¿Por qué seguir viviendo en La Paz después de tanta balacera?

“En un país en donde no hay justicia, es peligroso tener razón”.

Por el Capitán Piloto Aviador Enrique A. Guerrero Osuna.

Por qué seguir viviendo en La Paz después de tanta balacera

Porque simple y llanamente vale la pena.  Absolutamente. Vale la pena desafiar esa pérdida total de parte de nuestras autoridades del control policial, con o sin ellos da lo mismo, para nosotros es como si no existieran, siempre invariablemente llegan a la escena cuando el humo de las balaceras se está disipando, y no son los únicos, en otros países pasa lo mismo, con una pequeña diferencia. Aquí en México, todo mundo hace lo que le viene en gana, sin ningún problema y sin esperar represalia alguna. Hasta donde tenemos noticia México es el primer país en donde a un presidente de la república en funciones se le demuestra que cometió actos ilícitos en la adquisición de una vivienda multi millonaria y… no le pasa absolutamente nada y además sigue en su puesto, robando como siempre. El reino de la impunidad absoluta.

A un secretario de hacienda se le demuestra que cometió actos de corrupción en la adquisición de una mansión faraónica y… como si nada sigue en su puesto. Ellos ponen el ejemplo a seguir. Bien dicen los que saben hablar que aquí en México nunca pasa nada, a menos de que pase.

Entre varios gobernadores priistas desaparecen, como por arte de magia, $250,000 millones de pesos, una cifra estratosférica, y el señor José Antonio Meade, secretario de hacienda en funciones, dice que el no vio ni escuchó nada, nos dice cínicamente: “a mí que me esculquen” ellos, refiriéndose a los gobernadores priistas: “son inocentes hasta que ustedes, pueblo de México, les demuestren lo contrario”. Para mí dijo Meade, son unas blancas palomas. Eso dice él. La realidad lacerante es otra, ahí están las arcas desfalcadas sin que nadie se responsabilice. Los bancos que tan buenos son para cobrar, ni cuenta se dieron. Las pacas desaparecieron en un acto de prestidigitación.

Es el colmo del cinismo llevado a grados superlativos. Sin embargo, el gobierno ya nos tiene acostumbrados a esos desfalcos monumentales, cada 6 años se repite lo mismo, es un ciclo eterno, del cual, como maldición gitana no nos podemos librar. Y la fábrica de multimillonarios sigue su marcha a todo lo que da. Que se sepa, no hacemos nada, absolutamente nada como ciudadanos para detener esta aberración.

Recién acabo de leer un artículo sobre el famoso tema del Servicio Militar Obligatorio. ¿Obligatorio por qué?  Durante la Segunda Guerra Mundial tenía algún sentido, pero ¿Acaso seguimos en guerra? Por supuesto que no, sin embargo ahí está ese esperpento mexicano. Lo que pasa es que ha sido, como muchas instituciones mexicanas, fuente inagotable de corrupción. En su sano juicio díganme: ¿de qué ha servido ir a marchar? De nada, absolutamente de nada. Algunos me dicen que si les sirvió de mucho que aprendieron disciplina, a utilizar un arma, etc., pero en la realidad su tiempo fue miserablemente desperdiciado en aras de una regulación obsoleta y cuya razón de ser ya no tiene sentido. Ah, pero la Secretaría de la Defensa Nacional nos sigue recetando la conscripción obligatoria como si fuésemos a pelear en una guerra o en un frente de batalla que requiere la presencia de miles y miles de “soldados” para defender a la patria de desconocidos enemigos que ponen en riesgo la seguridad nacional. Por favor. Señores diputados, senadores y presidentes de la república: pongan los pies en la tierra y ubíquense. La famosa “cartilla” no ha servido, insisto, para nada, es una pérdida de tiempo. Es más, ya nadie la pide por inútil.

Lunes 29 de enero, 2018. Hace unas horas de hecho, se escucharon una serie de detonaciones de armas de fuego aquí en la tranquilidad de la ciudad de La Paz, la explicación que nos dieron las autoridades estatales fue que la policía iba persiguiendo a varios fugitivos de algún penal y al marcarles el alto se inició la balacera, en plena ciudad de La Paz. Las armas fueron descargadas y se escuchó el tableteo, ¿contra quién o contra qué? Nadie supo en ese momento, los pacíficos transeúntes solo se aventaron su consabido clavado para ponerse “pecho a tierra”. La versión oficial dice que no hubo muertos ni heridos, que se logró la captura de cinco delincuentes. Bueno, menos mal, pero el susto fue mayúsculo.

Recuerdo hace algunos años, por ahí por el 2011 más o menos, había yo llegado a la tranquila, hasta ese entonces, ciudad de Saltillo, Coah. Como dice Catón: la ciudad con aire acondicionado, si la comparamos con Monterrey, unos cuantos kilómetros adelante y muchos metros más abajo, en donde hace un calor de los mil infiernos, por decir lo menos, pero el primer día que salí a desayunar, afuera del hotel empecé a ver mucha actividad de vehículos policiales y del ejército, cuando de repente escuche un “stacatto” de armas automáticas, debido a mi experiencia militar pude identificar varias de ellas de grueso calibre, pero el fuego era constante, un mesero del restaurante del hotel donde nos encontrábamos nos dijo: “todos al piso y no se muevan”, lo obedecimos y una vez más tuve que tirarme al suelo para adoptar la consabida y ya antes mencionada posición de: “pecho a tierra”, unos de los meseros me dijo ominosamente: “bienvenido a Saltillo capitán”. Algunas señoras histéricas después y ya que la calma había vuelto, alguien del hotel preguntó: ¿en dónde quedó la tranquilidad de Saltillo, ya nos la robaron? Lo mismo está pasando en La Paz. La calma aquella preconizada por Fernando Jordán en su ya clásica obra “El otro México” se perdió. Y quién sabe si la volvamos a recuperar. Pero ¿Qué nos pasó? ¿Por qué se perdió aquella tranquilidad secular paceña? ¿Por qué los “malosos” o los “chicos malos” nos eligieron como territorio para sus fechorías? ¿Qué hicimos mal? La respuesta, tiene muchas aristas, a los chicos malos algo les llamó la atención en Baja California Sur, sea la mismísima paz “paceña”, sea que el propio gobierno les dio facilidades, pero aquí están. Aquí nadie está maleado, todos dormíamos con las puertas abiertas, dejábamos los carros sin seguro, con los vidrios abajo, nadie tomaba algo que no le perteneciera, jamás desaparecía una panga con todo y motor, aquello era un paraíso. Era, ya no. Esa situación ideal era lo que a muchos nos llamó la atención para venirnos a vivir a estas tierras feraces, y por lo visto a muchos indeseables también ya les llamó la atención.

Pero tengo la más absoluta confianza que aquellos tiempos se pueden recuperar, siempre y cuando el gobierno del estado se faje los pantalones y haga sentir su autoridad. Mmm. Mejor siéntese a esperar mi capitán, me dijo mi barbero de toda la vida. En la década de los 70as, esos mismos mafiosos, chicos malos o “bad” hombres como dice el inútil presidente de los Estados Unidos Donald Trump, tenían sitiada a la ciudad de Guadalajara, por allá por el rumbo de la Universidad se escuchaban a cada rato unas balaceras de aquellas, pero la ciudad era, es y seguirá siendo tan grande que muchos ni siquiera lo tomábamos en cuenta, el problema al parecer estaba muy lejano, siempre y cuando no nos afectará en corto. La cosa fue que esos “malandros” habían tomado a Guadalajara como base de operaciones. Luego, ya lo vimos, se mudaron a Culiacán, y luego a Uruapan, Michoacán, otrora ciudades tranquilas, y así fueron cambiando de plazas a su antojo, le siguieron Tijuana, Mazatlán, Reynosa, Matamoros, Torreón, Durango, sin que nada ni nadie les pusiera un “hasta aquí”. Y es hora que seguimos igual, la anarquía de parte de las autoridades es total, no existe absolutamente ningún control, a tal grado hemos llegado que el gobierno federal se aventó la puntada de sacar una ley para la seguridad interior como si con eso se fueran a resolver todos los problemas, cosa que por otro lado ya sabemos que no va a servir absolutamente para nada, como ya quedó demostrado fehacientemente. Eso sí, vamos a ver quién controla a los militares con su nueva “licencia” para disparar a discreción. Aquellas ráfagas paceñas solo las escuchamos tabletear en un video pero ominosamente volvieron a mi memoria los recuerdos de Bagdad.

Ante este tétrico panorama ¿tendremos remedio? Claro que sí, pero al parecer tanto al gobierno federal como al estatal los tiene totalmente sin cuidado solo vemos como las tropas policiales tomaron por asalto un hotel como si de su cuartel se tratase. Bonitas autoridades tenemos. ¿De qué sirven esas demostraciones de fuerza? Solo consumen recursos, porque la violencia no baja, al parecer  a los chicos malos les importa un cacahuate que cientos de efectivos de la Armada, del Ejército y de las policías federales patrullen inútilmente la ciudad. El retén de los militares en el aeropuerto lo único que provoca son molestias y muy lentas colas gigantescas. De seguro jamás han decomisado ni siquiera una resortera, sin embargo las armas automáticas siguen sonando por todos lados, ¿Qué pasa?

No todo está perdido. A pesar de los pesares sigue valiendo la pena vivir en La Paz. Después de sufrir en el tráfico de una ciudad como Guadalajara, otrora también tranquila, regresamos a La Paz y nos sentimos aliviados. Debemos mantener la confianza en que la situación se va a revertir, a como estaba hace algunos años. Por más que esos “testaferros” insistan en su violencia, la justicia y la calma van a prevalecer, de eso estoy seguro. Ellos, por más que insistan no pueden robarnos los atardeceres tan hermosos, los amaneceres tan bellos, sé, que esa calma no está muy lejos y va a regresar. Haría bien el gobierno federal en promocionar algunos otros sitios más calmados para que los ojos de los malosos se fijen en alguna otro parte en donde les sea más práctico llevar a cabo sus actividades en lugar de andarnos asustando en tierras sudcalifornianas. Dicen los que saben que en Puerto Peñasco y en San Carlos, Sonora, también en Taxco, Guerrero y en San Miguel de Allende, Guanajuato está muy tranquilo y son mejores plazas, igual en Puerto Escondido, Oaxaca, es cosa de buscarle tantito, en fin que con dinero baila el perro, el dueño del perro, y hasta el dueño del circo.

Desde La Paz, B.C.S. un saludo cordial para todos.

2 comentarios sobre “¿Por qué seguir viviendo en La Paz después de tanta balacera?

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