluvias, acompañadas de rayos, relámpagos y truenos, generando regularmente daños y caos en las poblaciones; por ello, pudiéramos decir que las campañas políticas han ensombrecido el ambiente social y económico, trayéndonos incertidumbre, desengaño y frustración, por la ausencia de propuestas viables de acuerdo a nuestros alcances por capacidad económica como país, además de un exceso de campañas negras basadas en sembrar dudas en la honorabilidad de los candidatos, así como una creciente polarización entre quienes piensan distinto, por incitarse a la intolerancia como nunca.

Sin embargo, resultaría altamente conveniente que no sigamos, ni colaboremos con los propósitos de los meteorólogos del caos político, que pronostican una tormenta que inició el domingo primero de julio y durará un largo tiempo, con agresivos vientos e injurias como excesivas lluvias, acompañadas de rayos, relámpagos y truenos, que exacerben daños materiales y caos en la posibilidad de seguir llegando a acuerdos entre connacionales.

Hoy sabemos que el ganador en la jornada para elegir al Presidente de la República fue Andrés Manuel López Obrador, por voluntad de la mayoría de los ciudadanos mexicanos y no nos queda más, que disuadir las condiciones de tormenta postelectoral.

Con todo propósito no menciono los partidos por dos razones: una, la irrelevancia que significan para la militancia y los propios candidatos las ideologías, si es que llegan a conocerlas y sobre todo a apegarse a ellas, y dos, por el grado de descomposición en que quedan.

MORENA es una dictadura partidaria de López Obrador y el día que falte se acaba.

El PRI entrará a un proceso de recomposición de fuerzas internas, en donde el Peñanietismo tiende a ser desterrado.

El PAN, después del proceso de fragmentación por la nominación de candidato residencial, deberá acometer una refundación que desde semanas atrás impulsan 7 de 12 gobernadores azules.

El PRD está totalmente desfondado y quedó solo el cascarón.

Los demás partidos, usted lo sabe, gozando las prerrogativas y esperando la siguiente elección para aliarse con quien les ofrezca más.

Atrás quedan todas esas encuestas de empresas profesionales y de aquellas que solo sirvieron a la medida del acuerdo mercantil por cliente y por supuesto una vez más, no se acierta y saldrán algunas a justificar sus fracasos de la información que generaron en su momento, pero que en mucho contribuyeron a formar esas nubes borrascosas que hoy aquí están.

El resultado electoral es producto de la voluntad ciudadana expresada por quienes tuvimos, primero la atención de contar con la credencial electoral y segundo, haber ejercido nuestro derecho de votar; quienes no hayan votado, estarán descalificados para expresar cualquier argumentación política por más suficiente, justificada y elocuente que pueda resultar.

Haber votado es haber abordado la embarcación de las decisiones y quienes no lo hicieron por quedarse en los muelles de la comodidad, la apatía y la descalificación anticipada, seguramente difícilmente reconocerán que se abstuvieron, cuando hubo la posibilidad de tramitar la credencial electoral o en el mejor de los casos, de actualizarla.

Igualmente, los que antepusieron otros asuntos que atender, las largas distancias de sus domicilios a la casilla que les correspondía, así como la falta de tiempo para formarse en una fila a lo mejor interminable, no nos lo dirán por razones de pena cívica, pero les debe quedar claro que están anulados para venirnos ahora a argumentar cualquier descalificación de este proceso y menos los resultados.

Durante la tormenta no se puede navegar, por ello no debemos alentar vientos cruzados y mareas procelosas, aceptemos como ciudadanos comprometidos que los resultados no pueden haber sido los esperados y menos fueron a gusto individual, pero hace falta en estos días, BUEN VIENTO Y MAREA A FAVOR para retomar rumbo con certeza y confiados llegar a puerto seguro.

 

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