Don Carlos Peláez Cota Un Santiaguino distinguido por su constancia y esfuerzo

Por Prisciliano de la Peña

Santiago, B.C.S. Llegar a la c

01 Don Carlos Peláez Cota
Don Carlos Peláez Cota

asona antigua de Don Carlos Peláez Cota y su esposa Doña María Castro Navarro, es un gusto a la vez que privilegio, donde por las mañanas siempre habrá aromas a café de grano, a café de rancho sudcaliforniano, y tortillas de harina hechas con manteca de cerdo y requesón de Las Cabras, uno de los lugares que escogió el general Francisco José Mújica Velázquez como punto de descanso y llegada, siendo gobernador del territorio de Baja California Sur. Es toda una añoranza, entre otras cosas recordar cuando mi maestra Anita Peláez Cota me mandaba ir por cosas a su casa y aquél terrible perrito Fifí siempre dispuesto a morder y corretear a quién se  metiera a su casa.

Es un placer estrechar la mano de Doña María, siempre atenta y sonriente. Con carácter amable.

Nació aquí, en la residencia conocida en el pueblo como como la “casa de Los Pelaicez” un día 26 de abril de 1931.

Yo nací llorando y afuera de mí casa amaneció un Forcito del año. Por cierto que el General Agustín Olachea se lo pidió prestado a mí papá para “ir a lucirlo a La Paz” y como al mes se lo regresó con su chofer Emilio Castro, que también lo fue una temporada de Mújica.

Recuerdo al chofer del General Juan Domínguez, quien fuera gobernador del Territorio, Emilio Betancur “El Molacho”; por cierto que en una ocasión que iban por el desierto, al general le dieron ganas de hacer del cuerpo y no llevaban papel ni nada y el chofer se dio cuenta, después que regresó el gobernador fue él, diciendo que ya le habían dado ganas también. Pronto regresó sin el paliacate en el cuello; en la primer llegada se fue al agua a lavar los billetes. Después el general se dio cuenta pues El Molacho empezó a comprar cosas…

02 Doña María fue una de las primeras Reynas del pueblo de Santiago.
Doña María fue una de las primeras Reynas del pueblo de Santiago.


Sus padres fueron Mauricio Peláez Manríquez, de La Paz y la Maestra Teodosia Cota Castro, de la subdelegación de San Jorge, de esta delegación municipal de Santiago. Laboró en la primera escuela del lugar, la número 27, en donde actualmente está la biblioteca Julio Castillo Márquez, en lo que fuera el cuartel militar y posteriormente museo regional y DIF.

Don Carlos goza de una formidable memoria; recuerda hasta los más mínimos detalles de sus vivencias y hechos del pasado y del presente.

En esta ocasión no pretendo hacer acomodos de esta conversación con Don Carlos.

-Usted fue un hombre que campeó entre el rancho sudcaliforniano de los caballos de su familia y los quehaceres administrativos de los gobiernos, y la estrategia de la política, ¿Cuáles fueron sus cargos?

Síndico del primer ayuntamiento de La Paz, con el Presidente Ing. Alfonso González Ojeda; resulta que yo era suplente del Lic. Guillermo Mercado Romero, quien al tiempo fue gobernador, y a éste lo jaló a su gabinete el gobernador Ing. Félix Agramont Cota.

Regidor en el primer ayuntamiento de Los Cabos, con el Profesor Héctor Palacios Avilés, el popular Come Dulce.

Con el Profesor Juan Pedrín Castillo fui consejal en la transición entre el Profesor León Cota Collins.

En el tiempo que fui síndico también fui delegado Municipal, con un solo sueldo, hasta donde yo sé es un caso único en la historia de los Municipios.

En muchas ocasiones estuve encargado del despacho de la delegación de Santiago, otras tantas veces secretario de la misma, recaudador de rentas.

03 El joven Carlos con el Presidente Dwight D. Eisenhower, el delegado César Osuna Peralta
El joven Carlos con el Presidente Dwight D. Eisenhower, el delegado César Osuna Peralta

Emotivo fue su reconocimiento por sus 60 años de servicio en el gobierno del Territorio, y los municipios  de La Paz y Los Cabos.

Se levanta un momento, se ve al espejo, se acomoda los lentes y el cabello y vuelve al sillón, como un paréntesis y continúa.

El primer delegado electo directamente por el pueblo fue Alfredo Fischer Ruiz, le ganó a Manuel Cosío Cosío, en tiempos del general Múgica, quien vivía aquí cerca en el internado General Bonifacio Salinas Leal, quien también fuera gobernador del estado. Por cierto que luego vino la maestra Bibiana Puppo, le dice:

Alfredito vengo a felicitarte y qué tengas una efímera estancia en el poder.

Maestra en lo que podamos servirte, basta que los dos seamos de La Ribera; se despiden de manos y apapacho.

El señor delegado le pregunta a Valero Canseco Reza: –Oye Valero, ¿qué me quiso decir con eso de “efímera estancia”?.

Muy corto tiempo Alfredo…

-¡Vieja jija de su pinche madre! –vocifera y se va rumbo a los álamos del arroyo

-¿Algún recuerdo de aquí o del campo Don Carlos?

-Aquí subiendo los escaloncitos ahí apresaban en los árboles a los malechores o en el tamarindo de Saturnio Haro, era un deshonor que lo vieran a uno amarrado allí.

-¿Qué carreras de caballos famosas recuerda Don Carlos?

-De la cuadra de mi padre jugaba El Alas Blancas Vs el Bayo de Los Montaños…

El desengaño con mucho dinero, ganado y bienes Vs El Patas Blancas de San José del Cabo.

En los bailes Don Rito Flores era el bastonero, pues había pocas bailadoras, se hacían invitaciones a los jefes de familia para que pudieran asistir sus hijas. En un momento determinado gritaba: ¡A cenar las bailadoras!, y “¡los que bailaron se sientan en esta!”. Los bailadores pagaban la cena

Un hecho de sangre, lamentable, fue cuando Mauro Peralta mató a Valero Canseco Cota, el día 19 de abril de 1940; se oyeron los balazos allá por el rumbo de uno de los trapiches, por donde vivía Jesús Meza. El Diputado Federal Casimiro Talamantes le da la despedida a Valero, con un sentimiento que solo él podía expresar, con un vozarrón que ya lo quisiera Alejandro  D. Martinez, aquél cronista del Estado.

Uno de los mejores gobernadores, si no el mejor, fue el General Francisco José Mujica Velázquez. En una ocasión le puso un telegrama el secretario Senén García Anguiano que llegaba el ministro de Gobernación y le contesta Mújica: -Entretenga al señor Ministro y dígale que invariablemente me encuentro en la finca Mújica, en Santiago.

El General era acérrimo enemigo de los vicios, hasta del café, a los billares enviaba los soldados y detenían a quienes estaban ahí y los tomaban presos. Sin embargo en una ocasión el General Cárdenas, siendo Presidente de la República y gran amigo de Mújica le comenta: –Vamos a tomar café Mújica, te lo vas a tomar conmigo, sírvanle también: -¡Salud Mújica!

-Salud señor Presidente  –le sigue el Gobernador con una visible mohína.

Recuerdo cuando me hiciste el honor de acompañarme en el Cerro de la Bandera en Buena Vista a dar una vuelta con la bandera blanca de la alfabetización y luego la izamos; fue un orgullo; después vino gente de otros lugares a trabajar a San José del Cabo y Cabo San Lucas y se arrió esta simbólica bandera, después quitamos el asta bandera, tú debes tener fotografías.

También, llevaba a Armando Núñez Cosío a colocar la bandera al cerro de Buena Vista, le pagaba $50.00, que era un dineral en aquéllos tiempos; no cualquiera se atrevía a subirse a esas alturas, después ya se hacía con un motorcito, y en algunas ocasiones se pegaba la bandera en el cable y no corría ni para atrás ni para adelante. Ahí estaba Armando como un chango…

-Cuénteme una anécdota de Don Valero Canseco Reza –le pido al entrevistado.

-Mira, allá en Todos Santos andaba de parranda con banda y todo por las calles, y le seguía un policía que le cargada una botella de tequilla; cada que el policía podía se agachaba y le daba un chupete a la botella, El Cuyo, que así le apodaban a Valero, le reconvenía –Ecuanimidad Gregorio.

-Ves, cada que te echas un trago te menciona la madre -alguien le dijo al mentado Gregorio al oído.

Una vez más: –Ya te dije: ¡ecuanimidad Gregorio!

-¡La suya hijo de su chingada madre!

A Don Carlos, el popular Chale Peláez, se le rindió un homenaje por sus 60 años de servicio con los diferentes gobiernos del estado de Baja California Sur.

Nos despedimos con la promesa de que iría con su familia a mi Rancho Ecológico Sol de Mayo y ahí continuaríamos conversando. Don Chale, siempre fue todo un personaje, siempre estaba ahí para todos. Don Chale, siempre Don Chale, el mismo Don Chale.

Un comentario sobre “Don Carlos Peláez Cota Un Santiaguino distinguido por su constancia y esfuerzo

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s