Nuestras hermosas Sierras La Giganta y Guadalupe

Por Emilio Arce Castro

A través de los años vamos viendo los intentos de diversos y poderosos grupos de intereses, de saciar su ambición poniendo los ojos sobre nuestra tierra, nuestro patrimonio y capital social. Muchos de nosotros, desde varias trincheras peleamos por defender a nuestra precepción nuestro entorno, y detener la voracidad que amenaza nuestro modo de vivir y la riqueza que encierra nuestro suelo. Es necesario abrir los ojos y seguir defendiendo lo que representa nuestro legado ancestral y jamás comprometer el futuro de las generaciones venideras; proteger nuestra sierra es una vía.

02 Borrego CimarrónDiez mil años antes de la conquista de América, los habitantes de los territorios centrales de la Baja California vivieron un largo proceso de adaptación a través del conocimiento, aprovechamiento y modificación de los ecosistemas que recorrían. Desde tiempos muy remotos, los grupos humanos que habitaron la península construyeron, en torno de los humedales, un conjunto importante de valores, símbolos, y las actitudes sociales que fueron transmitiendo de una generación a otra. Su existencia y cultura se fincó y desarrolló en base a la disponibilidad y el uso de agua dulce, especialmente aquella de las fuentes permanentes sólo disponible en los humedales. Así lo comprueban los límites de recorrido de cada banda (nombre que los antropólogos han dado a la organización social de estos grupos de recolectores-pescadores-cazadores, formados por un número variable de familias). La simbiosis hombre-naturaleza que así establecieron, les permitió subsistir durante miles de años, pero los confinó al espacio que dominaban. Las fuentes permanentes de agua eran el centro del cual partían distintos caminos que eran recorridos y negociados por bandas emparentadas o en alianzas temporales. Los rituales y otras actividades sociales dependían de las condiciones de humedad cambiantes, por lo que la población estaba sujeta a un mecanismo de concentración-dispersión determinado por la abundancia o escasez de las lluvias. Muchas de las fuentes permanentes de agua, tan importantes para los cazadores-recolectores han conservado hasta hoy innumerables vestigios. Es así como dentro de las sierras La Giganta y Guadalupe se localiza un importante patrimonio arqueológico en pinturas rupestres y petroglifos de gran relevancia.

La incorporación de la península al imperio español data de principios del siglo XVI, pero fue hasta finales del siglo XVII, con el trabajo colonizador y evangelizador de los misioneros jesuitas que se concretó la conquista de la región. En el área propuesta para la creación de la Reserva de la Biosfera, se encuentran siete de las dieciocho misiones que conforman la California jesuita: Misión San Francisco Javier, fundada en 1699; Misión San Juan Melibat, fundada en 1705; Misión San José de Comondú, fundada en 1708; Misión La Purísima Concepción, fundada en 1720; Misión Nuestra Señora de Guadalupe, fundada en 1720; Misión Nuestra Señora de Los Dolores, fundada en 1721, y la Misión de San Luis Gonzaga, que fue fundada en 1737.

Los jesuitas fueron los primeros forasteros capaces de enfrentar la aridez y el aislamiento. La civilización material de la que eran portadores requería de grandes cantidades de agua y una disponibilidad constante de ella, lo que les obligó a transformar los humedales en oasis. La necesidad de producir la mayor cantidad posible de alimentos en el sitio implicó para la Península el primero y uno de los más profundos impactos que ha tenido: se introdujo una gran cantidad de plantas y animales, y el paisaje de todos los sitios donde se establecieron las misiones fue drásticamente transformado. Con la introducción de palmas datileras y con el establecimiento de acequias, los oasis sudcalifornianos adquirieron la fisonomía característica de aquellos de Andalucía, el Magreb, Levante, y la India septentrional.

Antes de la llegada de los jesuitas, la agricultura y la ganadería eran totalmente desconocidas en Baja California. Con fines de autoconsumo, en las misiones y los ranchos allegados a ellas se desarrolló una modesta actividad artesanal. Por falta de forraje, el ganado siempre vagó por el monte, dando lugar a una particular forma de manejo por los rancheros bajacalifornianos que aún sigue vigente.

Los misioneros requirieron apoyo en las tareas agropecuarias y artesanales por los soldados adscritos al Presidio de Loreto, así como por familias de rancheros traídas exprofeso. Con el paso del tiempo, y después de la expulsión de los misioneros jesuitas en 1768, estas familias rancheras conformaron la población pionera y permanente de la Baja California.

03 Ojos de agua, en las Sierras de la Giganta y GuadalupeEn los oasis y ranchos se constituyó una forma original de apropiación territorial que se refleja en la vida cotidiana, en las actitudes y en los comportamientos de sus habitantes: su núcleo es el aguaje y sus límites son los de la zona húmeda, donde la tónica de la vida de sus habitantes transcurre volcada hacia el interior; su zona de influencia es el agostadero circundante. Es en la creación y recreación de estas fronteras geográfico-culturales, donde podemos encontrar los orígenes de la identidad cultural. Una de las principales razones que justifica el decreto de la Reserva de la Biosfera Sierra la Giganta y Guadalupe, es la función de refugio cultural que han desempeñado las regiones serranas y los oasis, donde subsiste aún la identidad oasiana. Esta riqueza que posee la cultura ranchera sudcaliforniana, actualmente se está viendo sobrepasada por nuevas tecnologías que se han impuesto sobre los métodos tradicionales de producción, dependientes de una economía de subsistencia fundada en la ganadería. Son propietarios (privados o sociales) de unidades de producción compuestas por grandes extensiones de tierra deshabitada, destinadas al libre pastoreo de ganado, e históricamente establecidas en puntos próximos a una fuente permanente de agua. Los integrantes de las comunidades rurales comprendieron, desde su inicio, que todo aprovechamiento de los recursos naturales debería mantener un equilibrio. Los actuales rancheros han asimilado que el diálogo que sostienen día a día con la naturaleza de las sierras ha hecho y hace posible su subsistencia, y dentro de esto, consideran que la protección del agua y su entorno es vital.

El área propuesta para la creación de la Reserva abarca los municipios de La Paz, Comondú, Loreto y Mulegé. En ese territorio se emplazan y dispersan un conjunto de pequeñas comunidades asentadas en pueblos, oasis, rancherías y ranchos territorialmente articuladas en función de dos actividades productivas características de la antigua ruralidad sudcaliforniana: la ganadería y la horticultura. Estas comunidades representan una de las más antiguas estrategias de apropiación territorial de la península de Baja California. Como grupo social, los rancheros y sus familias fueron, desde el siglo XIX hasta mediados del siglo XX, los únicos representantes de la sociedad rural sudcaliforniana, cuyo predominio se perdió cuando se emplazaron las primeras colonias agrícolas y se dio inicio al reparto ejidal. Esto último, el reparto ejidal, se hizo entre algunos grupos campesinos y los antiguos habitantes de la ruralidad sudcaliforniana, como los rancheros que actualmente forman parte de los veinte ejidos que se encuentran dentro del área propuesta, en tanto que las colonias agrícolas del Valle de Santo Domingo fueron concedidas a campesinos y pequeños propietarios privados provenientes de regiones centrales de México.

El número de habitantes en la zona propuesta para Reserva de la Biosfera es, de acuerdo a datos del INEGI, de 4,420 habitantes. La proporción de hombres-mujeres en las localidades con más de 100 habitantes da cuenta de la irregularidad con la que se distribuye la población según la proporción de género, lo que podría poner en riesgo la posibilidad de reemplazo generacional en la población serrana. La distribución de la población por grupos de edad y sexo de la generación de entrada (0-4 años), no será suficiente para reemplazar la generación saliente (60 años y más). El promedio de edad asciende a 43 años, lo que permite sostener el hecho que la población del área enfrenta un proceso inexorable de envejecimiento. Entre 1990 y 2010 en la mitad de las localidades, la población decreció, y en la otra mitad, en algunas zonas se observa un ritmo de crecimiento lento, en otras nulo, y en otras se observa estancamiento, lo que, para efectos de la declaratoria, representaría ventajas y desventajas. La ventaja es que la planeación de procesos de sustentabilidad con participación comunitaria, podrá realizarse comunidad por comunidad, y otra de las ventajas es que el escaso o nulo crecimiento demográfico en el territorio serrano no presentará conflictos para la conservación de los recursos naturales. La desventaja es que, poco a poco, los jóvenes serranos cada día son menos, y que para el año 2030, la población rural sólo será de adultos mayores.

Actualmente existe en el área un número de 778 hogares con una estructura familiar donde la mayoría de las mujeres son amas de casa y la casi totalidad de los jefes de hogar son ganaderos y representan tanto al proveedor principal, como a la autoridad respecto al uso y destino de los recursos familiares. La mayoría de los hombres se dedican a la ganadería, en tanto que las mujeres en su mayoría solo se asumen como amas de casa, a pesar de que en el rancho y el pueblo desempeñan actividades económicas relacionadas con la transformación de los productos del rancho y la huerta como la producción de quesos, machaca, y dulce regional. Algunos rancheros de Los Comondú y San Javier producen vino ajerezado con las uvas de sus huertas. En las huertas se produce una rica variedad de frutas y vegetales. La mayoría de la producción hortícola se usa para el autoconsumo, aunque suelen venderse como conservas. La producción de queso de cabra y cabrito es importante, y se destina a la exportación hacia otros estados. El turismo alternativo no está generalizado en el área, salvo una veintena de personas que sirven como guías a algunos sitios arqueológicos.

La ganadería se practica en ambas vertientes de las sierras; la producción caballar es utilizada como medio de locomoción y carga. La crianza de ganado caprino y bovino se destina a la producción de carne y lácteos.

El libre pastoreo es la forma tradicional que se utiliza desde la época colonial. En ambas sierras no se ha desarrollado la agricultura a nivel comercial como se desarrolla en los Valles de Santo Domingo y de San Juan Londó; los ejidatarios, posesionarios y trabajadores asociados a ellos elaboran carbón de especies de la flora local como el mezquite, palo fierro, y uña de gato. En los últimos diez años, la relación entre volúmenes aprobados y reportados de maderas muertas para elaboración de carbón, ha mostrado una no muy marcada tendencia a la alza. También se producen artesanías de talabartería y herrería artesanal.

El área propuesta para brindar protección a las sierras La Giganta y Guadalupe, cubre una extensión aproximada de 16,242 Kilómetros cuadrados, cuya superficie poligonal se define a partir de los 300 metros de elevación sobre el nivel del mar, ya que esta área específica de las sierras, cumple la función de captar y transportar el agua para la recarga de los acuíferos que están a sus pies, y de los cuales dependen actividades vitales para el estado como es la agricultura, la ganadería y la subsistencia misma de sus habitantes y entorno. Poblaciones como Santa Rosalía, Mulegé, Loreto, San Ignacio, La Purísima, San Isidro, San José de Comondú, San Miguel de Comondú, Ciudad Insurgentes, Ciudad Constitución, Las Pocitas y La Soledad, entre otras, dependen del consumo del agua subterránea generada a partir de la precipitación captada en estas sierras, y de la cual dependen también los ecosistemas terrestres y costeros, los humedales y los acuíferos, así como la existencia de las poblaciones dentro y fuera de las sierras La Giganta y Guadalupe.

No se puede dejar de observar que el porvenir de las próximas generaciones dependerá del buen uso que se haga de este recurso, sin olvidar las condiciones de futuros cambios en el esquema del clima global.

Los oasis y manantiales son producto del sistema hidrogeológico de los sistemas montañosos de las sierras. El  agua de las lluvias que cae en las montañas, se infiltra y precola a los substratos rocosos adecuados y surge en las partes bajas después de viajar distancias considerables. Los manantiales locales reflejan las celdas del flujo subterráneo local. Estas celdas descargan el flujo subterráneo cuando las condiciones son apropiadas; esto implica una roca permeable subyacida por otra roca impermeable, fracturamiento y afloramiento en las márgenes de los cauces principales. El servicio ambiental hídrico de las sierras La Giganta y Guadalupe lo constituye la capacidad que tienen los ecosistemas serranos para captar agua y mantener la oferta de la misma a la sociedad, que se ve beneficiada por ese flujo continuo y permanente de agua, que en zonas áridas es todavía más relevante por la enorme fluctuación temporal de la recarga de los acuíferos, que aunque se acostumbra manejar en forma de promedios anuales, éstos de ninguna manera reflejan la realidad que da pie a grandes oscilaciones anuales, con años en que la recarga es prácticamente nula. Asimismo, el servicio ambiental que prestan los humedales en la Sierra La Gigante y Guadalupe es de incalculable valor para la biodiversidad de los ecosistemas dentro y fuera de ella. La espina dorsal de la cordillera de las sierras La Giganta y Guadalupe, ejercen un control orográfico notable sobre la precipitación que se presenta anualmente, en la época lluviosa, en invierno y aún en épocas de secas. Con la creación de la reserva de la biosfera se logrará impedir que compañías nacionales y transnacionales exploten y contaminen los recursos, ya que las áreas naturales protegidas no dan concesión a ningún tipo de empresas contaminantes y depredadoras.

Respecto a la biodiversidad de las sierras La Giganta y Guadalupe, destaca que la flora tiene una composición mixta de plantas compartidas con el matorral de la región del cabo, pero también con numerosos taxones (grupos en que se clasifican los seres vivos) de la flora de las montañas desérticas del centro de la península, y, en menor grado, con el matorral desértico del sur de Sonora.

La flora está compuesta por ocho tipos diferentes: las herbáceas, tanto perennes como anuales, que representan el 55%; los árboles que están mal representados, pero las formas arbustivas son significativas; las hidrófitas, o plantas acuáticas que viven junto a los cuerpos de agua, o en suelos inundados, o en el agua; las plantas suculentas y semisuculentas; las plantas parásitas y las trepadoras. En el área propuesta se encuentran diversas comunidades vegetales como el matorral sarcocaule y sarcocrasicaule (comunidades vegetales caracterizados por la dominancia de arbustos de tallos carnosos, algunos de corteza papirácea), los mezquitales o hábitat xeroripario (correspondiente al cauce del arroyo y a la vegetación que funciona de amortiguamiento para los oasis), los encinales, los de lagunas estacionales y vegetación de oasis.

En ambas sierras, la fauna de vertebrados presentes es mayormente de origen neotropical, aunque los elementos neárticos (venado, borrego cimarrón, zorro y coyote) también son importantes. La fauna de las sierras está compuesta por alrededor de 323 especies de vertebrados, de los cuales el 8% son endémicos, y el 17% se encuentran enlistadas en la NOM-059-SEMARNAT-2010 (especies en riesgo). El mayor porcentaje de estos endemismos se encuentra en el grupo de los reptiles, gran parte de los cuales se distribuye a lo largo de las serranías en cañones, conglomerados rocosos y en los oasis. El grupo de los anfibios en esta región está representado por tres especies nativas, y existen además 39 especies de reptiles nativos. Entre las aves relevantes destacan las aves nocturnas y de entre las aves diurnas sobresale el águila real. Los oasis presentes en esta región favorecen la presencia de una gran variedad de aves. En cuanto a los mamíferos que se encuentran en esta región, sobresale el tejón, enlistado en la NOM-059-SEMARNAT-2010. También destaca el ardillón negro (especie endémica restringida a ambientes rocosos), el coyote, el mapache, la ardilla del desierto o juancito, la liebre y diversas especies de roedores y murciélagos. La especie emblemática de las sierras La Giganta y Guadalupe, es el borrego cimarrón.

El estatus de Reserva de la Biosfera tendría un muy importante beneficio social y económico. Esto se expresa en los valores monetizados de la captura de carbono y del uso y recarga de agua, que representan un valor de 84% de diferencia en los escenarios con y sin reserva. Un beneficio muy importante no cuantificado, es el efecto positivo de la reserva sobre la captación de aguas subterráneas, que beneficiaría considerablemente las áreas circundantes, en especial al Valle de Santo Domingo y a la Ciudad de Loreto. La dinámica de la actividad agrícola y turística del estado depende en gran medida de la captación de agua, en este caso de las sierras La Giganta y Guadalupe.

Es importante mencionar que el estatus de Reserva de la Biosfera no afectará el desarrollo de actividades como la ganadería; las zonas núcleo estarían localizadas en las partes más altas de las sierras, y representan una porción ínfima de las mismas.

Los apoyos que se concentran en las Áreas Naturales Protegidas tanto financiero, como técnico, y de organización de carácter público y de organizaciones de la sociedad civil, beneficiarían también a otros sectores económicos debido al efecto multiplicador del ingreso, y se vería reflejado en el incremento de las fuentes de empleo, ingresos de las familias, demanda de productos y servicios, contribuyendo a elevar el nivel de vida de la población, y a la reducción de los niveles de pobreza rural en las sierras La Giganta y Guadalupe.

Mi correo: churea57@yahoo.com.mx

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