El universo por cripta

Olgafreda Cota

ofcota@prodigy.net.mx

El universo por cripta

Con una extraña mezcla de tristeza y aceptación, nos enteramos el pasado febrero de la muerte de Stephen Hawking, y digo extraña mezcla, porque como sabemos estaba atado a una silla de ruedas, sin poder moverse, comer o hablar. Vivía  con una dependencia total. Y sin embargo, fue posiblemente la mente más brillante que haya existido.

Su última silla fue diseñada por ingenieros de la compañía Intel, esto le permitió trasmitir sus pensamientos y realizar algunas tareas como el navegar por internet, diez veces más rápido. En una de sus mejillas tenía cierto movimiento voluntario, así que le colocaron un sensor que era detectado por un conmutador infrarrojo montado en sus gafas, con esto podía seleccionar los caracteres en su ordenador. Lo que no pudo hacer la medicina por él, lo hizo la tecnología. De no ser por ella, las ideas de este genio se habrían quedado encerradas en su cerebro.

Hawking: físico teórico, astrofísico, divulgador y cosmólogo británico, elaboró teorías y modelos matemáticos para explicar fenómenos físicos, su análisis y predicción de su comportamiento. Aunque fue John Mickel en 1783, el descubridor de los agujeros negros (región finita del espacio en cuyo interior existe una masa tan concentrada que ni siquiera la luz puede escapar), fue Hawking quien elaboró teoremas espacio-temporales y la predicción teórica de que dichos agujeros negros emiten una radiación. Teorizó sobre la posible historia del universo: del Big Ban a los agujeros negros,

Durante su vida fue galardonado con muchas medallas y distinciones, entre ellas doce doctorados honoris causa. Y salta una pregunta: ¿Por qué esta persona extraordinaria nunca recibió el Premio Nobel de Física?  Porque  para que la Real Academia de Ciencias de Suecia lo otorgue, se necesita que los descubrimientos de teorías científicas se confirmen empíricamente por datos observables. El mismo Stephen Hawking decía que la mayor parte de su trabajo sobre agujeros negros, tal vez nunca llegue a demostrarse.

Sus restos reposarán en Londres, en la Abadía de Westminster, lugar en que se encuentran numerosos miembros de la realeza, grandes escritores, científicos, políticos, actores.

Pero… ¿Por qué no hacer algo similar a lo que se hizo con el astrofísico norteamericano Clyde Tombaugh, (1906-1997) quien en 1930 descubrió el planeta Plutón? Sus cenizas viajan en un recipiente que se fijó en la parte inferior de la nave espacial New Horizons, la cual lo llevó después de viajar durante nueve años, hasta el punto más cercano a Plutón, el 14 de julio de 2015.

En general los ingleses son más cuadrados que los estadounidenses, pero acaso un ser que vivió en las condiciones de Stephen Hawking y ha sido considerado una de las mentes más extraordinarias que han existido, sus restos deberían tener un destino similar y darle el universo por cripta.

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