EN PRIVADO

Por Dionicio LARA

• Bien será con la lámpara de Diógenes.

En privado marzo 2018En esta ocasión -Bertoldo, Amigo y Director de esta prestigiada Revista- deseo iniciar esta entrega con una interrogante:

¿Quién de nosotros desea para nuestros hijos, nietos y demás que nos sucedan, un México como el que hoy por hoy se nos presenta?

Digamos, un México con esas heridas tan sangrantes y supurantes -que por sí solas-, ya nos están provocando, a la mayoría de los mexicanos, una cruel indecisión, un triste desgano, una gran inseguridad y un terrible miedo. 

Y vamos más allá mi Director: un México, con políticos dudosos, vacilantes, torpes, caprichosos y convenencieros; que con su acostumbrada perorata, y su aburrida arenga, nos han llevado por esos inciertos caminos de la irresolución, de la incertidumbre, del desconcierto; y que, con sus “brillantes” ideas -en lugar de avanzar-, más bien nos están conduciendo al retroceso y al repliegue; y que en vez de resurgir, más bien -como condenados al patíbulo- nos están  llevando al sótano y -por qué no decirlo-, a la cripta.

Y qué triste es verlo lesionado por el ocio de tantos que engrosan la lista de los desempleados. Como también es triste verlo marcado por el desinterés de tantos que mejor optan escapar por la puerta falsa. Y más aún verlo inmerso en la desidia de tantos que deambulan por allí, hambrientos, con frío, descalzos y sin opciones.

Así es Amigo. Como lamentable también es observar un México violado en sus derechos, condenado al robo, y abrazado por la frivolidad y la indiferencia de sus perversos y apáticos  políticos.

Un México -Amigo Bertoldo-, lastimado terriblemente por el abuso, por la depredación, el abandono y el importamadrismo.

Un México, amenazado por la corrupción y el saqueo, que -muchas de las veces- es provocado y cobijado por sus propios gobernantes.

Un México, sumido en la impunidad y en la inmunidad, que -muchas de las veces- es legitimado y hasta apadrinado por sus propios gobernantes.

Y cómo duele verlo boca bajeado ante tanta perversidad, e indefenso ante tanta inmoralidad; y con escasas -muy escasas- expectativas en el orden social, político y económico, que -al menos-nos adviertan visos y esperanzas de un mañana mejor.

Por ejemplo: porque el privilegio traspasa las rejas de tantos bandidos que desde sus ansias de poder nos han empobrecido más; y el disimulo anida camuflageado en las celdas, mientras el castigo duerme el sueño de los justos en los escritorios de la impunidad.

Por ejemplo: porque los maestros -otrora preocupados por la cátedra y la superación de sus alumnos-, ya no esgrimen el gis para la enseñanza, ni iluminan el pizarrón con sus conocimientos… con su sapiencia… con el saber. Y -contrariamente- muchos de ellos se han pasado a las filas del desmán, del latrocinio, de la destrucción y -lamentablemente algunos- optan por esconderse en las capuchas del anonimato, haciendo desesperados esfuerzos por acabar con México, a pedazos… a golpes de marrazos… a punta de tubazos… a pedradas…  con bombas molotov y a madrazos.

Por ejemplo: -porque entre todos esos que se autonombran nuestros muy flamantes políticos- hoy por hoy, ha sido muy marcada la ausencia de los verdaderos líderes y guías que demanda y exige la nación.

Porque -quiérase o no-, mi estimado Amigo, ha sido muy notaria la desaparición de auténticos adalides y caudillos; y porque -contrariamente-  muchos de ellos -de los que hoy se dicen políticos- se han convertido en tapaderas de la delincuencia; en  prohijantes de criminales y en protectores de malhechores.

Y todo eso, cala y duele a todos los mexicanos bien nacidos, cuando por otro lado ansiamos un país pujante, prospero, enérgico; y ninguno de nosotros queremos un México marcado con esas horribles cicatrices que hondamente le están dejando los golpes del retraso, de la ignorancia, de la indiferencia y el desinterés.

Por tanto -mi Beto-, el  deseo generalizado es un México donde todos trabajemos hombro con hombro con un gran gobernante, para sacarlo adelante y progresar.

Un México donde -precisamente sus gobernantes-, actúen sin nepotismos, al igual que sin compadrazgos, y sin amiguismos. Y donde mucho menos estén dispuestos a actuar con esas ventajosas componendas personales, de grupos o de partidos; como tampoco queremos un México donde el pan de todos los días sean precisamente las cifras aumentativas de la delincuencia, de las drogas, de los asesinatos.

Además, y creo que no es mucho pedir, cuando solo es un binomio compuesto por Paz y Prosperidad, lo que deseamos todos.

Y para lograr esos tan ansiados anhelos, habría que ver primero -en la palestra- a políticos que encierren -tan solo- esta trilogía: compromiso, honestidad y sinceridad.

Sin embargo, mi estimado Amigo; y ya por último, para cerrar esta entrega y pecando de extrema sinceridad, diré con pleno conocimiento de causa que:

Para alcanzar esos tan ansiados anhelos, sin duda alguna que a todos los mexicanos se nos antoja difícil -muy difícil-, entre tanto vestigio, destrozo y podredumbre, poder encontrar la lámpara de Diógenes.

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