Desafiando lo desconocido Primer viaje de Cristóbal Colón

Continuación del relato:

Segunda parte

Por el Piloto Aviador Enrique A. Guerrero Osuna

Terra est rotunda spherica

Desafiando lo desconocido

En virtud de los últimos descubrimientos sabemos que Cristóbal Colón no fue el primer europeo en pisar tierras americanas, más bien fue de los últimos en llegar. Su vida está llena de misterios y enigmas sin resolver, uno de ellos es el de su origen. En el relato anterior y según el maestro Samuel Eliot Morison definitivamente era genovés. Esto a los españoles los tiene sin cuidado ya que consideran que los hermanos Pinzón son los verdaderos descubridores, ambos bandos hasta la fecha siguen discutiendo con un tercero en discordia: Portugal. Colón paso muchos años de su vida en Lisboa (llegó en 1476), entrando y saliendo y curiosamente ahí aprendió el español. Ciertamente hizo un gran esfuerzo para convencer al rey Joao II sin lograrlo. Fue por eso que se enfiló a España como “plan b”.

En la primera parte de este relato vimos como Colón realizó varias visitas al monasterio de La Rábida, antiguo enclave Templario. En la primera dejó a su hijo Diego al cuidado de los monjes pero obviamente no fue la única razón. Hubo algo más. Muy probablemente le fueron proporcionados mapas antiguos que señalaban la existencia de otras tierras allende el estrecho de Gibraltar, mapas que procedían de un oscuro pasado Templario, sobre todo del matemático, astrónomo y cosmógrafo italiano Paolo Dal Pozzo Toscanelli de quien Colón tomó la idea de viajar hacia occidente. Ahora bien, el papa Clemente V suprimió la orden de los templarios en 1314, fueron sistemáticamente perseguidos por todo el mundo conocido, hasta llegar a su aparente aniquilación. Digo aparente porque en algunos lugares se transmutaron en otras ordenes, como en España en donde fue creada la Orden de Calatrava, quienes heredaron no solo los bienes, sino también los conocimientos de la Orden del Temple, lo cual a su vez le fue transmitido a Colón, pero con un propósito: el de encontrar otras tierras (que ya sabían por cierto que existían al oeste) para la sobrevivencia de la Orden y si en el inter se negociaban algunos bienes, mejor. Esto explicaría las famosas cruces rojas en las velas de la flota de Colón y la ruta que siguió, llamada “T y D” por algunos historiadores derivada de: “Templum Domine” conocida por los Caballeros Templarios. Se dice que los barcos de los Templarios cruzaban el Atlántico saliendo del puerto de La Rochelle en Francia, esto previo a la salida de Colón. Entonces ¿por qué partir de España? Esto no lo sabemos, y solo se vale conjeturar. Lo intentó de Portugal, que está más cerca, pero no se dio, lo iba a intentar de Francia pero se le atravesó España. A él le dio igual, su misión era llegar a Cipango por el Oeste.

Hubo en mi criterio otro motivo más y también muy poderoso: la persecución indiscrimada de judíos desatada en la España medieval. La Inquisición fue la encargada, entre otras cosas, de perseguir, apresar, enjuiciar y ejecutar a cuanto sefardita cayera tenebrosamente en sus manos. Las ejecuciones de judíos era cosa de todos los días y por miles. Desgraciadamente para la humanidad la Santa Inquisición duró en Europa 344 años en los cuales se cometieron todo tipo de excesos. Un procedimiento muy común en España era que algún vecino denunciara a una familia como “judaizante” los apresara la Inquisición y sus bienes eran repartidos entre los denunciantes, la suerte de los judíos no les interesaba quienes normalmente terminaban en la hoguera después de haber sido sometidos a torturas indescriptibles por su sadismo, al cabo de las cuales aceptaban todo, hasta haber bailado con el mismísimo Lucifer. En la España de la Inquisición todos sospechaban de todos, incluso dentro de una misma familia. La Inquisición llegó al grado de quemar en la hoguera a Pietro D´albano y Ceseo D´ascoli por afirmar que la tierra era redonda. Existe una anécdota para ejemplificar la parsimonia con la que los judíos se toman el asunto de su eterna búsqueda de una patria o de un terruño donde vivir. Un judío fue a una agencia de viajes, ya en tiempos modernos, en un globo terráqueo el agente le explicó que no los querían aquí, que no los querían por allá hasta dar la vuelta al mundo y terminar con la tierra habitable, entonces el judío le preguntó tranquilamente: “aparte de este ¿no tiene otro? Los que deseen adentrarse más en este tema les recomiendo leer a Simón Wiesenthal. Llegó a tal grado el odio que finalmente los Reyes ¿Católicos? Decretaron la expulsión de los judíos de tierras españolas, con fecha límite el 2 de agosto de 1492, es decir, para el día 3 de agosto no debería de estar ningún sefardita en tierras del reino de Aragón y de Castilla.

Colón hizo abordar a su tripulación en el puerto de Palos antes de las 11 de la noche del 2 de agosto (¿coincidencia?) cuando ya se ha dicho que la costumbre marinera en ese tiempo era abordar las naves hasta el último momento antes de largar amarras, entonces ¿por qué la prisa? La “Niña” la “Pinta” y la “Santa María” partieron hacia lo desconocido el 3 de agosto. ¿Significaba aquello que todos eran judíos? No, en lo absoluto, pero sí su Capitán. La mayoría eran marineros locales comunes y corrientes, de que tenían cuentas pendientes con la ley las tenían, pero iban amparados con un “perdón” real para que no fueran sujetos de ninguna persecución ni juicio mientras estuvieran al mando de Colón o al menos comisionados en su aventura. Sin embargo, el “comandante” de la expedición si era judío y los que financiaron el proyecto también eran judíos todos ellos “conversos”, pero más bien se les conocía con el apodo de “marranos”, no con la connotación que la conocemos hoy en día, sino que esa palabra significaba que eran judíos disfrazados.

Entonces tenemos dos ingredientes muy importantes: el interés y el dinero de los Templarios (en secreto) y el interés y el capital de los judíos (no tan secreto). Los Reyes Católicos salieron al frente para salvaguardar apariencias.

Habiendo fallado en obtener apoyo para su “empresa” en Portugal, por las razones que hayan sido, el plan de Colón era marchar a Francia, pero se detuvo en España y algo lo hizo cambiar de opinión. Decidió intentar de nuevo con los Reyes Católicos. Habiendo reconquistado sus reinos y habiendo expulsado a los judíos ya no les quedaba más pretexto para negarse a dar su apoyo a Colón, pero el proyecto necesitaba un último empujón. Aquí entran en acción 4 “marranos” (no piensen por favor en el concepto que conocemos actualmente) sino más bien 4 judíos con mucho, mucho dinero. Contrario a los que se nos ha dicho, los Reyes de España no aflojaron “ni un quinto”, el mayor capital lo proporcionaron Luis de Santángel y Alonso de Carbajal con $ 1, 140,000 Maravedíes una inmensa cantidad que no quiero ni pensar en la equivalencia moderna. Aparte, Juan Cabrero otro marrano se “dejó caer” con 17,000 ducados de oro, también cantidades estratosféricas. Así respaldado económicamente, Colón se pudo dedicar a reclutar a la tripulación, adquirir las embarcaciones, repararlas y abastecerlas para la travesía. Pero antes, tuvo que firmar las famosas “Capitulaciones de Santa Fe” que era más o menos el equivalente a un contrato con los Reyes, insisto, sin que ellos hubieren aportado nada. Pero me llama la atención el nombrecito de “capitulaciones” porque pudiera referirse al hecho de estipular una rendición, pero no, creo que se refiere simplemente a la realización de un convenio o pacto.

Resumiendo hasta ahorita:

Cristóbal Colón recibió Cartas e Instrucciones de los descendientes de los Caballeros Templarios, sabía que poniendo rumbo al Oeste se encontraría con las costas de Cipango y con un poco de suerte se toparía con una isla llamada “Antillia”. No sabía a ciencia cierta cuanto tiempo le iba a tomar ese “cruce”. Sus cálculos eran muy “alegres” (cortos) en cuanto a distancia, lo cual en esa época era comprensible. El Almirante sabía que manteniendo un rumbo al Oeste franco se iba a topar con algo. Ese valor para desafiar lo desconocido es lo que para mí es importante.

Colón era un “marrano” y recibió financiamiento total y absoluto de otros “marranos”. Se comprometió con ellos en la búsqueda de las 10 Tribus Perdidas de Israel.

Contrató marineros locales en Palos, muchos de ellos con cuentas pendientes pero los convenció de que solo iban a navegar unos cuantos días, además les consiguió un perdón real para que no fueran perseguidos por sus antecedentes medio turbios.

Adquirió tres barcos en muy mal estado, sin embargo los reparó y acondicionó para su aventura.

Los barcos. Por no existir mayores datos se desconoce cuál era el aspecto de las tres naves de Colón, se pueden inferir algunos detalles como:

Desplazamiento: 

La “Santa María”, nave capitana: Entre 120 y 130 toneladas. Apodada “La galante” por sus cualidades marineras y para velear. Ya no regresó a España.

La “Niña”: 60 toneladas. La favorita del Almirante, la más marinera, fue y vino en los dos primeros viajes de Colón, sobrevivió muchas millas navegando. Propietario: Juan Niño, de ahí su nombre.

La “Pinta” entre 55 y 60 toneladas según el cálculo de Samuel Eliot Morison. Probables propietarios previos al viaje: familia Pinto, de donde proviene su nombre. Se perdió en los anales marinos después del primer viaje.

Tripulación:

Santa María: 39 hombres.

La Niña: 27 hombres.

La Pinta: 22 hombres.

Total: 88 hombres.

Ni una sola mujer.

La Niña y la Pinta fueron proporcionadas por la municipalidad de Palos a expensas de los contribuyentes, la Santa María fue fletada por Colón. Los salarios de todos los tripulantes se dividieron entre el tesoro real. Hubo un retraso en la entrega de la Santa María, lo cual sin saberlo origino que navegaran con buen tiempo ya que la temporada de huracanes (desconocida para Colón) estaba de salida.

La disposición del velamen en las tres era lo que se conocía como: “velas cuadras” y podían navegar tanto en “bolina” como con viento en popa. En el criterio de algunos marinos, no había mejores barcos para llevar a cabo semejante hazaña.

El cruce del Atlántico, supuestamente por primera vez, le llevó a la flota española 33 días, durante los cuales la vida abordo era rutinaria, guardias de 4 horas, ajuste de cabos y líneas, tensar velas, mantener el rumbo y murmurar (criticar) de su suerte, hacer una sola comida caliente al día, pescar y platicar de lo que les deparaba el destino, sin saberlo (al menos, eso creemos), los vientos alisios empujaron las naves directamente a su encuentro con la historia, milagrosamente no se toparon con ninguna tormenta ni mal tiempo de consideración, la mar como dicen los marinos siempre fue bonancible. Durante la travesía se gritaban de barco a barco las novedades, pero también de cuando en cuando había reuniones a bordo de la Santa María con los 3 capitanes. Rápidamente los hermanos Pinzón dieron muestras de rebeldía hacia su Capitán, así como algunos marineros alebrestados porque no encontraban tierra casi cometen el delito de “motín”, es decir, “insubordinación abordo”, delito muy grave en altamar. Colón se mantuvo firme y solo les pedía más tiempo, y como ya quedó visto en la primera parte, el 12 de octubre de 1492 el marinero Rodrigo de Triana de la “Pinta” vio tierra. Colón en un gesto muy criticable jamás le reconoció a Triana el haber visto tierra para que no cobrara su recompensa, al contrario, el mismo se atribuyó ese hecho y el cobró sus maravedíes. Vamos, ¿acaso tenía el Almirante necesidad de tal acción? Realmente no.

Para navegar Colón utilizó algunos “portulanos” (cartas de marear en pergaminos) y mapas facilitados por sus amigos templarios y judíos en los cuales ya aparecían algunas tierras e islas al Oeste de la península Ibérica, Colón sabía de la existencia de esos lugares, sin embargo me llama la atención que primero navegó al sur, hacia las islas Canarias, ahí se reabastecieron, hicieron reparaciones, le cambiaron la arboladura a la Santa María y tomaron rumbo al oeste ayudados por los vientos alisios. Esto aparentemente Colón no lo sabía. Igualmente ignoraba que los meses de septiembre y octubre de cada año es temporada de huracanes en el Caribe, pero la suerte le ayudó. Toda la navegación la hizo “a estima”, utilizando únicamente sus mapas secretos, su brújula magnética y su reloj de arena, no utilizó la navegación “astronómica” porque la desconocía y no contaba con instrumentos para tomar lecturas angulares, ni mucho menos tablas ni calendarios para la conversión de alturas azimutales. La orden a los timoneles era estricta: mantener rumbo a los 270 grados. Es sabido que el Almirante llevaba dos bitácoras, una la que el suponía la real, y la otra con datos falsos para engañar a la tripulación. A la larga se descubrió que la “falsa” estaba más apegada a la realidad. El error total del Almirante en sus cálculos de navegación fue de tan solo el 9 %. Un desempeño extremadamente exacto para la época. Esto me hace suponer a mí que Colón contaba con otros conocimientos que aún desconocemos y que él se cuidó mucho de revelarlos, de hecho se los llevó con él a la tumba.

Este primer viaje fue una proeza de navegación, sin embargo desde el punto de vista comercial fue un verdadero fiasco por la sencilla razón que nunca encontraron las cantidades de oro que esperaban, tampoco encontraron las “islas de las especies”, perdieron una de las carabelas en el proceso (la Santa María), dejaron el primer asentamiento europeo en el nuevo mundo en la Hispaniola (fuerte Navidad) el que a la postre fue destruido por los aborígenes y muertos todos los ocupantes.

Como dice la sabiduría popular mexicana cuando nos referimos a que oficio tenía Colón antes de descubrir América: “lo más probable es que haya sido político, porque no supo adónde iba, no supo adónde llegó y todo lo hizo con dinero ajeno”. La realidad es que si sabía adónde iba, pero no supo adónde llegó, manteniendo hasta su muerte la creencia de que había llegado a Cipango (Japón). En cuanto al financiamiento de su empresa ya vimos que no lo obtuvo de los Reyes Católicos como esperaba pero sí de sus amigos los judíos poderosos así como de sus colegas de la Orden del Temple.

Cristóbal Colón tuvo la entereza moral para liderar una empresa muy incierta, lanzarse a lo desconocido, conducirla a través del “mar tenebroso”, descubrir nuevas tierras y regresar a Europa para darlo a conocer. Ese es el verdadero valor que debemos reconocerle. Como dice Stefan Zweig: “fue un momento estelar de la humanidad”.

Bibliografía:

“Vida del muy magnifico señor Don Cristóbal Colón”, Salvador de Madariaga.

“El Almirante de la Mar Océano”, Samuel Eliot Morison.

“Cristóbal Colón, un ensayo histórico incómodo”, Juan María Alponte.

“Cristóbal Colón Diario. Relaciones de Viajes”, Ediciones SARPE 1985 Madrid.

Diversos datos sacados de Wikipedia vía internet.

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