Yo soy naturaleza, todos del mismo polvo nos hicimos en materia

Reflexión sobre la separación de lo humano y lo natural

 Por Leticia Aguilar Cisneros

Un día nacimos del mismo polvo cósmico, surgimos del mismo tiempo, del mismo espacio, nos creamos en el inicio finito de la materia y energía. La coincidencia nos llevó al mismo planeta. Seres bióticos y abióticos llegaron primero, los humanos más tarde en otra era.

Yo soy naturaleza, toos del mismo polvo nos hicimos materia

Desde otra cosmovisión, dice el génesis, en el sexto día Dios creó al hombre del polvo de la tierra, un día antes ya había creado las plantas y las bestias. En una y otra exégesis la naturaleza y el hombre nacieron como un todo. Plantas, animales, tierra, piedras, todo era naturaleza, inclusive los humanos éramos ella.

Nacimos uno. La visión androcéntrica impuesta nos separa; nos presenta en una relación dominante-dominado, en una relación sujeto-objeto, donde la peor versión se lo lleva esa parte de la naturaleza que ahora separamos de lo humano. La conceptualizamos como una mercancía que solo nos sirve para abusar de ella, para que nos alimente, decore y a veces proteja. Esta visión nos tiene al borde de la supervivencia, donde el más grande, el imperio todo lo niega, dice es cuento falso que impera. La realidad es otra en el planeta, los cambios ya se presentan, la extinción de suelos, plantas, animales se asoma, incluso la de nosotros que somos naturaleza.

Surgimos juntos, unidos por ese vínculo invisible del equilibrio, donde el humano se podía alimentar de las plantas y animales sin abusar de ellos; al final de la vida el mismo hombre volvía a la tierra. Les hemos hecho tanto daño y aún nos aceptan, siguen esperando recapacitemos, siguen estando ahí como la madre que siempre espera.

Cada ser tiene un motivo, un fin en este planeta. Las plantas desde su belleza, nos satisfacen, nos alimentan, pero no sólo pueden hacer eso, entre ellas forman relaciones de colaboración, una a otra se alimentan mientras crecen, se comunican entre ellas, claro con otras formas, con sus moléculas químicas. Son capaces de reconocer quince parámetros físicos y químicos de la tierra. Reconocen y reaccionan ante la presencia del humano, desarrollan memoria y todavía más impresionante: pueden vivir cientos de años.

Los animales con su inteligencia se relacionan, forman vínculos y reconocen parentescos, identifican nuestro lenguaje y reaccionan, aunque el humano se niegue a reconocerlo y lo reduzcamos a instintos. Los animales reconocen el infrasonido, capacidad que el ser humano no tiene por el diseño de su oído, con él escuchan cosas que nuestra composición no reconoce. Así podríamos enumerar múltiples capacidades de uno y otro, pero esto no pesa, seguimos viéndonos como nosotros y ellos. ¿No somos un todo que se complementa, que necesitamos unos de otros para la pervivencia?

¿Cómo fue que nos separamos? La revolución agrícola vino con la revolución religiosa y su primer efecto fue la separación del hombre con lo que ahora llamamos naturaleza, porque así la referimos como si fuéramos externos a ella. Llegamos al nivel donde se piensa que sólo nos sirve como mera complacencia.

Replantear esta relación, buscar el sentido de nuestra existencia, reconectarnos para la pervivencia de la tierra, es el reto del hombre en esta era. No sólo implica generar conciencia en el nivel informativo de conocimiento sino en la acción, en la reacción de lo humano ante los grandes cambios que se presentan, de las necesidades que apremian.

La aparición de la tecnología y los cambios que genera son aspectos preeminentes para atenderse en la educación que se genera y desde el campo en que cada uno labora. La práctica docente requiere ser un ejercicio de cambio que considere la cultura de los participantes y sus procesos de construcción del mundo que con las mediaciones educativas del docente le ayuden a formar una visión crítica de la realidad; una versión que construye respuestas y propuestas, en la que el humano disfrute esta tierra, sin devorarla ni acabar con ella.

Yo soy naturaleza, toos del mismo polvo nos hicimos materia

Reconfigurar el concepto de naturaleza, en pensamiento y en acción, suena grande y con camino extenso, recapacitemos y actuemos porque somos naturaleza.

La profesora Leticia Aguilar Cisneros tiene entre otras humanizantes actividades, la de ser doctorante destacada en el Instituto Mc. Laren (Pedagogía Crítica y Educación Popular); docente de nivel primaria en la escuela “León Cota Collins” -aunque solicitó y se le autorizó beca-comisión-. De la misma forma, es una apasionada por la jardinería, de lo que pueden dar testimonios las plantas que cultiva, mismas que ha regalado para embellecer tantos y tantos hogares. Y de ella no podemos dejar de mencionar su importante intervención en el pasado examen para la permanencia, donde aportó sus esfuerzos y experiencia para que otras compañeras de su misma profesión resultaran aprobadas con muy buenas calificaciones.

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