Surf para un principiante

Círculo de Escritores del CET Mar 31

Por Francisco Javier Tamayo Alvarado

Otra vez me encontraba ansioso y a la vez nervioso por la fecha ya que estaríamos en camino para la primera práctica de surf como actividad del módulo V de Recreaciones Acuáticas. La cita era a las 8:00 de la mañana en el plantel. Esperábamos esta actividad no solo por la práctica que realizaríamos ese dia, sino también porque era la primera vez donde nuestro grupo de clases, que es matutino, se juntaría con el grupo de Recreaciones Acuáticas del turno vespertino, o sea “B” y “C”.

f-1 Buscando equilibrio,

Llegué al plantel temprano como siempre y bien preparado, y viendo a lo lejos un pequeño grupo de personas con ropa de playa y me dirigí hacia allá porque supuse que ese era el punto de reunión y sí, si lo era. Al llegar ví muchas caras desconocidas, pero se veían buena gente, me agrupé con mis amigos a esperar que el profesor Francisco Lino y nuestra coordinadora Sandra Bernal nos dieran instrucciones.

Desde dos semanas antes tuvimos en clase teoría de la actividad de surf. Y en esas horas en el salón el profesor Lino, nos preguntaba quiénes querían ir a la práctica, pues al estar todos reunidos éramos un grupo bastante grande de alumnos, en total 42. Tal vez no les suene un grupo muy grande, pero en el salón de clases solo unos 15 alumnos de mi clase querían inicialmente asistir a desarrollar las habilidades para realizar surf.

f-2 Batallando para acomodarse,

Pasaban solo unos pocos minutos después de las 8:00 cuando apareció el profesor, llegó haciendo bromas con los alumnos del turno vespertino y después se acercó con nosotros para saludarnos. Ordenó a unos alumnos de la tarde ir por las tablas de surf junto con los flotantes salvavidas y el botiquín de primeros auxilios, por lo que los alumnos regresaron con el material y lo colocaron junto al autobús de la preparatoria.

El lugar donde ese dia realizaríamos las actividades era en la playa “El Tule”, teníamos que estar a las 9:00 a.m. para empezar la práctica, pero manejar un grupo grande implica más tiempo y así fue. A las 8:30 empezamos a subir al autobús, ya estábamos advertidos de una revisión de mochilas para evitar que los alumnos lleváramos cosas no permitidas. Dicha revisión nos quitó algo que no teníamos de sobra y era el tiempo, subieron primero los alumnos del vespertino y después nosotros. Al sentarnos empezaron a subir el material en el pasillo de en medio del autobús, ahí empezó el primer roce de mis compañeros con los  alumnos vespertinos porque ellos iban en la parte de atrás  y empujaron una tabla que golpeó e incomodó a varios de mis compañeros, pero esa no era razón para pelear aparte de que estábamos en una actividad para unir a los dos turnos.

f-3 Paso 1, sobre la tabla,

Salimos del plantel faltando 10 minutos para las nueve, el trayecto de la preparatoria hacia la playa donde haríamos la actividad es de poco más de 30 minutos así que ya íbamos 20 minutos tarde, pero lo que importaba es que íbamos.

El camino no fue tranquilo ya que la individualidad era notoria, no estoy del lado de nadie la verdad es que no me gusta discutir, prefiero simplemente ignorar, pero el resto de los que íbamos en ese camión no pensaban así y se escuchaban palabras en contra de los dos grupos. En cuanto el camión tocó la arena de la playa se detuvo y comenzamos a bajar, y nuestra primera instrucción fue olvidar y evitar las peleas por el mismo motivo que solo era una actividad recreativa. Después de ese regaño, el profesor designó a cinco mujeres de cada turno para llevar el material hasta la orilla de la playa.

Llegamos y el grupo profesional de surf ya nos estaba esperando, algo que era obvio porque llegamos más de 20 minutos tarde. Comenzamos a armar una carpa para que nos protegiera del sol junto con unas sombrillas, pero lo primero era recibir unas indicaciones de la actividad. Eran cuatro personas las que iban a estar a cargo de enseñarnos la actividad de surf y algo que aprendí de la experiencia en actividades de playa es que las personas que se dedican a alguna actividad de mar siempre son personas muy tranquilas y amigables, como si fuese un requisito. Nos contaron sobre la historia del surf y nos hicieron saber que antes las tribus de las islas del Pacífico solo usaban un pedazo de madera para flotar y deslizarse sobre las olas.

Antes de entrar al agua comenzamos con las técnicas para levantarnos en las tablas, mejorar la posición de nuestras piernas y sobre todo nos instruyeron para fortalecer nuestra seguridad dentro del agua. Nos explicaron cómo evitar accidentes dentro y en la orilla. Fué una clase y explicación bastante completa; se notaba la experiencia en ese equipo ya que lo hacían ver fácil. Sin embargo, al intentar levantarnos no era así, se necesita de mucho equilibrio y agilidad para posicionarnos con rapidez, en la arena ya era complicado así que llevarlo al mar sería muy difícil, pero todos continuamos. El instructor nos dijo que teníamos tres olas de oportunidad para intentarlo.

f-4 F.J. Tamayo junto con Daniel, Emily, Alejandro, Chayanne y Simoìn.

La playa “El Tule” es una de las playas más amplias que tenemos en Cabo San Lucas, pero también es una playa con la orilla llena de piedras y justo ahí es donde las olas revientan. Aunque también es una playa bastante limpia y con aguas cristalinas.

Debido a la marea comenzaron primero las mujeres, pasaban en grupos de cinco personas, los que estábamos afuera podíamos estar nadando en algún lugar donde no estorbáramos a la actividad o jugar con algún balón en la arena. Ya se nos había dado el aviso unos días antes de que podíamos llevar material recreativo para nuestro entretenimiento.

Ninguno de los alumnos teníamos experiencia previa, pero aun así no podemos llamar suerte a las personas que destacaron rápidamente. Muchas mujeres hicieron esta actividad con mucha facilidad, de todas la que más destaco fué Maryela Luna, ya que desde el primer intento se deslizó con maestría y con un muy buen estilo desplazando de pie sobre la tabla. Al finalizar la ronda de las mujeres, el profesor Lino le pidió a ella y a un par más de compañeras que dieran una ronda más, para una sesión de fotos.

Comenzaron las rondas de los hombres y los primeros cinco en pasar fueron alumnos del vespertino. De los hombres el que más destacó fue igual un compañero de mi grupo; Andrés Cárdenas, “Bob”. En total fueron cinco rondas de hombres. Yo fui de la última ronda porque quería pasar con mis amigos, el problema era que al salir una ronda las tablas eran ocupadas y un amigo u otro se quedaban sin tabla, pero al fin teníamos que pasar nosotros.

No era miedo, pero antes de que fuera mi turno me estaba arrepintiendo de entrar, no era miedo al mar porque nunca lo he tenido, era una preocupación que no sé cómo explicar. Simplemente no quería entrar, pero al final pensé que nadie había salido mal y que solo era una actividad que íbamos hacer en otros días y que se quedaría como experiencia, así como lo han sido todas las actividades que hemos hecho hasta la fecha en los cinco semestres que llevo en el Centro de Estudios Tecnológicos del Mar No. 31, mi casa de estudios. Al final mis compañeros me convencieron más de entrar y ya estando en el agua me sentía tranquilo, disfrutaba en el mar, simplemente estaba en mi zona de confort.

Cuando estaba fuera observando a mis amigos y compañeros me di cuenta que las olas y las corrientes estaban más fuertes, pero a la hora de entrar las olas eran más grandes y violentas, mas como siempre, sin miedo continuamos tratando de deslizarnos. Ya estando en medio del oleaje nos dimos cuenta que era muy difícil desplazarse, al igual que tratar estar de pie en la tabla. En lo personal no pude realizar la actividad y decidí salir, pero al estar ya en la orilla una ola me revolcó junto con un amigo. Eso es muy normal y no hay nada de qué asustarse pero la misma corriente y las piedras resbalosas no me dejaban salir. Mientras mi amigo -Daniel Espinoza- y yo nos desatábamos las tablas del tobillo (es el método de seguridad que usamos para que la corriente no aleje las tablas de nuestros cuerpos, pues también son un auxiliar para flotar), llegó una segunda ola y mi tabla salió con gran velocidad hacia afuera, pero la cuerda de la tabla de Daniel se me enredó en la pantorrilla provocando que mi pierna quedase atrapada y por la fuerza de las olas mi pierna fue jaloneada bruscamente e impactada contra las piedras. Mi amigo y yo nos pusimos de pie y sin saber lo que me pasaba muy enojado le grité que sostuviera su tabla porque había golpeado mi pierna, pero en ese momento una tercera ola nos volvió a sacudir provocando un golpe directo de alta velocidad y fuerza en mis piernas, por supuesto, con su tabla.

Batallé en salir del agua y sin darme cuenta me senté en la orilla de la arena a descansar ya que era bastante el dolor en mis piernas… un poco de sangre, inflamación y moretones se hicieron presentes. Me intenté poner de pie, pero no podía, Daniel mismo fue el que me ayudó a llegar hasta donde se encontraba el grupo. Al principio mi orgullo no me dejaba que me atendieran ni para recibir ayuda, pero la coordinadora Sandra Bernal junto con el profesor Francisco Lino fueron los que me hicieron entender que no eran unos simples golpes. Me hicieron saber que me tenían que llevar rápido al hospital para que revisaran mi pierna. Yo en ese momento no quería, les dije que con pastillas y reposo se me quitaría. Luego llevaron el botiquín de emergencia para ayudarme en lo que llegaba al hospital. Me colocaron un antiinflamatorio por mis golpes externos y limpiaron mis heridas.

Finalizamos la actividad con los dos grupos. Después de un día muy agradable de playa, agradecimos a el equipo de especialistas en la actividad, comandados por Alejandro de la Torre. Todos comenzaron a subir al autobús, pero a mí no me dejaron y me llevaron al auto de mi profesor y amigo. Gracias a Javier, Daniel, Uriel y Pedro, pues entre ellos cuatro me ayudaron y cargaron por quinientos metros hasta donde estaba el automóvil que no podía entrar hacia la arena por el riesgo de quedarse atascado.

La actividad de surf me gustó bastante, y sí, claro que lo volveré a intentar. Todo en general en ese día fue bastante bueno, rodeado de personas nuevas y de viejos amigos. Me gustan los días de playa pase lo que pase, lo único que no me gustó y ojalá nunca se vuelva a repetir fue la fisura de tibia en mi pierna derecha que me provocó inmovilización de la misma y me obligó a portar una férula durante dos semanas. En surf soy un principiante.

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