Desafiando lo desconocido

Primer viaje de Cristóbal Colón

Por el Piloto Aviador Enrique A. Guerrero Osuna

desafiando lo desconocidoVoy a tratar de narrarles sucintamente y en el corto espacio de este trabajo, un hecho que para mí reviste una gran importancia en el devenir histórico de la humanidad: el primer viaje de un europeo más allá de lo conocido y explorado, para lo cual voy a organizar el tema de la siguiente manera:

El primer marino en aventurarse más allá de las islas Canarias.

Motivos para el viaje.

Los barcos y la tripulación.

La navegación y el viaje en sí.

El regreso.

Conclusiones.

Cristofforo Colombo (Cristóbal Colón).

No se sabe a ciencia cierta ni en dónde ni cuándo nació Cristóbal Colón. Debido a cierta evidencia algunos historiadores ubican su llegada al mundo en Génova en septiembre, tal vez en octubre de 1451. Toda su infancia la pasó en aquella importante ciudad y posteriormente la familia Colón se trasladó a Savona. El hecho de que en sus escritos utilice el dialecto genovés tiende a confirmarnos su origen. Más adelante terminaría utilizando el portugués-español y al final de sus días escribió en castellano con ortografía portuguesa. Tampoco existe evidencia ni tampoco ningún libro que nos indique su ascendencia judía.

Estudiar la vida de este hombre es sumergirse en la vida marinera ya que desde muy joven mostró inquietud por el mar, de manera que no debe extrañarnos el hecho de que anduvo embarcado mucho tiempo, durante el cual, a sus escasos 23 años, aprendió todo sobre el excelso arte de navegar.

Es imposible decir cuándo Colón empezó a madurar sus planes de navegar hacia el oeste. Estableció comunicación por correspondencia con el científico florentino Toscanelli, sin embargo no puede haberse prolongado más allá de 1481 ya que Toscanelli murió en 1482. Toscanelli le puso alas a la imaginación de Colón ya que compartían la misma idea de la posibilidad de un viaje por el oeste de España a Asia. Además este sabio le heredó una gran admiración por los viajes de Marco Polo quien había modificado por más de 30 grados de longitud el punto más oriental de China descrita por Ptolomeo. Marco Polo situaba la fabulosa isla de Cipangu (Japón) con sus palacios con techos y pavimentos de oro. Toscanelli anunciaba una navegación de tan solo 5,000 millas náuticas de España a China y me llama particularmente la atención que le mencionara que podía recalar en ruta a la legendaria isla de Antillia (“bien conocida para vos”, le dijo a Colón). Aquí tenemos un misterio. Como quiera, Colón recortó aún más esa distancia: de las islas Canarias a Cipango,  Toscanelli daba una distancia de 3,000 millas, Colón alegremente creía que estaba a 2,400 millas. Actualmente tenemos que esa distancia es de: ¡10,600 millas! Un error de apreciación bastante considerable pero que estaba justificado a la luz del conocimiento de la época.

Andando el tiempo, Colón se casó con Beatriz Enríquez de Harana y se fue a Portugal a tratar de convencer al rey de ese país de que “La Empresa de las Indias” como el llamó a su sueño, era viable y factible. No logró convencer a nadie y después de varios intentos desistió de buscar financiamiento en Portugal y se enfiló a España a presentarse con Isabel de Castilla y Fernando de Aragón, los Reyes Católicos. Colón pedía tres cosas básicamente:

  1. Que el rey equipara tres carabelas tripuladas y aprovisionada para un año de navegación y cargadas con mercancías de trueque.
  2. Que el rey haga a Colón caballero, de manera que sus descendientes puedan usar el don y: que lo nombren “Gran Almirante del Océano”.
  3. Que Colón retenga una décima parte de todas las ganancias y además que reciba un octavo de todos los barcos que comercien con los lugares que descubra.

La reina Isabel, nada dada a despilfarrar sus tesoros por ello nombró una Comisión presidida por fray Talavera, quienes le presentaron los siguientes argumentos en contra de esta “empresa”:

  1. Un viaje a Asia requería tres años.
  2. El Océano Occidental es infinito, y tal vez no sea navegable.
  3. La mayor parte del globo está cubierto con agua (según San Agustín).
  4. Solo hay tres zonas habitables, y finalmente:
  5. A tantos años de la Creación no se pueden encontrar tierras de ningún valor.

En ambas cortes, Portugal y España, Colón pidió exactamente lo mismo. Solo que en Portugal se le adelantó Bartolomé Díaz quien zarpó de Portugal en 1487. Su meta era llegar a la India bordeando África, y efectivamente lo logró, llegó hasta el Cabo de Buena Esperanza, lo “dobló” y continúo hasta la India, abriendo la ruta del Este. Por esta razón el rey de Portugal no vio la necesidad de contratar a Colón quien se regresó a España. Ya sabemos que después de un estire y afloje, los reyes católicos convinieron en darle lo que pedía. Ahora bien, en nuestro sano juicio creeríamos a Colón si nos dijera que con tres pequeñas carabelas piensa conquistar los reinos de China y Cipango. La respuesta es: sí, tanto el rey Joao II de Portugal como Isabel y Fernando de España lo vieron factible. Se dice que la reina Isabel fue la que dio su brazo a torcer para financiar la “locura” de Colón, se le extendieron las credenciales respectivas y se firmaron los contratos necesarios. Con esos documentos en sus alforjas, Colón marchó a Palos de la Frontera. ¿Por qué Palos y no Andalucía, Sevilla o Cádiz? Por la sencilla razón de que por Cádiz y otros puertos importantes estaban siendo utilizados para expatriar a más de 8,000 familias judías y estaban saturados. Por otro lado Palos contaba con una regular flota de carabelas y una población muy marinera con experiencia en viajes a África. Pero, para mí en lo personal existe algo más en esta decisión que tiene que ver con la cercanía del monasterio de la Rábida.

Los motivos.

  1. Buscar una ruta más corta desde Europa hacia el Oriente y sus riquezas navegando hacia el oeste. Especies, telas, nuez moscada, canela, pero sobre todas las cosas: oro y plata, estaban en la lista de prioridades.
  2. Descubrir y apoderarse en nombre de la corona española de tierras ignotas, antes de que otras naciones, como Portugal lo hicieran.
  3. Extender la fe cristiana en las tierras conquistadas.

Aquí si quisiera hacer un paréntesis muy personal. Para mi, existieron otros motivos para esa aventura. Como es sabido Cristóbal Colón visitó en dos ocasiones el monasterio de la Rábida cerca de Palos, veamos un poco de historia: el monasterio franciscano de la Rábida fue fundado según una “Bula” papal de Benedicto XII, quien le otorgó un permiso pontificio a los monjes franciscanos para establecer una comunidad en Santa María de la Rábida (del árabe: “ribat”) en 1403. En el siglo XIII, después de la conquista cristiana el Templo de Nuestra Señora de los Milagros pertenecía a la Orden del Temple (aquí hay que poner mucha atención, el propio San Francisco de Asís llegó a este lugar para fundar un humilde monasterio en compañía de doce discípulos. La primera visita de Colón a la Rábida fue en 1485 y lo más probable es que haya sido “iniciado” por su gran maestro Fray Antonio de Marchena, así pues me parece que Cristóbal Colón fue ordenado como Caballero Templario y se le dieron instrucciones y direcciones totalmente secretas que él ocultó perfectamente bien. No es en balde que todas las velas de sus tres carabelas portaban la cruz de los Caballeros Templarios. Como corolario de la Rábida: tuvo otros visitantes distinguidos, entre ellos Martín Alonso Pinzón, co-descubridor quien murió al regresar del primer viaje y pidió ser enterrado ¡en la Rábida!. Después en 1528 lo visitó Hernán Cortés conquistador de México y su pariente Francisco Pizarro, conquistador del Perú. Ya en la época moderna ha sido visitado por el rey Alfonso XII en 1882 y por el mismísimo Papa Juan Pablo II en 1993. Sorprendente historia de este monasterio, ¿no lo creen?. Como decía mi abuelita: “aquí hay gato encerrado”, pueden ser puras suposiciones mías, pero ahí están. Como veremos más adelante, ni oro, ni perlas, ni plata aparecieron en las tierras descubiertas, hubo algo más que se nos ha ocultado.

El viaje hacia lo desconocido.

“¿Por qué es evidente que el mar es navegable en muy pocos días, sí el viento es propicio?”

Cristóbal Colón utilizó, para apoyar la creencia en su empresa, 4 libros: “El libro de ser” de Marco Polo (1480); “Historia Natural” de Plinio (1489); “Imago Mundi” de Pierre D´ainy (1480) y la “Historia Rerum” de Eneas Silvio (Papa Pio II). La travesía, contando la escala técnica en las islas Canarias, duro 33 días, todo un logro para la distancia involucrada, las embarcaciones y las condiciones meteorológicas.

IN NOMINE DOMINI NOSTRI IHESU CHRISTI.

Así empezó Colón su Diario del Primer Viaje, en donde esperaba poder reunirse con el “Gran Khan” y establecer relaciones diplomáticas, pero principalmente le interesaba el comercio, el trueque, en una palabra, el oro de oriente.

La mañana del 3 de agosto de 1492, Colón y la tripulación de todas las carabelas tomaron religiosamente la comunión abordaron sus naves y largaron amarras. En este primer “tramo” pensaban llegar a las Canarias en 10 días, hacer una escala para reabastecerse y efectuar algunas reparaciones, entre ellas se tuvo que cambiar la arboladura de la “Niña” y calafatear las otras. Finalmente el 6 de septiembre de 1492 Cristóbal Colón se despidió de su esposa Beatriz, asistió a misa y las anclas se levantaron por última vez en el Viejo Mundo. En los siguientes días solo tuvieron vientos débiles y variables, la Santa María navegaba con mucha lentitud, haciendo agua y retardando a la flota. Tomaron rumbo casi franco al oeste. Colón pensaba “treparse” a la corriente de los vientos alisios, sin embargo se quedaron un poco al norte logrando avances no muy notables.

Se dice que la ruta seguida por la flota europea fue la mejor para un velero, sin embargo se podía haber realizado con más precisión. Este viaje por obra y gracia de la demora que sufrieron en las Canarias, les evitó que fueran sorprendidos por algún huracán, el tiempo meteorológico durante toda la travesía no pudo haber sido mejor. Ninguna tormenta, ni siquiera tuvieron “mar gruesa”, como dice el dicho: la suerte favorece a los osados, solo un ocasional aguacero perturbó la calma. Rápidamente los marineros se acostumbraron a la rutina de abordo, realizar su “guardia”, pescar, dormir y más que nada soñar con lo que harían cuando tuvieran aquellas fortunas ofrecidas. En varias ocasiones gracias al tiempo bonancible, los marineros se lanzaban al mar para un chapuzón, pero poco a poco conforme el tiempo pasaba y no aparecía nada en el horizonte, los más “grillos” empezaron a meter barullo, formaban pequeños corrillos en donde platicaban sus temores y sus dudas de haberse embarcado. La suerte estaba echada y no había sino esperar, pero la inquietud fue creciendo cuando se dieron cuenta que los días pasaban sin avistar tierra firme. Ninguno de ellos se había alejado tanto. Se había ofrecido una fuerte recompensa al marinero que logrará ver tierra por primera vez, hubo varias “recaladas falsas” las cuales ni siquiera perturbaron el humor del Capitán General. En este punto es necesario mencionar que las otras carabelas, la Niña y la Pinta, por ser más ligeras y más maniobrables aún en contra de las disposiciones de Colón, se adelantaban a la Santa María en un afán de ser los primeros en ver tierra. Colón los fue dejando, y cuando había oportunidad intercambiaban órdenes y novedades a viva voz, el mismo capitán general dijo que había observado varias fogatas en lontananza, todas resultaron falsas alarmas, finalmente sucedió lo que tenía que suceder: en la madrugada del 12 de octubre de 1492 cuando en el cielo era claramente visible, la constelación de Orión y Casiopea recorría la semi esfera celeste marcando las 2 de la madrugada aproximadamente, el vigía en el castillo de proa de La Pinta, el marinero Rodrigo de Triana observó en lontananza un reflejo producido por la luna, y luego otro, hasta que se convenció de que se trataba de una barra unida a la costa y con toda la potencia que le permitieron sus pulmones grito: ¡Tierra!, Tiiiierra a la vista!, el capitán de La Pinta, Martin Alonso Pinzón al escuchar aquel grito, salió a cubierta para verificar y efectivamente observó la lengua de tierra firme. De inmediato ordenó que se disparará la lombarda ya preparada para dar la señal tan esperada, y mandó recoger paño (o reducir trapo, recoger las velas) para esperar a la capitana. Momento sublime en la historia de la humanidad sin paralelo. Me imagino lo que debe de haber experimentado el capitán general en ese momento.

Debido a la extensión de mi relato necesariamente tendré que esperar hasta la siguiente edición de la revista para redondear el tema que estamos tratando…

Continuara…

Todos los datos que aparecen en mi relato fueron tomados del libro: “El Almirante de la Mar Océano” Vida de Cristóbal Colón de Samuel Eliot Morison, edición del año de 1942. Reimpresión del Fondo de Cultura Económica. También saqué datos de Wikipedia en internet.

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