El Guaycura

Este es un poema que fue escrito por el Maestro José María Garma González, hace ya, muchos ayeres. En esta obra, el Autor le da contestación, a manera de oposición, al poema del escritor Fernando Jordán titulado “Calafia”, ya que lo consideraba “muy entreguista”. De acuerdo a datos que nos proporcionó el profesor José María Garma Díaz, hijo del autor, nos relata que en aquellos años 60´s y 70´s, a raíz que de que “El Guaycura” obtuvo el premio del Certamen de los Juegos Florales con motivo del Aniversario y fiestas de Fundación de La Paz, generó varios concursos entre estudiantes secundarianos y preparatorianos, y “los enfrentamientos”, se relacionaban también con el poema “Calafia”.

Uno de sus mejores intérpretes en esa oratoria, fue la del maestro Julio César Saucedo Pineda (quep), que a la postre daba clases de la materia de Inglés en la Secundaria “José María Morelos”, entre otros muchos estudiantes.

El Guaycura

(No te ofrezco la tierra)

 

Al señor General de División Agustín Olachea

El Guaycura

Avilés, gobernante humanista y símbolo,

esencia de esta tierra maravillosa y bravía.

 

¡Ante la tribu guaycura

el hechicero mayor,

profetizó que algún día

aquestas playas vendría

el hijo rubio del sol…!

 

¡Hace cuatro centurias, y tantos años más,

llegaron ciertamente con su recia armaduras

seres de rostro pálido procedentes del mar;

no eran hijos del sol como el indio creía,

sino hombres comunes y con el mismo andar;

la misma continencia orgullosa y bravía;

las mismas ambiciones de todo conquistar!

 

¡Aquel mes legendario de mayo incomparable,

un Capitán a tierra llegó desde su “acal”;

contempló largamente la playa inmensurable,

las lomas solitarias y el adusto breñal;

dilató su mirada allende el horizonte

e hincando una rodilla, pidió para su rey,

que´sta tierra bendita fuera un nuevo diamante

que pudiera engarzarse en su viejo joyel…!

 

Absorto y pensativo el Capitán bravío,El Guaycura

tornó a ver el paisaje, las colinas y el mar

sin notar que a su espalda, con noble señorío

distendía por la playa, un cauteloso andar

el Guaycura que oyera su ofrecimiento al rey.

 

¡Sorprendido el hispano tomó la empuñadura

de la potente espada que sometió a su ley

otras tierras lejanas…, pero el indio Guaycura,

impasible y sereno se dirigió a él!

 

¡“No vengo en son de guerra” -dijo en su lengua extraña;

mas, no puedo sumiso compartir mi heredad

soy altivo y no quiero ofrecerte la tierra,

mis montañas, mis mareas ni tan solo lealtad”!

 

¡“No te ofrezco la tierra ni mansedumbre estoica;

forjado soy de bronce, y el abandono, nunca

logró inclinar mi frente ni mellar mi coraza;

llevo en el pecho el yelmo indómito y bravío

del ancestral orgullo de mi raza olvidada,

que no implora ni ruega, ni clama ni demanda,

pues mi fuerza es la fuerza jamás encadenada

del trueno incontenible y la lumbre del sol”!

 

¡“Hombre altivo del Este, no te ofrezco la tierra!

Mi páramo desierto es hostil a tu planta;

el caribe y la ortiga, la serpiente y la fiera

acechan en el yermo contra tu mano blanca”!

 

¡“Ignoras y no sabes cómo se hostiga al ciervo,El Guaycura

como se caza al puma en su propio cubil;

no sabes, extranjero, del hambre que atenaza;

no sabes de congojas ni de ser que abraza

y muerde las entrañas con sufrimiento mil”!

 

“¿Qué pudiera ofrecer a tu arrogancia? ¡Nada!

¡Mi tendido es muy pobre y exigua la pitanza;

nada hay que pueda dar que halague tu ambición;

el oro de las vetas oculto en las entrañas

de los cerros enhiestos, será para el hermano

que hable mi propia lengua, que me tienda la mano

franca, sincera y noble, sin conmiseración”!

 

“¿Tu Dios? –También he presentido

que es mi Dios en esencia

cuando contemplo a solas

su invisible presencia

a través de los ortos

y las constelaciones”

 

“Me he sentido gusano

trepado en la montaña:

he sentido así mismo

ignotas voliciones,

y una chispa divina

que aluza en mi interior;

que me dice en secreto

acerca de las cosas,

del zorzal y la espina,

de la oruga y la flor”.

 

“Desde el acantilado he visto la tormenta;El Guaycura

ha tostado mi espalda el sol abrasador;

ha mordido en mi carne lacerada y doliente

la gélida borrasca que desata aquilón”.

 

¡“He vivido la vida intensamente en una

zozobra que me arisca, como al ave el azor;

han quedado en mis ojos grabados los paisajes

que su pincel dibuja cuando tramonta el sol”!

 

¡“No sé explicarme, pero amo en todas las cosas

la divina presencia de un poderoso ser,

que pinta en el ocaso de gules infinito

el don maravilloso de un inmenso poder”!

 

¡“NO TE OFREZCO LA TIERRA –otra vez arrogante

dijo el indio Guaycura al Gran Conquistador;

y había en su continente un extraño desplante,

y en sus ojos el brillo de un sublime fulgor”!

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