Tajo a cielo abierto (Realismo sin magia)

01 Explotación, muerte del emblemático Cerro

Por Francisco Javier Lino Briones

Les describo el escudo de armas de la ciudad de San Luis Potosí, concedido al pueblo Hispánico de San Luis de las Minas del Potosí de la Nueva España, al mismo tiempo que se otorgaba el título de ciudad por el Virrey Francisco Fernández de la Cueva en 1656 y confirmado por el Rey Felipe IV en Madrid el 17 de agosto de 1658 con estas palabras:

“…y le señalo por Armas para que puedan hacer uso de ellas, un cerro con campo azul y oro, con dos barras de plata y otras dos de oro, y con la imagen de San Luis en la cumbre; y en cuanto a esto apruebo el señalamiento de dichas armas, y en las demás…”

Las armas que se le dieron fueron un cerro (el Cerro de San Pedro), dos barras de oro y dos de plata rematando con la fundación.

Les describo al rancho “El Olvido”, de don Herón Altamirano Arredondo. Una finca de adobe verdaderamente cálida incrustada en un área de 7.4 hectáreas, bendecidas con agua de un pozo que parece interminable en el abastecer del preciado líquido, lo que le permite tener una hectárea de cultivo en invernadero con lo más moderno que existe para la siembra de diferentes hortalizas, como en este caso, del chile morrón, cuyas plantas se pierden incontables entre los surcos regados por goteo.

02 La casa del rancho “El Olvido”

Es en este lugar en donde comienzo este escrito, pues luego de ir muchísimas veces al rancho a pasar días de placentero descanso por años y años, en las reminiscencias de los recuerdos, con la vista perdida en el horizonte de repente detuve la mirada en esos cerros a los que desconocí pues en esta ocasión algo tenían de diferente. Éstos ya no tenían el milenario color pardo que lo caracterizaba; más bien se me figuró ver el color que se deja entrever cuando las pedreras comienzan a devastar los cerros haciendo que el color beige predomine sobre los demás.

-¿Qué es eso? -le pregunté a mi querido compadre, dueño del rancho, pues no alcanzaba a comprender, qué era lo que se presentaba ante mis ojos.

-Son los jales compadre.

-¿Jales?

-Sí, -me dijo un tanto incómodo pues se miraba que el tema le contrariaba -eso que ves no es otra cosa que los restos de tierra y material que no le sirvió a los canadienses durante toda la explotación de la mina a cielo abierto que apenas se alcanza a ver desde aquí. Los jales son las toneladas y toneladas de tierra que desbordaron las mineras, que primero fueron montones y al final se convirtieron en verdaderos cerros y montañas.

Pero si desde aquí se ven cerros de esos restos ¿cómo estará el lugar donde extrajeron el material?

Es como una historia de terror. Pero no te cuento, es mejor que lo veas personalmente, por ello te recomiendo que vayas al poblado Cerro de San Pedro para que al mismo tiempo que conozcas un pueblo fantasma y la primera iglesia que se construyó, dicen que en toda Latinoamérica, veas con tus propios ojos lo que puede hacer el hombre en aras de la acumulación de oro y plata. Ve con tus propios ojos para que yo no te lo cuente.

03 La Iglesia parece resguardar una acción cerrada

Así sin más ni más iniciamos al otro día, luego del almuerzo, el camino hacia el poblado Cerro de San Pedro. Amalia, mi cuñada y comadre; Claudia, mi esposa y quien escribe la presente, sin saber realmente qué era lo que íbamos a encontrar allende los cerros, en el lugar donde se dice que originalmente iba a fundarse la ciudad de San Luis Potosí.

El camino me deparó varias sorpresas, pues hace muchos años toda esa zona era regada por aguas negras y las autoridades permitían en ese entonces el cultivo de hortalizas y alfalfa; ahora no. Para mí fue gratificante ver que la siembra de hortalizas fue cambiado por campos de fútbol pequeños, más bien habilitados como canchas-escuela, conté por lo menos 15 o 20 de estos campos de enseñanza deportiva. Y luego de repente el letrero de bienvenida, en blanco y negro de la población Cerro de San Pedro.

Así conocí dos iglesias que también les hago mención, construidas en el siglo XVII y considerada como monumentos históricos, dedicadas a San Nicolás Tolentino patrono de los mineros y a San Pedro;  y de manera general, construcciones similares a las que se pueden admirar en Real de Catorce.

Tal vez por ser sábado de Gloria, había especial bullicio, pues en ciertos lugares la gente se aglomeraba comprar elotes, fritangas, comida, cervezas, dulces o alguna artesanía, que por cierto, había unas muy elaboradas, principalmente las hechas por los huicholes. Así, entre puesto y puesto, no nos fue difícil llegar al mirador.

Y desde ahí pude ver con mis propios ojos lo que mi compadre dijo que tenía qué conocer personalmente. Que era mejor ver, a que me lo contaran, porque ese mirador era diferente a todos los otros miradores que conocí (El Cielo, en Tamaulipas; Costa Azul, en Los Cabos; la Rumorosa, en Baja California). Y ¡Cómo no! si ante nuestros ojos se abría una oquedad amplia y tan profunda que no alcanzaba a calcular los miles y miles de metros cúbicos de tierra y mineral que fueron extraídos de ese lugar. En verdad que un escalofrío recorrió mi cuerpo pues aunque había escuchado sobre las minas a cielo abierto nunca había tenido la oportunidad de conocer personalmente una de ellas y ahora la teníamos frente a nosotros, abierta de lo que quedaba del cerro a lo alto a cientos de metros de profundidad y otros tantos de diámetro. Era simplemente increíble. Por ello, también les he descrito la mina de tajo a cielo abierto o más bien lo que ha quedado para la posteridad, como un monumento mudo y perpetuo de la testarudez humana, de la corrupción, de la avaricia y del desinterés.

04 Escudo de Armas de San Luis Potosí

Han pasado más de 400 años desde que el Capitán Caldera registró la primer mina en lo que hoy conocemos como Cerro de San Pedro, “La Descubridora” y a partir de ahí la bondadosa tierra ha sido explotada no solo para extraer oro y plata, también ese agregan manganeso, mercurio, plomo y cobre. Pero la bonanza no ha sido continua, por lo que el pueblo ha sido casi abandonado en diferentes ocasiones, el motivo: El hundimiento de tiros y socavones, y sobre todo, la falta de agua para beneficiar los metales ahí extraídos.

Sin embargo, la extracción masiva e irracional ¿irracional? Llamémosle mejor megaminería, la llevó a cabo la Minera San Xavier, filial de la empresa canadiense Metallica Resources Inc, llamada luego New Gold, que comenzó a devastar el cerro carcomiendo como vil termita a la madera a una velocidad inusitada y se dice que para esto, hasta el INAH (aunque a decir verdad, hay una historia de engaños, maltrato, persecución y represión para contar) dio su aval para que la Minera San Xavier volara a fuerza de explosiones de dinamita este cerro que aparece plasmado en el escudo de armas de la ciudad de San Luis Potosí, sobre el cual se pintó a San Luis rey y que para este momento ya habrán entendido el por qué inicié este escrito con su descripción.

Para que nos demos una idea de lo veloz que fue la MSX para explotar el mineral y mandarlo fuera del país es necesario mencionar que en enero de 2007 esta minera inició sus operaciones, terminando el 30 de junio de 2016; es decir, en menos de nueve años terminaron con el emblemático cerro, mismo que se miraba hasta antes de 2007 macizo y firme desde el rancho “El Olvido”. Ahora solo se ven los restos de las entrañas de la tierra tiradas como jales.

Duele ver esto. Pero el hombre olvida el dolor, si no lo olvidara no volvería a cometer los mismos errores. Pensaríamos que incluso los mismos dueños de la minera que explotó el cerro difícilmente volverían a hacer algo similar, pero no es así y si no me creen, visiten la minera de Real de Ángeles, en Pinos, Zacatecas y vean cómo quedó el pueblo y el lugar de la explotación luego de la práctica de la megaminería para la extracción de plata, actividad que se hizo antes de iniciar la de San Pedro. Otra mina a cielo abierto, otra huella de deterioro permanente.

05 Qué queda luego de la explotación de tajo a cielo abierto

Terminemos aquí con algunas preguntas:

¿Se aprende algo de esto?  ¿El pueblo de San Pedro se quedó con algo de esta riqueza extraída? ¿Y los ácidos y venenos (cianuro) con que trataron el material extraído, dónde quedaron? ¿Cuánto tiempo tardará la madre naturaleza en regenerarse? Y sobre todo ¿nuestra querida y admirada Biósfera de la Sierra de la Laguna sigue en la mira?

Agradezco la aportación para elaborar este escrito a Rogelio Varela Ibarra, oriundo de la localidad de Cerro de San Pedro, guía de turistas y a mi querido compadre, don Herón Altamirano Arredondo, como ya dije, dueño del rancho “El Olvido” hombre de gran experiencia en la materia.

 

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