La creatividad

Por Mónica Camacho López 

Todas las personas somos intrínsecamente creativas; sin embargo el medio se ha encargado de etiquetarnos, y en ese afán algunos se sienten excluidos de estos dones.

El caso es que aunque quisiéramos no podríamos agotar nuestra creatividad, que siempre buscará la forma de manifestarse en nuestras vidas; mediante resultados laborales, la forma en que arreglamos nuestras uñas, nuestro cuarto, nuestra forma de vestir, etcétera.

La creatividad

Canalizar la creatividad, brinda a la persona mayor gratificación pues logra resultados más palpables, frecuentes y compartidos; al fin y al cabo la creatividad hay que compartirla para que se nutra.

Omarcillovaliente, nos compartió su exposición pictórica en un pequeño café; y con este hecho el establecimiento cobró una vida inusitada, difusión y pudimos reencontrarnos con amigos y también hacer nuevos.

Entonces: ¿Por qué hay personas que se resisten ser creativas?

Crear implica quitarse la coraza, al menos ante un grupo reducido de compañeros, para trabajar en un proyecto o para mostrar un producto de nuestra inspiración.

¿Quién no conoce a alguien que es la persona con la carcajada más inmediata y estridente? ¿O a quien no puede salir de casa si no es luego de pasar la prueba de los espejos de rostro, el de media luna y el de cuerpo completo?

Estas personitas seguramente esconden una personalidad muy diferente a la que representan entre sus amistades cercanas y sus actividades creativas han de ser muy marginales y difícilmente se integran a grupos de manera comprometida.

Sin referirnos al teatro que es una de las actividades que “desnuda” más crudamente la personalidad; hay otras actividades que se pueden realizar, que son terapéuticas y favorecen la convivencia y nos exponen un poco menos.

Ser creativo implica dar algo de ti a cambio de nada; puesto que a veces no se logra el reconocimiento al esfuerzo, sino luego de muchos, muchos intentos.

La edad también es factor; puesto que es cuando algunas personas se tornan más testarudas; o al menos encuentran la justificación de la edad para dar rienda suelta a su personalidad y es difícil que acepten integrarse a una actividad creativa y a veces son saboteadoras de las mismas.

El asunto es que la ciencia insiste en que todos necesitamos dedicar parte de nuestro tiempo a alguna actividad creativa, por salud emocional, entrenamiento mental y convivencia.

Hay casos en que la persona está esperando a jubilarse, para poder dedicarse a aquella actividad creativa que siempre le apasionó. A pesar de que más vale tarde que nunca, es más aconsejable no desdeñar el llamado de la musa, la vida es muy corta para darnos esos lujos.

Así pues,  los dedos sostienen con firmeza la aguja para perforar la tela, el hilo corre, se tuerce, colorea, llenando los espacios milímetro a milímetro hasta completar una imagen en donde solamente había monotonía.

Transcurren las horas y la imagen se viste, se matiza, cobra vida.

El diálogo entre la tela y los hilos fue como un coro de colores; pero la conversación más interesante, fue la que mantuvo el espíritu de la bordadora con la mano dócil y meticulosa que plasmó figuras y colores con algo tan pequeño como lo son un hilo y una aguja.

Bordar esa hermosa estampa fue un reto de horas y días; pero canalizar la voz del alma hasta el bordado fue darse la oportunidad de ser plena…

La creatividad son las alas que te llevan a lugares maravillosos sin tener que avisarle a nadie cuando regresarás. Felicitaciones pequeña bordadora.

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