De distopías contemporáneas y otras menudencias

“La nuestra es una cultura y tiempo tan inmensamente rica en basura como lo es en tesoros”. (Ray Bradbury) 

Condenarro 

Mi es timado lector, elector y contribuyente a este boyante (en privado) gobierno -cada nivel en sus alcances claro-, estando consciente que las suposiciones no debiesen considerarse como algo serio, sería inapropiado de mi parte un ejercicio en tal sentido, no obstante, puedo suponer que el término “utopía” no escapa de su conocimiento. Casi podría asegurar que han leído a Aldous Huxley y su Mundo Feliz, tal vez a George Orwell y su 1984 (Big Brother), Ray Bradbury y su Farenheit, Michael Foucoult, Alan Moore, Davil lloyd, Issac Asimov y su trilogía fundacionalista, incluso, aun cuando no como literatos sí como futuristas de su tiempo, Maquiavelo y Montesquieau, que ya hablaban de la búsqueda de un tipo de control mundial monopilizado y/o corporativo.

Bien, desglosemos: distopía, del lat. mod. dystopia, y este del gr. δυσ- dys- ‘dis-2’ y utopia ‘utopía’. 1. f. Representación ficticia de una sociedad futura de características negativas causantes de la alienación humana. La anterior es la definición del diccionario de la Real Academia de la Lengua Española que la aceptó como palabra 3 años atrás gracias al autor del género José María Merino. En caso de situar el concepto en el ámbito literario podríamos escribir cuartillas y más cuartillas. Más al ubicarlo en la vida cotidiana la convertimos en una realidad social de la que no nos es posible ya, al menos en México y en particular en el sur de Baja California Sur. La campaña presidencial que se encuentra hoy día que usted mi es timado conciudadano sufre y sufraga -independientemente del adagio maderista de “sufragio efectivo no reelección”-, los discursos y el mismo debate entre candidatos en lo que se apuntala -cada seis años se apuntala- como la elección presidencial más importante de la historia nacional, nos invitan a ver como la distopía que aquellos autores que mencionaba líneas atrás, entre muchos otros, no sólo nos alcanza, sino que nos sobrecoge y nos ordena…

No me intentaré hacer un análisis profundo de nuestra situación sociopolítica al interior del país. Tengo la impresión de que cada ciudadano tiene su interpretación de acuerdo a sus condiciones de vida en el núcleo en que se desarrolla su cotidianidad. Tampoco me pondré a defender a tal o cual candidato; la realidad es que ninguno me convence en realidad. Ninguno de ellos tengan o no el congreso a su favor quien llegue a la silla presidencial podrá hacer algo que nos beneficie a todos si todos los ciudadanos no nos ponemos las pilas y actuamos como tales. Como bien dijeron en un video que vi en redes sociales, lo peor que nos pasa como mexicanos es “tu parsimoniosa indiferencia” de Antonio Attolini Murra.

El encono que ha levantado en los diferentes grupos sociales, sea por su formación ideológica, sea por sus intereses sociopolíticos o por la convicción que tengan en torno a quién y cómo deba gobernarnos hace mella en el núcleo social que componemos todos y cada uno de los mexicanos disipa aún más la posible unificación de criterio en cuanto a lo que en realidad necesitamos por parte de un gobierno y el orden de prioridades en que deban enfrentarse nuestros problemas como país, tanto hacia el interior como hacia el exterior. Lo peor, es que no sólo se observa en el ámbito nacional, sin que se recrudece e incluso se divide exponencialmente en los ámbitos locales. BCS, Los Cabos más concretamente lo padece día a día en que cada vez más actores políticos por una u otra razón salen y entran a institutos políticos al mismo tiempo que institutos políticos hacen y deshacen alianzas.

Las propuestas concretas y viables las hemos dejado al margen, al último en la lista de pendientes a atender como sociedad. La prioridad se da a las acusaciones, a los señalamientos, al dispendio, al vituperio, a fomentar el enojo e incluso la violencia verbal que bien puede llegar a la física, en tanto la violencia se mantiene en las calles. Vemos con tristeza y miedo cómo es posible que maten y disuelvan en ácido los cuerpos de tres jóvenes que prometían mucho a un futuro no lejano, y que hacían una tarea. Las investigaciones y conclusiones no dejan nada claro, tan sólo la ineptitud y las “justificaciones-pretextos” de autoridades ante los hechos.

Lo que se plantea en esas novelas distópicas que se basan en un futurismo a su tiempo, se hacen presentes hoy día, las redes sociales son un claro ejemplo. Esta tecnología que nos acerca a personas lejanas y desconocidas y nos aleja de las personas cercanas, conocidas y queridas también, funcionan como un arma de desvinculación social. Basta ver los post en facebook, twitter y muchas otras donde es más factible encontrar mentadas de madre que saludos cordiales; intercambio de insultos que de ideas y propuestas. Obvio, todo ello forma una densa cortina de humo muy bien capitalizada por todos y cada uno de los líderes económicos y políticos bajo sus nóminas y/o sociedades corporativas.

En Los Cabos, mientras la pelea por las curules, las presidencias municipales y los sillones en los cabildos son motivo de cambios de colores, la Sierra La Laguna es amenazada con mayor vehemencia a fin de lograr los permisos de minería a cielo abierto, incluso, como bien señaló Armando Sánchez en su columna de Notivisión, una concesión de minería en pleno San José del Cabo. Por otra parte, tal vez no tan preocupante, más de alto interés, se refiere a los grandes, y sí, digo grandes, enormes desarrollos turísticos que, si bien traen fuentes de empleo más duraderas que la minería, también representan un deterioro de cuidado al medio ambiente; humedales como El Estero de San José del Cabo; el pequeño Estero de Cabo San Lucas colindante con un complejo turístico de El Médano, humedales de La Ribera, desaparición de caminos vecinales y otras menudencias que se convierten en distopías contemporáneas reales, me obligan a buscar algún frasco de soma u otra cosa similar, y concluir mi reiteración mensual como un simple y pobre loco peligroso irreverente, irrelevante, irremediable pero irresistible y real prófugo de la injusticia distópica en la que cayeron autores como los mencionados, incluyendo a Kafka.

“Y si estos seres no comprendieran por las buenas que les aportamos una dicha matemáticamente perfecta, deberemos y debemos obligarlos a esta vida feliz”. (Yevgeni Zamiatin- “Nosotros” 1921)

 

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