Don Bernabé Pérpuli a sus 90 años de edad

SONY DSCSan  José de Comondú, el último paraíso sobre la tierra como lo definió el gran escritor Fernando Jordán, fue la tierra que vio nacer a Bernabé Pérpuli Mayoral el día 3 de junio de 1927, hace 90 años, su nacimiento significó  una gran bendición para sus padres Ángela Mayoral Aguiar y Benjamín Pérpuli Vidaurrazaga.

En este hermoso oasis vivió su niñez y adolescencia rodeado del cariño y protección de sus padres y al lado de sus queridos  hermanos Carlos (qepd), Cristina, Elvira y su hermana menor María de los Ángeles.

Sus padres a quienes amó profundamente, en su medio y en su tiempo lo formaron como un hombre íntegro, los valores inculcados lo han acompañado siempre en el vaivén de su vida, para  ellos, para los abuelos Benjamín  y Ángela  nuestro cariño, gratitud y bendiciones siempre dónde quiera que hoy se encuentren gozando al lado de nuestro padre celestial.

Siendo muy joven a los 18 años de edad y con ese espíritu libre que siempre ha caracterizado a  los descendientes de Carlos Pérpuli Bastatsini tomó la decisión de partir a los Estados Unidos a buscar nuevos horizontes, su familia con nostalgia lo vio alejarse y a partir de ese momento las bendiciones de su padre y las oraciones de su madre, una mujer de mucha fe lo acompañaron siempre.

El ejido km. 43 ubicado en el Valle de Mexicali, Baja California (Norte) fue la tierra que lo recibió, pero ahí una circunstancia inesperada cambió sus planes, su compañero de viaje Arturo Gómez oriundo de Los Comondú, recibió una carta donde lo invitaban a trabajar como maestro en Rosarito, Baja California ante la necesidad de docentes que había en esa época. Así, fue necesario despedirse y continuar solo a reencontrarse con otros compañeros que ya habían logrado cruzar la frontera entre ellos Leopoldo Perpuli y Gustavo Verdugo Aguiar.

Su estancia en la Unión Americana; en San Diego, Oregón, Los Ángeles, estuvo marcada por una serie de experiencias, aquellas que viven comúnmente los indocumentados (largas jornadas de trabajo en los campos de cultivo, carencia de un lugar dónde vivir, la angustia siempre de que los deportara la migra a México, etc.). Sin embargo, también fue una etapa donde disfrutó la aventura, el riesgo y la convivencia, etapa que solo se puede vivir y gozar intensamente con el ímpetu que te da la juventud.

02 Don Bernabé, en su casa, en su querido San José de Comondú, BCS
Don Bernabé, en su casa, en su querido San José de Comondú, BCS

Para Bernabé, en ese momento sus sueños y anhelos eran más grandes que las dificultades enfrentadas en estas lejanas tierras. Así,  no fue la única vez que viajó hacia a los Estados Unidos, años más tarde lo hizo por segunda ocasión pero  esta vez acompañado de su fiel amigo de toda la vida Gustavo Verdugo Aguiar.

Con sus compañeros de viaje a los Estados Unidos Arturo Gómez, Leopoldo Perpuli y Gustavo Verdugo lo unió siempre una gran amistad, incluso muchos años después se convirtieron en sus queridos compadres, un día a cada uno de ellos en diferente tiempo los vio emprender nuevamente un viaje pero esta vez a una dimensión desconocida a gozar de la vida eterna, sin embargo, a ellos, hoy los guarda en un lugar muy especial en su corazón, ahí donde se atesoran siempre sigilosamente los afectos más profundos.

Al  regresar  de los Estados Unidos  a Los Comondú  invierte algunos dólares que había logrado reunir producto de su trabajo y adquiere algunos animales, con el apoyo siempre decidido de su padre Benjamín y de su hermano Carlos empieza a trabajar y conformar su rancho hasta hacerlo producir.

Muy cerca de la cadena montañosa de la Sierra de La Giganta, específicamente en los ranchos conocidos como “Portavieja” y “El Batequito”, dejó gran parte de su vida, solamente los grandes cerros acantilados y la soledad de estos hermosos lugares fueron testigo fiel de una vida dedicada al trabajo, incluso aun cuando sus fuerzas por su edad ya no eran las mismas.

A sus 33 años se enamora profundamente de una hermosa joven comundeña de 18 años de edad, él sabía que ella era la mujer indicada con la cual edificaría su vida y la de sus hijos, por lo que después de un corto noviazgo,  el 19 de marzo 1960 contrae nupcias con Ramona Verdugo Moreno en la Misión de San José de Comondú, y quien a partir de ese momento se convirtió así en su fiel compañera de vida, en el devenir del tiempo procrearon siete hijos Aleyda Margarita, Consuelo, María de los Ángeles, Ramona, Bernabé, Nicolás y Rosy, ellos se convirtieron así en la razón de su existir y aquí inicia una vida dedicada a su familia.

Como padre, ha sido un ser humano extraordinario, siempre buscando ser un proveedor para que en su hogar nunca faltara nada, focalizando sus esfuerzos para ser un referente importante y formar a sus hijos, por brindar una educación adecuada, siempre paciente, amoroso, y con la alegría que lo caracteriza ha sabido caminar al lado de sus tesoros más preciados y como un hombre sabio se ha asegurado de hacerlo muy de cerca, para que ninguno de ellos olvide su gran legado. 

Como abuelo, ha tenido la dicha de poder disfrutar a sus siete nietos Idhana, Génesis, Carlos, Daniel, Melesio, Aleyda y Vianey, para ellos ha sido un hombre especial, que les ha inculcado el respeto y el amor, les ha enseñado que la verdadera riqueza no se encuentra en las cosas materiales sino en el alma, que todo lo pueden conseguir si ellos se lo proponen, para ellos su cariño y protección siempre ha sido incondicional.

Para él, hoy en esta etapa de su vida, su familia es sencillamente “La suerte regalada que Dios le dio”

Desde su juventud, como amigo siempre estableció una relación basada en la lealtad, la mayoría de ellos se convirtieron en entrañables compadres, con ellos vivió y compartió grandes momentos de alegría y circunstancias de la vida misma, entre ellos: José Félix Aguiar, Juan José Amador, Alejandro Davis, Álvaro Pérpuli, Jorge Olachea, Mateo Olachea, Heriberto Pérpuli, Edmundo Verdugo, Enrique Ceseña, Gustavo Verdugo, Leopoldo Pérpuli, Adalberto Aguiar, Antonio Pérpuli, Arturo Gómez, Tomás Murillo, Sacramento Verdugo, Bonifacio Olivas, José Luis Pérpuli, Carlos Verdugo, entre otros.

Y así con la tristeza que siempre implican las despedidas de los grandes amigos, en muchas ocasiones su alma se vistió de tristeza cuando por circunstancias de la vida fue necesario un Adiós definitivo para que ellos acudieran al llamado de nuestro padre celestial.

A ellos los ha extrañado siempre pero ese es el costo de los buenos momentos compartidos.

Bernabé Pérpuli Mayoral ha vivido cada una de las etapas de vida de un ser humano, y para ser feliz nunca ha necesitado un conjunto de circunstancias, sino un conjunto de actitudes para enfrentar la vida.

A sus 90 años de edad, cada vez que tiene la oportunidad abre las puertas del pasado para recordar los pasajes más importantes de su vida que el tiempo no ha logrado desdibujar de su mente y de su corazón.

La vida de Bernabé Pérpuli ha sido producto de sus decisiones, vivió con lo que tuvo pero tuvo lo que quiso, hoy, vive en este paradisiaco lugar rodeado de la actitud cariñosa, amable, y solidaria de sus amistades con las que convive cotidianamente, con un arraigo muy fuerte a esta su tierra que lo vio nacer.

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